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Un cuento infantil para ampliar la mirada adulta


Laura Garde | Mikel Saiz - Miércoles, 31 de Enero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Delante, de izq a dcha: Lucía, Marcos y Amaia Corera, y Graciela Mijangos;detrás, de izq a dcha: Irantzu Vázquez, Manuel Corera y Ana Ciáurriz.

Delante, de izq a dcha: Lucía, Marcos y Amaia Corera, y Graciela Mijangos;detrás, de izq a dcha: Irantzu Vázquez, Manuel Corera y Ana Ciáurriz. (MIKEL SAIZ)

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  • Delante, de izq a dcha: Lucía, Marcos y Amaia Corera, y Graciela Mijangos;detrás, de izq a dcha: Irantzu Vázquez, Manuel Corera y Ana Ciáurriz.

pamplona- ¿Me grabas con la cámara que quiero contar un cuento? es sinónimo de espontaneidad, imaginación y rapidez. Su protagonista, de tan solo 4 años, se llama Amaia Corera y su deseo, el curso pasado, fue compartir su particular versión del cuento de Caperucita Roja ante una cámara. La escena fue recogida por Alfredo Hoyuelos, gerente de las Escuelas Infantiles Municipales y entonces tallerista: “No dudé ni un segundo en que teníamos que aprovechar la oportunidad”. Alfredo participaba en Lenguajes teatrales en la escuela infantil, un proyecto de investigación que nació la Escuela Infantil Donibane.

Abarcando aspectos pedagógicos, psicológicos y educativos, los educadores del centro examinaban el desarrollo de la creatividad de los niños y niñas. Graciela Mijangos y Ana Ciáurriz, maestras de Amaia, decidieron cambiar la zona de construcciones de su clase por otro espacio: “Al principio no se acercaban. Era como si estuviesen desubicados. Abrían los cajones y los cerraban, pero nada más. Aprovechando que Alfredo estaba en la escuela, lo llamamos para que viniese a ver qué ocurría”, explica Graciela. Así, detectaron que cuando el tallerista los observa, los menores convertían ese lugar en un escenario: “Aprovechaban que Alfredo les estaba mirando para mostrar su potencial. El rincón se convirtió en la entrada y salida de un teatro”, añade.

De hecho, decidieron ambientarlo. Colocaron telas a modo de telón, un foco, una tarima, objetos polivalentes y cojines alrededor como butacas. Así, sin un relato lineal ni lógico, jugaban a convertirse en otros personajes en ambientes cada vez diferentes, aunque siempre con la misma condición: estar bajo la atenta mirada de sus compañeros. “Vivían y sentían de verdad lo que hacían. Se poseíanpor los personajes y convertían esos ratos en un juego de negocio entre dos identidades”, asegura la educadora.

Mientras ella y Ana ampliaban su mirada adulta y se daban cuenta de que el lenguaje universal del teatro pertenece a la infancia, Alfredo pudo captar la espontaneidad, la imaginación y la rapidez de Amaia: “Estaba recogiendo la cámara cuando me preguntó a ver si le grababa, quería contar un cuento. Lo hice y me pareció maravilloso. Tenía que tirar de ese hilo para incluirlo en el proyecto”. De esta manera, con la ayuda de Izaskun Resano, directora en ese momento de la Escuela Infantil Donibane, y la colaboración de los padres de Amaia (Manuel Corera e Irantzu Vázquez) y las narradoras Belén Álvarez e Izaskun Múgica, rodó el documental: “Las buenas historias nunca terminan, no queríamos que este regalo se quedase en una anécdota”, expresa.

sorpresa y emociónEl papel de Izaskun y Belén trata de analizar de los valores de la narrativa infantil. Asombradas por su claridad en la pronunciación, la dicción y el lenguaje, aseveran que transmiten la acción de una manera muy natural, con la expresión justa para crear emociones sabiendo en todo momento qué es lo que está contando: “Intercala continuamente el estilo directo con el indirecto, utiliza la onomatopeya solo una vez -oportuna-, hace las repeticiones necesarias, cambia las voces con los distintos personajes...”, esclarecen. “Es historia viva, que al final es de lo que se trata”, concluyen.

Por su parte, Manuel e Irantzu están sorprendidos a la vez que emocionados. Amaia es la pequeña de cuatro hermanos, y copiándoles, le encanta disfrazarse y expresarse. En su relato, añade al cuento de Caperucita Roja el final del de Los tres cerditos. “Es un gusto verla. Es espontaneidad, expresión e improvisación en estado puro”, dice su madre. En casa, la pequeña tiene la oportunidad de escuchar muchos cuentos: “Los que más le gustan son los clásicos. Entre sus hermanos y nosotros, está rodeada de narraciones. Ella también coge libros y, con las ilustraciones, nos los cuenta a nosotros”. Su hermana Elena recalca su capacidad para inventar historias, afirma que “se las saca de la manga”, y su padre está admirado por su discurso audiovisual: “Lo que a nosotros nos costó años entender, ella ya lo tenía en la cabeza. Solo con tres años”.

el libroEl DVD va acompañado por un libro, editado en euskera y castellano por Escuelas Infantiles de Pamplona. Se trata de una recopilación del proceso que incluye el relato de Amaia, ilustrado por Joaquín Resano. “Es el padre de Izaskun, le encantó el proyecto y quiso hacerlo”. Con rotuladores y acuarelas, pintó viñetas, acompañadas por onomatopeyas, para las escenas que le parecían más significativas.

A los dibujos del artista, se le unen los de Amaia. Mezcla colores fríos y cálidos, siendo el rojo el protagonista. Los educadores escogieron la cera como material para ejecutarlos: “Es un material que permite plasmar mejor la expresión”, declara Alfredo. Así, mientras sus educadoras le leían fragmentos de su cuento, ella se convertía en un “volcán de emociones y sentimientos sobre el papel”.

El libro y el documental se repartirán hoy en las escuelas infantiles y también podrá adquirirse a través de la página web www.pamplona.es/escuelasinfantiles.

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