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la carta del día

La intolerancia se hizo carne y habitó entre nosotros

Por Cristina Arconada - Sábado, 27 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

“antes era Albina Prieto la que ofrecía el cirio y ahora es un concejal”, “En otros pueblos los alcaldes vienen a saludarme y luego se van;hasta en Pamplona Asirón viene a darme la mano y luego se marcha;aquí no me vale que venga un concejal en representación del alcalde”. Estas frases fueron pronunciadas por el párroco y el obispo, respectivamente, en la misa mayor en honor a San Sebastián, en Tafalla;la primera, ante todas las personas allí congregadas y la segunda fue dicha al concejal en el que el alcalde había delegado la ofrenda del cirio, mientras le sujetaba la mano (¿para que escuchara todo lo que tenía que decir sin que pudiera marcharse?).

Todo esto viene precedido por la negativa inicial del párroco a que el concejal de EH Bildu, Jacinto Goñi, fuera el encargado de la ofrenda del cirio;por cierto, encomienda potestad del alcalde de Tafalla, no del párroco. Por lo visto, que un cristiano practicante, implicado con su parroquia, cuya esposa colabora activamente y su hija se encarga de un grupo de catequesis no es suficiente. Es mejor que entregue el cirio cualquier otro concejal o concejala que lo hace porque es su obligación y no por creencia;es mejor entrar en la iglesia por hacer el paripé, aunque se esté todo el tiempo mirando el móvil, que no entrar siendo así consecuente y, desde luego, respetuoso con las propias creencias y las de las demás personas.

También es penoso que todo esto sirva para que miembros de UPN pasen un rato divertido en la iglesia, lugar de recogimiento y predicamento de los valores cristianos que, obviamente, estas personas no practican. El candidato por UPN al Gobierno de Navarra en las próximas elecciones, Javier Esparza, acompañado de personas pertenecientes a ese partido en Tafalla, se rieron abiertamente y sin asomo de respeto, cuando el párroco dijo “un concejal” sin siquiera llamarlo por su nombre.

En un Estado laico como éste, la Iglesia nos demuestra, una vez más, que tiene un papel muy activo en la política. Al mismo tiempo, nos deja ver su lado más arcaico, intolerante, irrespetuoso y clasista. Por lo visto, no practican lo que predican para las demás personas, y así es muy difícil que consigan atraer nuevos verdaderos cristianos y cristianas, si además desprecian a los que ya existen. Porque el desprecio con que se trató a Jacinto Goñi, concejal del Ayuntamiento de Tafalla y miembro activo de la parroquia de Santa María de Tafalla, es indigno de cualquier representante de la Iglesia.

La autora es concejala de EH Bildu en Tafalla

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