Emisión imposible

Por fin basta ya de acosos

Por Javier Arizaleta - Martes, 23 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:10h

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Si algo funciona no los cambies. Eso dice la norma no escrita de la televisión pero además se podría completar con “alárgalo todo lo que puedas”. Es lo que les ha sucedido a los programas matinales de Sussana Griso y Ana Rosa Quintana: su éxito les precede y han decidido aprovecharlo dándoles más cancha, como decíamos no hace mucho. Es curiosa esta hegemonía televisiva de dos mujeres en las mañanas que luego, sin embargo, se llenan de hombres. Primero García Ferreras, El Gran Wayoming, Jordi Évole, Pablo Motos... Digamos que la comunicación televisiva está encabezada por tíos aunque hay que analizar estas excepciones que hacen que los programas matinales con mayor tirón estén bajo la custodia de dos periodistas. Y puede que este sea uno de los secretos, ya que tanto Griso como Quintana practican con atrevimiento, e incluso se podría decir que abusan, el género de sucesos. Sus magacines reúnen numerosas secciones pero lo cierto es que todas ellas parecen hechas para que el personal descanse antes de seguir con otra tanda de información macabra. Aunque para tinte macabro el que está tomando la figura de Woody Allen, que cada día que pasa se alarga su figura de acosador hasta el punto de repercutir de manera directa sobre su obra cinematográfica y televisiva. Un fenómeno este de la acusación que nunca había tenido los efectos inmediatos que ahora posee y que habla bien claro de la ventaja que tenían los acosadores sobre sus víctimas, en su gran mayoría mujeres. Ya hay un buen listado de series que se han quedado en cuarentena porque no se sabe qué hacer con ellas en el futuro precisamente porque sus protagonistas han sido verdaderos depredadores que han utilizado su notoriedad para sus objetivos de acoso sexual. No sabemos qué efectos tendrán en el futuro o cómo pasaran a la historia todas estas obras cuyos protagonistas llevaron un doble personalidad. Hasta que un día por fin la sociedad les dijo basta. Y ya era hora.

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