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La AN condena a una banda de 14 narcos que vendían hachís en una tienda de golosinas de Villava

Se les incautó una tonelada de droga, les imponen entre 2 y 13,5 años de cárcel, y dos de los acusados vivían en Pamplona y Huarte y otro era guardia civil en Tarifa

Enrique Conde - Domingo, 21 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

Hachís incautado en enero de 2015 en la tienda de Villava.

Hachís incautado en enero de 2015 en la tienda de Villava.

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  • Hachís incautado en enero de 2015 en la tienda de Villava.

PAMPLONA- La Audiencia Nacional ha impuesto condenas de entre dos y trece años y medio de cárcel a catorce personas acusadas de traficar con hachís en varios puntos del Estado español, entre ellos una tienda de golosinas de Villava que resultaba ser una de las bases de operaciones de la organización y fue clave para atrapar a la banda. La máxima condena se le impone a un ciudadano marroquí, Ahmed A., domiciliado en Madrid, y considerado el líder de la banda de narcotraficantes, puesto que era el encargado de contactar en su país con las personas que abastecían de droga a la red y de preparar los envíos. Contaba con la ayuda de dos de sus hermanos (Driss y Zineb), también condenados, y con un agente de la Guardia Civil de Tarifa, Jesús María T.C., que se le condena a tres años de prisión por cohecho y se le aplica la atenuante de drogadicción. Además, otros dos condenados son navarros. Uno, Félix L.G. vivía en Pamplona y recibe tres años y cinco meses de cárcel y el otro, Abdellah D.B., residía en Huarte y aceptó dos años de prisión con la atenuante de confesión tardía. El propietario de la tienda de golosinas falleció en 2016 en el transcurso de la investigación y su responsabilidad penal quedó extinguida.

Según la sentencia, la organización enviaba a sus miembros en coches a Marruecos simulando viajes familiares y volvían con los vehículos cargados de hachís: viajaban en ferry hasta diversas costas andaluzas y contaban con el apoyo de un guardia civil de Tarifa, que a cambio de dinero les facilitaba la entrada en nuestro país. Una vez dentro, la droga era custodiada en domicilios de Seseña (Toledo), donde se decomisó más de una tonelada de hachís, y Villanueva del Pardillo (Madrid).

EL INICIO DE LA OPERACIÓN Las pesquisas sobre esta operación arrancaron en el Juzgado de Instrucción número 3 de Pamplona, que luego se inhibió al no ser competente para la investigación. La organización disponía de viviendas y locales en Madrid, Toledo, Zaragoza y Navarra como infraestructura para el transporte y distribución del hachís. Uno de los principales puntos de venta del estupefaciente al menudeo era una tienda de golosinas de Villava (situada en la calle Mayor). Además del alijo aprehendido en Seseña, los investigadores también se han incautado durante las cuatro fases de la operación de otros 79 kilos de hachís, ocho kilos de speed, 40.000 euros, 14 vehículos, un arma de fuego y dos armas blancas, todo ello en doce registros. Se trató en su día de una de las redes desarticuladas “más sofisticada, compleja y eficiente en la introducción de hachís” en España que contaba con “acceso directo a los productores y que se dedicaba al transporte de la droga con sistemas preparados para hacer compleja su detección”, según informó la Policía Nacional.

Los agentes sorprendieron al propietario del establecimiento de Villava cuando introducía 10 kilos de hachís en cajas de golosinas. Descubrieron, además, diversas cantidades de hachís en el interior de la caja registradora, junto al dinero procedente de la venta de productos legales, para distribuirlas de manera inmediata a cualquier comprador.

en ferry y a deSmontar COCHESLos narcos tenían mecánicos que desmontaban vehículos y los desproveían de parte de su estructura interior para poder introducir en cada uno de ellos entre 400 y 500 kilogramos de hachís. Los vehículos cargados con la droga cruzaban el estrecho en ferrys de transporte comercial y eran conducidos por miembros de la organización que contaban con permiso de residencia o nacionalidad española, y que usaban a menores para aparentar viajes familiares. Una vez superados los controles fronterizos en Tarifa, la organización utilizaba vehículos lanzadera para escoltar a los turismos que trasladaban la droga hasta chalés de Seseña, donde los coches eran desmontados y se extraía la carga. Desde ahí la droga era ocultada de nuevo en distintos vehículos y repartido entre escalones de distribución inferiores.

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