Abel Barriola Expelotari

“La pelota ha sido la escuela de mi vida y no tengo nada que pedirle, se lo debo todo a este deporte”

Abel Barriola (Leitza, 1978) recibe el Premio Sabino Arana por sus cerca de 700 partidos, sus casi 20 años como profesional y por su compromiso con la pelota

Una entrevista de Jokin Victoria de Lecea Fotografía de Iñaki Porto - Sábado, 27 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Abel Barriola.

Abel Barriola. (IÑAKI PORTO)

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Abel Barriola.

PAMPLONA- ¿Qué siente al recibir este premio de Sabino Arana Fundazioa?

-Es una inmensa alegría y orgullo. Estoy muy contento por recibir este premio, sobre todo, viendo los otros premiados y los que ha habido históricamente. También estoy agradecido de que se hayan acordado de mí. Al final de mi carrera que me den un premio como el de Sabino Arana Fundazioa es algo bonito y que me lo llevo para siempre.

Es un premio a una trayectoria, no a una victoria concreta.

-En el deporte a veces ganas, otras pierdes, como en la vida misma. Pero que se acuerden de uno por su compromiso con la pelota, por este deporte, y por el compromiso con nuestra cultura es algo muy bonito y que le llena a uno.

Habla de compromiso, es algo que a usted nunca le ha faltado.

-Todos tenemos una o más pasiones y desde pequeño, no me acuerdo desde cuándo, mi pasión ha sido jugar a pelota. Siempre es lo que me ha gustado y, cuando algo te gusta tanto, el esfuerzo y el trabajo cuesta muchísimo menos. El amor que tengo a la pelota es un amor con mayúsculas. También diría que he sido un privilegiado por poder vivir económicamente haciendo lo que más me gusta. Es algo que pasa muy pocas veces y a mí me ha pasado. Además, he tenido vivencias únicas gracias a la pelota, he sido feliz y recibir un premio como éste siempre llena muchísimo.

¿Cómo lleva estar alejado del mundo de la pelota?

-Cuesta una vez que lo dejas. Lo dejas siendo consciente de lo que haces, dándole muchas vueltas a la cabeza. Creo que era el momento idóneo. Empieza una nueva vida, pero cuesta. He jugado a pelota desde muy pequeño y dejar de jugar a algo que has hecho toda la vida cuesta. Sobre todo, la rutina de todos los días. El objetivo de tener que jugar todos los fines de semana un partido, jugarlo, tener la ilusión y esas metas pequeñas. Al principio me costó bastante, pero, como en todo, las cosas se van asentando y se mira al futuro poco a poco.

¿Sigue jugando a pelota por diversión?

-Sí, de vez en cuando juego, pero lo hago con la goxua. Pero no juego mucho porque hasta con la goxua sufro de manos. Me cuesta. No llevo a ningún grupo, pero a algún chaval que otro le doy mis consejillos de viejo. También sigo los partidos por televisión y de vez en cuando me gusta ver partidos de chavales. De alguna manera u otra sigo la pelota.

Así que no se ha desenganchado del todo de la pelota.

-No, casi ningún pelotari lo hace. Aunque sea de otra forma, sigues un poco la pelota porque es lo que has vivido desde pequeño y es lo que más quieres.

Ahora que el Parejas está en un momento lleno de tensión, ¿no echa de menos toda esa emoción?

-Sí, sobre todo se echa mucho de menos esa adrenalina que hay en la competición. Se pasan momentos difíciles, pero, cuando no estás, se echa de menos, pasa en otros oficios también. Echo de menos esa tensión, pero también aprecio la tranquilidad de vivir otras cosas que no podía cuando estaba en la pelota. La sencilla cosa de tomarte un café tranquilamente sin tener que pensar que el fin de semana tienes un partido vital. Como todo, tiene sus cosas buenas y malas.

Disfruta también de la nueva vida.

-Hay que valorar lo que tienes en el momento. Lo echas de menos siempre, pero la nueva vida está muy bien.

¿Cuál es el balance que hace de su trayectoria deportiva?

-Estoy muy satisfecho, no por haber ganado o perdido, haber llegado a 22 o no, si no porque para mí la pelota ha sido la escuela de mi vida y me lo ha dado todo. El balance es más que positivo. He cumplido mi sueño de pequeño y no tengo nada que pedirle a la pelota, se lo debo todo.

¿Con qué momentos de su carrera se queda?

-He tenido algunas lesiones complicadas y la satisfacción que da salir de ellas son momentos especiales. En el plano personal vienen muy bien porque confías más en ti mismo. Luego, en el deporte es bonito ganar, pero, cuando llega el final de tu carrera, eso queda en un segundo plano. Lo importante es que la gente haya disfrutado. Ver que tu trabajo trasmite. Eso es un momento único.

Siempre ha sido uno de los pelotaris más queridos, ¿a qué cree que se debe eso?

-Para mí, todas las modalidades de la pelota son parte de nuestra cultura y todos los pelotaris, seamos de la disciplina que seamos, tenemos la suerte de ser queridos en nuestra tierra. Para mí es muy bonito el apoyo del aficionado a la pelota. No me cansaré de agradecerlo y es algo que hemos sentido todos los pelotaris. Estamos en un deporte en el que los aficionados nos dan lecciones, como la de aplaudir los tantos buenos del rival.

¿Ha tratado de trasmitir sus valores a la siguiente generación?

-Todos los pelotaris que conozco han tratado de dar el 100% dentro y fuera de la cancha para que su rendimiento sea mejor. Al final, en la pelota hay generaciones. Nosotros hemos aprendido mucho de la generación anterior. Han sido referentes, hemos aprendido muchos valores relacionados con la pelota y la vida. Nos educaron muy bien y estamos agradecidos por ello. Ojalá nosotros hayamos sido capaces de trasmitir un poco el amor a este deporte. Si hemos sido capaces, para mí y para toda mi generación sería una alegría inmensa.

¿Le queda la espina clavada de no haber podido ganar una txapela con alguien de la nueva generación de pelotaris?

-Espinas siempre tienes en el mundo del deporte. Siempre queda la duda de si se podría haber hecho más. Creo que viene una muy buena generación de pelotaris, trabajadores, profesionales y sí que tengo esa espina. No haber ganado una txapela con un pelotari como Joseba Ezkurdia o Jokin Altuna, que ahora ya ha ganado su txapela en el Cuatro y Medio. Me hubiera hecho ilusión llevar a uno de esos pelotaris jóvenes a ganar su primera txapela.Triunfos o no, siempre es bonito que los jóvenes valoren sus consejos.

Triunfos o no, siempre es bonito que los jóvenes valoren sus consejos.

-Sí, por supuesto. Da igual el tiempo que pase. Una de las cosas que hecho de menos es estar con estos jóvenes en el vestuario porque, a pesar de ser el veterano, siempre se puede aprender y los jóvenes contagian esa vitalidad y esas ganas de aprender. Está claro que, cuando cualquier chaval te pide consejo, los veteranos nos sentimos orgullosos y eso nos llena.

En su carrera ha conseguido las tres txapelas, la Triple Corona. ¿Se queda con alguna de ellas?

-Detrás de cada txapela hay mucho trabajo y son muy importantes. Si tuviera que elegir una sería la del Manomanista. Quizás es la más romántica que hay en la pelota mano. Ganar esa txapela siempre ha definido al pelotari más completo y para un pueblo siempre es un orgullo tener al campeón manomanista.

¿Cómo recuerda la txapela del Parejas, la última que consiguió?

-La gané con Juan Martínez de Irujo. Somos más o menos de la misma generación y nos ha tocado vivir muchísimo. Momentos alegres y tristes. Vivir esas experiencias hace que el vínculo sea mayor. Era la txapela que me faltaba y en el plano personal había llegado a ocho finales después de las dos primeras y las había perdido. Fue un campeonato difícil también para Juan Martínez de Irujo y nos hizo una ilusión especial. Como si nos hubiéramos quitado un peso de encima. Habíamos jugado con anterioridad y no funcionó la pareja. Nos quitamos esa espina y ganar una txapela siempre es especial.

Ahí nació una gran amistad.

-Si antes me tenía ganado, en ese campeonato en el que no logramos la txapela Juan me ganó en el plano personal. Los deportistas pecamos de eso, hay ego de por medio y a veces tiramos de echar la culpa al otro. Y para nada. Perdimos ese campeonato, pero nuestra amistad se hizo mayor. Estoy seguro que el haber perdido aquel campeonato nos sirvió para ganar la siguiente txapela.

las claves

“Que se acuerden de uno por su compromiso con la pelota y con nuestra cultura es algo muy bonito y que me llena”

“He sido un privilegiado por poder vivir económicamente haciendo lo que más me gusta y he tenido experiencias únicas gracias a ello”

“Echo de menos esa tensión, pero también aprecio la tranquilidad de vivir otras cosas que no podía cuando estaba en la pelota”