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Un viejo espectáculo de la vieja política

Por Joseba Santamaria - Domingo, 28 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

la crisis abierta en el grupo parlamentario de Podemos en Navarra lleva mal camino. No parece que las diferencias entre sus miembros, cuatro alineados con la ex secretaria general y exportavoz Laura Pérez, bajo la amenaza de un expediente de expulsión, y otros tres con la actual dirección de Podemos Navarra tengan fácil solución. El informe contra Laura Pérez contiene duras acusaciones que ella y quienes la apoyan niegan rotundamente con otras acusaciones igualmente duras a la actual dirección en Navarra. Un sindiós de reproches mutuos. Podemos apareció en la política del Estado con una oferta de regeneración y participación ciudadana en la política, una imagen de aire fresco frente a las anquilosadas burocracias de los aparatos de los grandes partidos españoles. Y tuvo éxito y respaldo electoral. Sin embargo, el ejercicio diario de la política en las instituciones ha derivado en una larga sucesión de conflictos, tanto en la dirección estatal -con enfrentamientos abiertos y públicos entre sus principales dirigentes- como en numerosas comunidades. En buena parte porque la propuesta de organización política carecía de una estructura adecuada, la selección de sus candidatos fue más aleatoria que efectiva y el programa fue tan indefinido ideológicamente para aglutinar a amplios sectores sociales y políticos que el conflicto de intereses y posiciones diferentes ha sido muchas veces inevitable. La crisis en Navarra de Podemos puede tener consecuencias imprevisibles para el propio partido y quizá también para el proyecto del cambio político y social en Navarra. La ruptura del grupo parlamentario y la salida de alguno de sus miembros dejaría en minoría a la mayoría del cambio en buena parte de las comisiones parlamentarias, lo que dificultaría la acción legislativa del Gobierno de Barkos. También puede suponer la salida de Ainhoa Aznárez de la presidencia del Parlamento y quizá la inviabilidad legal de poder pactar un nuevo candidato o candidata entre los 26 parlamentarios del cuatripartito. Sin olvidar las consecuencias electorales -quedan 15 meses para los próximos comicios forales-, en un apoyo procedente de nuevos votantes, abstencionistas y ciudadanos defraudados de otros partidos que se movilizó en favor de un proyecto político nuevo y que fue clave para afianzar la nueva mayoría política de Navarra. La crisis de Podemos en Navarra pone en cuestión toda aquella fuerza original. Seguramente, las responsabilidades serán compartidas entre unos y otros en un conflicto en el que parecen haber pesado tanto las cuestiones políticas como las personales, si no más estas. Si Laura Pérez no acabó de aceptar su derrota en el proceso de renovación de Podemos, tampoco la actual dirección en Navarra parece haber calculado bien la correlación de fuerzas en el grupo parlamentario ni las consecuencias del paso dado. La bronca partidaria situación exige soluciones inteligentes y acuerdos entre las partes que rebajen el nivel de agresividad personal para priorizar su apuesta por el cambio en Navarra, que ha posibilitado dos años y medio de estabilidad e importantes avances para los intereses de la mayor parte de navarros y navarras. Parece difícil, si no imposible, pero ése fue su compromiso electoral y no este viejo espectáculo de la vieja política.

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