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la carta del día

Formación del espíritu plurinacional

Por Javier Quintano Ibarrondo - Jueves, 25 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:09h

tras el “Glorioso Alzamiento” militar el franquismo alzaba también la “Formación del Espíritu Nacional” como una de las cumbres de su propaganda política para tiempos de paz. No triunfó en el empeño, ya que intentar decorar como ejemplar la visión global de lo que simple y llanamente era una dictadura ejemplar resultaba empeño harto imposible. El aislacionismo fue la respuesta internacional que vino a subrayar nuestro vacío democrático. Tras la muerte del dictador y el avance de la transición, la “Formación del Espíritu Nacional”pasó a mejor vida, y en su lugar entró en juego lo que yo llamaría el “Espíritu Nacional en Formación”, algo así como una versión localizada de lo anterior que ha llegado a avanzar como “Estado de las Autonomías” hasta nuestros días. Pero, sin llegar a cristalizar, hoy, en vísperas del 31 de enero, seguimos planteando España como ese continuo proceso de “Espíritu Nacional en Transición”.

Hace 25 años, para el Partido Andalucista se imponía un nuevo marco federal “que garantice la igualdad para todos”, según palabras de su líder Rojas Marcos. Duran i Lleida hablaba de una confederación de Euskadi, Catalunya y Galicia con el resto de España, y el peneuvista Iñaki Anasagasti, que apoyaba esta idea, nos recordaba la antigua plataforma política que llevó el nombre de Galeuzka. Anguita defendía el modelo de Estado federal que propugnaba Izquierda Unida, y se mostraba abierto defensor del principio y del derecho de autodeterminación. Raimon Obiols repetía en sus comparecencias públicas que España tenía como perspectiva política “la unión con vocación federal”, en un federalismo que para él significaba igualdad y respeto a las diferencias: “Lo contrario de la diferencia -explicaba- no es la igualdad, sino el uniformismo”. Para el socialista vasco Ramón Jaúregui, era conveniente defender para los casos vasco y catalán el acuerdo alcanzado en Gran Bretaña por los laboristas británicos con el “movimiento fortísimo” de los partidos nacionalistas de Escocia y Gales, “tras doce años de impedimentos por parte de la primera ministro conservadora Margaret Thatcher”. Los socialistas navarros no dudaban en apostar por “una Navarra autónoma dentro de una España federal en una Europa unida políticamente”. Gurutz Jáuregui, destacada personalidad universitaria en el ámbito del Derecho Constitucional no dudaba en posicionarse: “Soy partidario del Estado federal;doy mucha importancia a que las comunidades autónomas tengan capacidad de decisión, dentro de unos límites, en la política europea”. El diario El Mundoeditorializaba: “Atrincherado en Ferraz y Moncloa, el PSOE hace oídos sordos a las consignas federalistas del PSC de Obiols mientras deja pasar el tiempo hasta ver si escampa”. Y el director del citado diario, Pedro J., escribía con una valentía no exenta de audacia: “La coyuntura internacional está sirviendo simplemente para iluminar la realidad histórica y cultural que subyace tras esa insatisfactoria sutura provisional que fue el Estado de las Autonomías”.

Ha pasado un cuarto de siglo de este estado de opinión. La indefinición en lo que respecta a una estructuración del Estado capaz de perfeccionar aquel improvisado “café para todos” de los comienzos de la Transición se ha venido manteniendo unida a una política propagandística tan incesante como poco convincente en su esfuerzo por soterrar cualquier posibilidad de maniobra. Y esto revive hoy, una vez más, ese “Espíritu Plurinacional” que vuelve a situarse en lo alto del debate político.

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