Roger Salas director del ciclo ‘coda en movimiento’

“Crear y fidelizar públicos es muy difícil, pero cuando ofreces calidad, la reconocen y responden”

El crítico de danza da un paso más en busca de la consolidación de un programa que cada vez cuenta más con el favor del público universitario

Ana Oliveira Lizarribar | Iban Aguinaga - Viernes, 26 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Roger Salas.

Roger Salas. (IBAN AGUINAGA)

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Roger Salas.

PAMPLONA- Dirige la cuarta edición de ‘Coda en movimiento’, ¿qué valoración realiza de este período?

-Como soy padre de la criatura, me resultaría difícil decir que no ha salido bien. Precisamente, hoy hablábamos de que en esta edición vamos muy bien de recepción y de público, recogiendo los frutos de la experiencia acumulado en este tiempo. Este es un proceso progresivo, tanto de recopilar experiencia profesional como de dar con lo que pide el público.

¿A qué se refiere?

-Yo siempre hablo del ‘arte de programar’, es decir, que esto no consiste en buscar cosas que a uno le gusten, sino más bien en diseñar una programación que tenga en cuenta al público al que está dirigida.

Este ciclo se programa en un museo universitario. Esta circunstancia influirá también en el tipo de público que asiste a las actividades.

-Totalmente. Viene gente de la ciudad, pero sobre todo acuden chicos y chicas de la universidad. Y, de hecho, pensamos este ciclo con la idea de que fuera atractivo para ese grupo. Esto nos obliga a pensar mucho más, porque es mucho más fácil programar un ballet cualquiera con un nombre famoso que hacer lo que hemos hecho. Hemos eludido esa vía y hemos apostado por cosas que tengan un sentido cultural serio, que hagan pensar a la vez que entretienen, y que, además, sean capaces de atraer al mayor público posible.

Muchas veces se dice que hay problemas de público para la danza, pero también es cierto que en ocasiones los espectadores responden muy bien.

-El público es sabio siempre, y ser consciente de eso es el primer paso para respetarlo. Cuando le ofreces calidad, la reconoce y responde. Pero es verdad que hay problemas para llenar los teatros y para sumar la cantidad de espectadores que la danza sueña con tener. Los públicos hay que crearlos y fidelizarlos es muy difícil;se consigue cuando uno ofrece calidad y confía en que lo que va a ver le va a convencer.

¿En qué premisas ha basado la programación de este año?

-El ciclo quiere hablar de varias cosas a la vez. Por una parte, de bailarines españoles que desarrollan su trabajo en el extranjero;por otra, de cómo es la vida de los bailarines en Latinoamérica y en Europa, y también del modo en que algunos bailarines desarrollan a la vez sus inquietudes como creadores. Por ejemplo, Gabriele Rossi va a presentar dos coreografías suyas y Marcos Rodríguez también. Se trata de explorar hasta qué punto se pueden llevar en paralelo ambas carreras.

Albert Hernández Lledó, del Ballet Nacional de España, muestra claramente esa vocación, aunque dice que de momento no se atreve a llamarse coreógrafo.

-El coreógrafo nace. Tiene que gustarte crear. Por mucho que te digan que hay una escuela de creación coreográfica, si no llegas con el talento puesto, es muy difícil que de ahí saques nada. Vi bailar por primera vez a Albert Hernández y a Irene Tena cuando acababan de salir del conservatorio y aun no habían entrado en el Ballet Nacional y ya entonces me golpearon mucho estéticamente. Supe que tenían talento. Pero, claro, es que todo esto tiene que ver con tener un talento innato sobre el que después desarrollas el oficio como tal. La parte instintiva y creativa viene de serie.

Muchos de estos nuevos talentos se dejan contaminar y no tienen reparos en tomar recursos de otras disciplinas artísticas.

-Sí, es que el mundo contemporáneo es así. Vivimos en una cultura de vasos comunicantes y manifestaciones transversales. Hoy día, solamente con el bombardeo que recibimos a través de las redes sociales ya hay un mundo enorme de influencias para el artista. Y creo que hay que estar alerta para no convertirse en un títere de las influencias externas. El creador tiene que buscar la manera de decantarlas, quedándose con lo bueno y desechando lo supérfluo.

¿Se trata de que prevalezca la danza por encima del artificio?

-Efectivamente. Ese es otro problema. Desde que se inició la tendencia de la danza antidanza, ha habido una serie de espectáculos en los que cada vez se bailaba menos. Sin embargo, creo que eso está superado y que estamos volviendo al usufructo de la danza propiamente dicha.

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