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Expediente Laura Pérez. ¿Por qué lo hacen?

Por Rubén Velasco Fraile - Martes, 23 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:09h

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Si van a juzgar por lo que les llega, preferiría relatar en primera persona mi visión de los hechos. Pero antes permítanme una breve presentación.

¿Quién soy? Un funcionario de policía municipal proveniente de Castilla la Vieja, que afincó hace tiempo aquí su vida. Es decir, alguien que no necesita la política para vivir (económicamente).

¿Por qué entré en Podemos? y breve recorrido por el mismo. La dichosa manía de mirar carteles por la calle. Asistí a la segunda reunión del “protogermen”, finales de Marzo de 2014, por aquello del “organízate y lucha”. Muy buenos momentos, con buena gente, compartiendo un proyecto que parecía común hasta que llegó la primera escisión. Contra todo pronóstico, vencimos a la maquinaria oficial que había depositado sus esperanzas y apoyos en la otra candidatura (la famosa neutralidad de Podemos). Era cuestión de tiempo se intentase voltear la situación. No faltaron por el camino quintacolumnistas ni zapadores, hoy a sueldo en Madrid, que prepararan el terreno. Tampoco faltaron, como en toda organización política que se precie, personajes que desearan ser el Califa en lugar del Califa, caracterizados por esa mezcla entre ambición y pedantería, acompañada de los/las inevitables borrachos de sombra negra que decía A. Machado. Ya tenemos los mimbres para el nuevo cesto. Sólo faltaba forzar las elecciones para renovar las estructuras de Podemos-Ahal Dugu y recoger la desilusión de unas bases alicaídas por el devenir de un partido neófito.

Mientras, en otras coordenadas espacio-temporales, Vistalegre II desataba la purga de Errejoners (erosionando la diversidad ideológica del partido). Luego llegaría la expulsión de la Presidenta de la Comisión de garantías por denunciar unos Estatutos “enriquecidos” de aquella manera (cuánto que aprender del PP y su TC pensaría Pablo Iglesias), la aplicación del 155 a Podem Catalunya y el consiguiente fracaso en las elecciones del 21-D tras el camelo del Referéndum pactado y con garantías, sabiendo como sabían, que antes criarán las ranas pelo. Memorable Monedero reflexionando sobre las tres heridas de España, porque después de soltar “defendemos el derecho a decidir en todas partes hasta sus últimas consecuencias”, se arranca con un “reconocemos el derecho de los catalanes y catalanas a decidir libremente, desde el principio, cual es su inserción en el conjunto del Estado”, limitando las opciones, ¿y si se quieren ir? Ya ven, afianzando el Régimen del 78 y dando la puntilla, finiquitando, las futuras opciones de Podemos más allá de Vallecas. Y es que ha llovido mucho desde el manifiesto Mover ficha. Dejo la relación con el PSOE, demasiado esquizofrénica, ya perdonarán.

Volvamos a Navarra. O a Madrid, según se mire. Ahí se fragua un objetivo largamente cavilado en la élite podemita, metida en labores de purga regionales. Hay que derribar a Laura Pérez, demasiado díscola e imprevisible, y ganar el irredento Consejo Ciudadano. Como carecen de candidato/a con algo siquiera parecido al carisma, inspirándose en las Sagradas escrituras se inventan una especie de Santísima Trinidad para la Secretaría General, que una vez disipado el humo de la propaganda, se queda en uno que va y viene de Madrid a Navarra. Su lema de campaña: la solvencia. Fue ganar las elecciones y decidir que la morralla restante no daba el nivel requerido, de ahí que no integrasen a nadie de la candidatura perdedora en el Consejo de coordinación (la Ejecutiva). ¡Ay, esa unidad y humildad que predicaba PI a sus acólitos! Pues bien, estos son los que hablan de ética y coherencia, los que propician el linchamiento mediático de una compañera, aireando en medios un expediente (y parte de su contenido) antes de ser conocedor del mismo la supuesta infractora. Garantizando la confidencialidad y tal. Eso sí, dicen que les duele dar el paso. En cinismo y creatividad andan sobrados, inventando el concepto “expulsión cautelar”. Ese subconsciente.

El que esto escribe no defiende a Laura Pérez por si ha hecho o dejado de hacer, no. Evaluar su proceder corresponde a otras personas. Es suficiente con haber asistido a un intento paulatino y sistemático de anulación, degradación e invisibilización de una compañera y de su trabajo, por la actual dirección del partido. Aquí cabría recordar el concepto “feminización de la política” el cuidarnos unas a otras. Mucho me temo subyacen motivos espurios, al tratar de eliminar a una potente rival en las futuras listas electorales autonómicas, que son muchas las “arrimadas”, pocos los puestos y menores las expectativas, gracias a su nefasta gestión.

El autor es parlamentario de Podemos Ahal-Dugu

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