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A la contra

La enfermedad

Por Jorge Nagore - Viernes, 26 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

seguimos viviendo en una sociedad enferma, profundamente enferma, esa en la que, por ejemplo, hay personas que están en contra de que haya calles dedicadas a personas asesinadas por ETA o personas que acusan a otras de connivencia con los terroristas por decir que la dispersión es una vulneración de los derechos básicos de presos y familiares o personas incapaces de mostrar la más mínima empatía con el indeseable hecho de que haya tres jóvenes encarcelados durante más de 400 días acusados de nada menos que terrorismo por una agresión, por muy asquerosa y punible que fuese la agresión. Sigue existiendo un muy amplio volumen de personas que al menos exterior y públicamente no dan el paso de mostrar su rechazo a los atropellos vengan de donde vengan, sin aclarar porque no debería hacer falta que estar en contra de algo no es estar a favor de ese algo, porque vivimos no solo en una sociedad de maximalismos y manipulaciones sino también de maniqueísmos, especialmente con todo lo relacionado con la violencia. Lo he escrito varias veces y lo seguiré haciendo cuando estime oportuno: se puede rechazar a la vez la agresión a los guardias civiles en Alsasua y el bochornoso sufrimiento que están haciendo padecer a los jóvenes y a sus familias, una situación medieval. La desproporción y el abuso son de tal calibre que cualquier ser humano debería reaccionar ante eso. Muchos, en cambio, no lo hacen, siguen considerando que determinadas acciones o sectores o personas no merecen ni una sola palabra de comprensión, como si eso fuese una flaqueza que no pueden darse el lujo de cometer o una actitud que “ellos no tendrían con nosotros o que jamás tuvieron en su momento”, gente normal y corriente, metida en su trinchera, con sus razones a cuestas, como todos, sin ninguna gana de hacer ningún esfuerzo personal e interno por vivir en un sitio más humano. Una pena de sociedad.

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