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Flamenco

Flamenco en la universidad

Por Teobaldos - Viernes, 26 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

recital en el colegio mayor belagua

Intérpretes: Sandra Gallardo, baile;Eki Ocaña, flauta travesera y cajón;Urko Ocaña, guitarra. Espectáculo: Recital flamenco por alegrías, tientos, tangos, tanguillos, soleá, bulerías, granaínas, nana… Programación: Colegio Mayor Belagua. Lugar: salón de actos del colegio. Fecha: 23 de enero de 2018. Público: lleno (entrada libre).

Que el flamenco -un arte grande- tenga su cabida en el ámbito universitario no nos debería extrañar. De ahí que todos los aficionados a ese complejo mundo del cante, toque y baile, estemos agradecidos a la difusión y pedagogía que Eki Ocaña, a través de su grupo Zorongo, lleva ya décadas haciendo. Por ejemplo, programar una sesión flamenca en un colegio mayor universitario, es muy oportuno porque en el se alojan estudiantes de los más diversos rincones tanto nacionales como extranjeros;y demostraron con verdadero entusiasmo, que les interesa. A unos por cercanía y emotividad -varios andaluces se acercaron a saludar a la bailarina-, a otros por curiosidad y conocimiento -los extranjeros no hacían más que sacar fotos con el móvil-. A todos, sin duda, por el espectáculo variado, entretenido y cálido que ofrecieron los tres protagonistas de la velada. Se organizó el jaleo alrededor de Eki Ocaña, flauta travesera y cajón, su hermano Urko, guitarra, y la bailaora Sandra Gallardo. Eki, con su flauta toma la responsabilidad del cante. Ciertamente no es lo mismo: la voz es la voz;sin embargo el flautista logra imprimir al instrumento una gran humanidad al sacarle un sonido con cierto rajo de aire en tramos concretos. La flauta, así, se comporta como voz, profunda, o, más o menos adornada, según el palo. A sólo, fue magnífica la variación sobre el Amor Brujode Falla;y su exhibición de cajón. Urko, a la guitarra, va progresando y ya suelta sonidos muy flamencos. Ambos interpretaron temas de cosecha propia: comenzaron por alegrías, siempre bien avenidos temas y acompañamiento;para seguir con unas granaínas y la Nana del Caballo Grande, de García Lorca: una versión dramática y sentida que ambos conocen bien. Terminaron su intervención a dúo con tangos (del Huerto, llaman ellos), y tanguillos, cantes venidos de América y que Eki hace extensivos -con sus divagaciones armónicas- a Oriente.

Pero, sin duda, lo que más epató al joven público estudiantil -que abarrotaba la sala- fue el baile poderoso y racial de Sandra Gallardo. La bailaora afincada en Pamplona, que ejerce de maestra de baile y que trasmite no sólo sabiduría técnica, sino amor por el flamenco, se fue por tientos, tangos, soleá, bulerías y, creo, que fandango. Gallardo puede presumir de un movimiento excelente en las manos. Es su carta de presentación. Comienza el baile marcando el aire. Luego marcará el territorio con el taconeo, que lo hace natural, incluso un poco violente: ella es así, también en los giros. Se metió al público en el bolsillo;mejor dicho, en los flecos que pronunciaban el vuelo de su figura, que es abarcadora de la escena, nada melindrosa. Los olés se sucedían a cada plante, y, lo que es más importante, se logró -en el noble y grandioso edificio de piedra de sillería- el mejor ambiente de tablao. Eso es lo que importa;aunque, en algún momento, los músicos fueran arrastrados por el empuje vertiginoso de la bailaora.

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