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Natalio Cayuela

El hombre que trató de parar el golpe de Mola

El expresidente de Osasuna (1923 y 1928-35), fusilado en 1936, fue una de las víctimas de la represión franquista en la administración de justicia en Navarra

Un reportaje de Félix Monreal. Fotografía Archivo José Manuel Boné - Sábado, 27 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Acreditación de Natalio Cayuela.

Acreditación de Natalio Cayuela.

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  • Acreditación de Natalio Cayuela.

La figura de Natalio Cayuela volvió a emerger 81 años después de ser fusilado en Valcaldera, esta vez en el marco de unas jornadas dedicadas al juez Luis Elío y en las que se trató de la represión en la Administración de Justicia en Navarra durante y después del levantamiento franquista. La abogada Miren Goñi Flores profundizó en su ponencia en el perfil de quien fuera secretario de sala de la Audiencia Provincial, abundando en el proceso que siguió a su desaparición, eufemismo de la época que ocultaba un asesinato por motivaciones políticas.

Cuando Natalio Cayuela fue ejecutado no se había cumplido un año de su cese como presidente de Osasuna. Porque aunque en la citada ponencia solo se dedicara una línea a su faceta de hombre de deporte -tampoco venía al caso-, hay que recordar que dirigió al club rojillo durante ocho años, periodo dividido en dos etapas: 1923 y 1928-35.

En aquellos años, Cayuela, hombre multidisciplinar, compaginó su trabajo como secretario de la audiencia con una amplia actividad que abarcaba vertientes tan diferentes como la política (presidente de Acción Republicana de Navarra), presidente de Cruz Roja de Pamplona, miembro de la Asociación de la Liga de los Derechos del Hombre y la ya citada presidencia de Osasuna.

En el club de fútbol marcó un hito que a lo largo de los 97 años de vida de la entidad solo ha igualado el venerado Fermín Ezcurra: tomó al equipo en Tercera división y lo condujo hasta la máxima categoría. Sin embargo, el ascenso fue el principio del fin de aquel brillante mandato, ya que la afición criticó lo que entendía como mala composición de la plantilla a lo que se sumaron los problemas económicos por los que pasaba la entidad. Cayuela dejó el club en octubre de 1935 y la junta pasó a manos de personas que luego se mostraron afectas al régimen como el empresario Ambrosio Izu (presidente) o elementos que prepararon el alzamiento como el jefe del requeté, Antonio Lizarza (secretario).

Cayuela, según quedó de manifiesto en las jornadas, fue víctima de una represión bien sistematizada que tuvo como objetivo la depuración de funcionarios judiciales y también de maestros y de maestras. Los expedientes que obran en el Archivo General de Navarra se articulan en torno a su desaparición (cuando era público en Pamplona que había sido fusilado) y a sus responsabilidades políticas. Según subrayó Goñi, los testimonios recogidos en los expedientes hablan de un hombre que tuvo un recto comportamiento en el desempeño de su cargo y sobre el que no había ningún tipo de denuncia.

En palabras de Goñi, Natalio Cayuela, que el 18 de julio se reunió con el gobernador civil y otros políticos de izquierda para analizar los acontecimientos, “pagó con su vida el intento de parar el golpe de Mola”.

Ahora que la memoria histórica ha rescatado la figura de Eladio Cilveti (uno de los fundadores del club y una de las tres personas a las que se atribuye haber propuesto el nombre de Osasuna), también fusilado (como quien fuera vocal y secretario, Ramón Bengaray), se hace tarde para que los dirigentes de la entidad rojilla pongan en valor la figura de Cayuela por lo mucho que significó en el crecimiento y desarrollo de Osasuna.

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