La suerte del campeón

Por Tomás de la Ossa - Lunes, 22 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

Confieso que, desde que se puso líder, pensaba que en cualquier momento nos iban a dar la noticia de que Carlos Sainz se había caído en un agujero, o se había perdido por ahí, o se le había roto la culata y la junta de culata, con lo caro que es arreglar eso, porque el madrileño se ha labrado su fama de gafe con infortunios mucho más inesperados. Pero lo curioso es que no se puede hablar con él de ese asunto, porque se enfada cuando se lo recuerdan y dice airado que él es muy afortunado. Es una actitud muy extraña, porque raro es el deportista que no le echa la culpa a la mala suerte cuando puede -y, a menudo, sin poder-. Pero en el caso de Sainz está claro que cree mucho, demasiado, en la Diosa Fortuna, y a la gente a la que le pasa eso no le gusta que le hablen de la mala suerte. Ni recordarle los famosos “La cagamos” y “Trata de arrancarlos”. Y es una pena, porque no le hacen más humano sino que dan más realce a sus triunfos.