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No pinta bien Europa

Por Bixente Serrano Izko - Domingo, 21 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:11h

Lejos quedan aquellas esperanzas que Europa despertaba en amplios sectores de la ciudadanía española, aunque allá por los finales del franquismo y los tiempos de la transición ya era evidente la vocación primordialmente económica del proceso constitutivo europeo. No en vano se llamaba Comunidad Económica Europea o Mercado Común, nombre que propiciaba la irónica denominación de Europa de los Mercaderes.

Ha evolucionado aquella comunidad mercantil, se ha dotado de otras bases y funciones de calado político, con organismos remedo de los tres poderes clásicos de la democracia, pero con enormes carencias que obstaculizan una Unión Europea de funcionamiento democrático siquiera satisfactoriamente formal. Sigue predominando el objetivo de unión económica al que parecen estorbar las aspiraciones políticas de democracia y participación ciudadana. Pero si, además, hasta en el objetivo económico se vio sacudida por la crisis de 2008, poco le queda para sostener aquellas viejas esperanzas y nada para despertar nuevos fervorines.

Las políticas de austeridad ante la debacle, la preponderancia dada al ideal monetarista de déficit público cero, la gestión de la crisis desde una tecnocracia economicista y financiera libre de objetivos y trabas políticas, el abandono de economías productivas confiando en que la nueva era informática y digital permite a Europa ser uno de los grandes agentes dirigentes de la economía global, evidencian la apuesta por un modelo neoliberal en el que la economía va por libre al servicio de los grandes poderes económicos de ámbito mundial: producir donde no haya clase obrera organizada, financiar desde la previsión de escenarios mucho más virtuales (de especulación en su sentido metafísico) que reales, abandono de objetivos de empleo pleno y estable, de atención a las necesidades vitales y culturales de la ciudadanía, terciarización en precario del mercado de trabajo y de la propia actividad económica… Todo ello en una carrera alocada hacia el modelo de la gran brecha, ese del 1% de privilegiados del dinero a costa de un 99% de dependientes de sus caprichos.

No es el único problema que empaña la vieja ilusión europea. Algunos de sus efectos constituyen también problemas con categoría propia, como es el del enorme ascenso de las opciones neonazis/neofascistas, autónomas en muchos países europeos, solapadas en partidos de derechas en otros como el que bien cerca vemos.

O como la incompetencia europea para promover un tipo de unión basada más en los pueblos que en la rigidez de los actuales Estados-Nación, pueblos con conciencia propia y que aspiran a integrarse por ellos mismos en la UE. Problema urgente y grave ya en el Estado español, respecto al que el portavoz de la Comisión Europea ha exhibido el aguamanil de ésta, negándose a poner en duda la calidad del autoproclamado Estado de Derecho español, pese a repetidas reconvenciones y sanciones de organismos judiciales de la UE, estorbo ellos.

Mal pinta para ilusionarse con esta Europa.

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