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Tres años de cárcel por estafar al secadero de cereal en el que trabajaba

Era mozo de almacén y realizó ventas falsas a dos amigos que no eran ni agricultores por 83.346 €

Enrique Conde - Martes, 23 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:09h

Campo de cereal.

Campo de cereal. (Foto: J. Arizaleta)

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Campo de cereal.

pamplona- La Sección Primera de la Audiencia Provincial ha condenado a Juan Manuel V.C., vecino de Caparroso de 40 años de edad, a tres años y un mes de prisión y a una multa de 1.440 euros por un delito de estafa en concurso medial con un delito de falsedad en documento mercantil cometido en un secadero de cereal en el que trabajaba en la localidad de Traibuenas. Además, deberá indemnizar al secadero con la cantidad que se encargó de estafar a través de ventas falsas y que ascendió a 83.346 euros. La sentencia, que puede ser recurrida ante el Tribunal Supremo, absuelve a otro acusado, un vecino de Santacara.

El condenado prestaba sus servicios como mozo de almacén en la empresa y “con el fin de obtener un beneficio económico ilícito, elaboró un plan que ejecutó desde julio de 2013 hasta enero de 2015, basado en el conocimiento sus funciones como mozo de almacén, consistentes en la recepción de cereal en el almacén, su pesaje y la emisión del correspondiente ticket de venta al agricultor, cuando el encargado del almacén no se encontraba presente”. La Audiencia señala que de esta forma “simuló ventas de cereales inexistentes emitiendo los correspondientes tickets de compra que rellenó con los datos inveraces y que generaron las correspondientes facturas de la empresa, haciendo constar como vendedores a dos amigos. A uno de ellos le colocó un importe de 61.377 euros y desde febrero a agosto de 2014 hizo constar como vendedor a otro amigo, el otro acusado vecino de Santacara, por 21.968 euros.

TRNASFERENCIASEl encargado de la empresa, con base en dichos tickets, emitió las facturas correspondientes y realizó las transferencias a las cuentas corrientes de los supuestos vendedores. Estos no tenían ni la condición de agricultores, ni disponían de cereal para vender. Las firmas de las facturas emitidas a ambos amigos no son auténticas, indica la Audiencia, excepto dos de ellas firmadas por el otro acusado “que no consta que hubiera tenido conocimiento del alcance defraudatorio que conllevaban dichos documentos por él suscritos”. El acusado, según narra la sentencia, “convenció a sus amigos para que le facilitaran la disponibilidad de sus cuentas corrientes bancarias para el ingreso de las mencionadas cantidades, a quienes les dijo que se trataba de cantidades extras que iba a percibir del seguro y de la empresa, y con el fin de que no se enterara su exmujer, a lo que estos accedieron”.

Uno de los amigos le dejó la libreta al condenado y el otro acusado, como no tenía tarjeta, efectuaba los reintegros personalmente acompañado por el condenado, entregándole las cantidades. Ninguno de los amigos tenía conocimiento de que tales cantidades las había obtenido de las transferencias realizadas por su empresa por la venta simulada de cereal y “tampoco recibieron cantidad alguna por figurar como vendedores ni por permitir el uso de sus cuentas bancarias”. El condenado no quiso declarar ni en fase de instrucción ni tampoco lo quiso hacer en el juicio.