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Podemos se asoma al precipicio

Las pelea interna amenaza con romper el grupo parlamentario
El cambio podría perder su mayoría en la Junta de Portavoces y en las comisiones
Podemos se quedaría sin buena parte de su financiación

Ibai Fernandez / Javier Bergasa - Lunes, 29 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El secretario general de Podemos Navarra, Eduardo Santos, y la parlamentaria de la formación, Laura Pérez, durante un pleno antes de que Santos dejara el escaño.

El secretario general de Podemos Navarra, Eduardo Santos, y la parlamentaria de la formación, Laura Pérez, durante un pleno antes de que Santos dejara el escaño. (Javier Bergasa)

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El secretario general de Podemos Navarra, Eduardo Santos, y la parlamentaria de la formación, Laura Pérez, durante un pleno antes de que Santos dejara el escaño.

Pamplona- La disputa interna de Podemos llega hoy a la Mesa del Parlamento. El máximo órgano de la Cámara foral debe decidir si tramita el cambio de portavocías que han registrado los cuatro parlamentarios afines a Laura Pérez, o si tramita un nuevo informe jurídico para valorar si la dirección del partido puede decidir quién pone voz a sus siglas en el Legislativo. Una disputa que puede determinar el futuro del grupo parlamentario y, por extensión, el del propio partido.

Un escenario que miran con preocupación los otros tres socios políticos, que han urgido a la dirección que encabeza Eduardo Santos una solución que evite generar inestabilidad en los meses que quedan de legislatura. Porque si se consuma la ruptura del grupo parlamentario la crisis interna de Podemos puede salpicar también a la propia mayoría de cambio que sustenta al Gobierno foral, que podría perder su preeminencia en la Junta de Portavoces y en las comisiones sectoriales.

Porque la suspensión cautelar de militancia de Pérez por el incumplimiento del código ético ha desencadenado una guerra fratricida de inciertas consecuencias, en la que a día de hoy cualquier escenario es posible. Desde un acuerdo que permita la cohabitación de ambas facciones hasta el final de la legislatura, hasta la pérdida de militancia tanto de la ex secretaria general como de Carlos Couso, Rubén Velasco y Fanny Carrillo, los tres compañeros que le apoyan en su rebelión.

Antes sin embargo habrá que dilucidar qué ocurre en el grupo, porque a día de hoy parece difícil la convivencia interna de los siete representantes de la formación morada. Según el reglamento, los cuatro parlamentarios, que suman mayoría, podrían expulsar del mismo a la presidenta de la Cámara, Ainhoa Aznárez, al actual portavoz, Mikel Buil, y a la portavoz adjunta, Tere Sáez. Una decisión que implicaría la pérdida del cargo de Aznárez, y que indirectamente supondría también el cese de su jefa de gabinete y del secretario de presidencia, ambos miembros del Consejo Ciudadano de Podemos y cercanos a Santos.

También es posible que, para evitar que la crisis afecte a la propia institución, sean los críticos quienes abandonen el propio grupo. Lo que en cualquier caso tendrá efectos parejos en el juego de mayorías. Porque en los órganos de la Cámara, tanto en la Junta de Portavoces como en las comisiones, las votaciones son ponderadas en función de los votos que tiene cada grupo y Podemos, de contar con siete, pasaría a contar con tres o con cuatro. Eso relegaría la mayoría del cambio de 26 votos a 22 ó 23, por debajo de los 24 que suman UPN, PSN y PP.

La decisión no tendría efectos en el pleno, donde se deciden las cuestiones importantes y los no adscritos sí podrían participar. Y aunque eso garantiza la estabilidad del Gobierno y evita que se puedan aprobar leyes en contra, e incluso una moción de censura, la dinámica del día a día sí se vería afectada por el nuevo equilibrio de fuerzas.

El juego de mayoríasLos tres partidos de la oposición tendrían así mayoría en la Junta de Portavoces, que es quien regula el funcionamiento de la Cámara. Podrían, por ejemplo, dejar sin efecto las decisiones de la Mesa, aprobar de forma habitual declaraciones institucionales en contra de los postulados del Gobierno y reubicar a los no adscritos en comisiones secundarias, garantizándose así la mayoría en las de Hacienda, Desarrollo Económico, Educación o Régimen Foral, donde acude la presidenta. Insuficiente para hacer caer el Gobierno o para condicionar su funcionamiento, pero bastante como para generar un escenario de inestabilidad y desgastar a la mayoría de cambio en el año largo que queda de mandato.

La ruptura del grupo tendría también graves consecuencias económicas para Podemos. Si son los críticos que quienes se quedan en él, la formación de Eduardo Santos dejaría de recibir todas las subvenciones para su funcionamiento, que alcanza los 35.000 euros mensuales. De igual forma, si el grupo queda reducido a los tres aforados afines a la dirección, vería recortadas las ayudas de forma proporcional al perder la asignación por parlamentario y el plus por superar los cinco miembros. En ambos casos además, perdería el derecho a uno de los dos asistentes.

Son las consecuencias de un guerra interna hasta ahora soterrada, y que ha saltado a la luz con el riesgo de un gran desgaste para la imagen de Podemos de la que tardará en recuperar. Y que el realismo político invita a cerrar cuanto antes para evitar que los daños sean irreversibles. Lo que no parece fácil en un punto en el que las posturas, en las que lo personas se entremezcla con lo político, parecen ya totalmente irreconciliables.