Ignacio Martínez de Pisón escritor

“Hay un pequeño mundo de resistentes que defendemos que la palabra sigue siendo un buen vehículo para hacer arte”

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar - Jueves, 1 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Ignacio Martínez de Pisón.

Ignacio Martínez de Pisón. (Foto: Efe)

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Ignacio Martínez de Pisón.

las claves

pamplona- El lunes se anunció que Mariano Barroso está rodando una serie basada en su novela El día de mañana. ¿Ha colaborado de alguna manera en el proyecto?

-No. He leído el guión y he estado siguiendo el proyecto en la distancia y pronto me acercaré al rodaje. La verdad es que tiene muy buena pinta, los actores que han elegido son estupendos -Oriol Pla, Aura Garrido, Jesús Carroza, Karra Elejalde- y Mariano Barroso me parece un buen director.

¿Cómo será lo de ver su historia en una serie y no en una película;aunque la verdad es que las novelas son capitulares?

-La verdad es que ahora yo también me he aficionado a las series y si durante años mi ilusión fue escribir algo para el cine o ver que alguna de mis novelas se convertía en película, en este momento me hizo mucha ilusión que se fijaran en una novela mía para hacer una serie de televisión, que parece que va a ser el género que va a contar nuestra época. Si lo fue la novela en el siglo XIX y el cine lo ha sido en el siglo XX, me da la sensación de que por los nuevos hábitos de consumo cultural las series se han convertido en el género que nos va a decir en qué mundo vivimos. Así que me parece estupendo que una novela mía aporte algo a ese ámbito.

Parece que hoy todo tiene que traducirse a imágenes o, si acaso, a unos pocos caracteres. ¿Los novelistas son unos resistentes?

-Sí. Hay un pequeño mundo de resistentes, que no solo somos escritores, sino también lectores, y que seguimos defendiendo que la palabra continúa siendo un buen vehículo y un buen material para hacer arte. Y aunque no somos tantos como en el pasado, aun seguimos siendo unos cuantos para que esto funcione.

Mañana hablará en Pamplona de Derecho natural, una novela en la que regresa a la Transición, un momento que ya ha abordado en otros trabajos y que en los últimos tiempos se ha puesto en entredicho por parte de los nuevos políticos.

-Supongo que es una cuestión generacional. Cuando murió Franco, yo tenía 14 años y, aunque a veces la cosa iba despacio, en algún momento nos dimos cuenta de que ya se habían producido cambios notables y profundos. ¿Que se hicieron cosas mal? Sí, pero es que veníamos de 40 años de dictadura militar de un señor que murió en la cama y que se había hecho propietario de España como botín de guerra, y pasar en pocos años de una situación así a una democracia en pocos años fue homologable a cualquier otra europea tiene bastante mérito. Claro que se cometieron errores, pero qué casualidad que los que ahora critican tanto la Transición son gente que no la vivió. No es lo mismo haber nacido en una dictadura que en democracia, donde todos los derechos lo tienes porque sí. Los derechos que se consagraron en la Constitución hasta la muerte de Franco eran delitos perseguidos. El derecho de reunión, la libertad de expresión... Hubo personas que lucharon para que se reconocieran y quizá como las generaciones posteriores ya los tenían conquistados los valoran menos.

En su novela también hay una pelea generacional, la de Ángel Ortega padre y Ángel Ortega hijo.

-Sí, el padre es bastante reprochable. Es un tarambana que no mide bien las consecuencias de sus actos;frente al hijo, que es todo lo contrario. Precisamente porque ha aprendido de los errores paternos es un hombre más prudente que busca siempre la equidad y la justicia y no hacer daño a los demás. Es muy consciente de las consecuencias de los actos y tiene un alto sentido de la responsabilidad. Pero en el enfrentamiento entre ambos ninguno tiene la carga simbólica de representar a su generación. Es verdad que la Transición en su historia está muy presente, pero ellos más que símbolos son personas. Yo aspiro a crear personajes de carne y hueso y no personajes icónicos. Prefiero que sean y no que representen.

En esta historia suenan ecos de Carreteras secundarias, con ese padre calavera y ese hijo al que le toca hacer de padre.

-Derecho natural está emparentada con Carreteras secundarias. También aquí se refleja la relación padre hijo, con un padre que se comporta como un adolescente y un hijo que se comporta con un adulto. Son dos novelas que con más de veinte años de diferencia parecen dialogar entre ellas. Carreteras secundarias fue, de hecho, la primera que situé en esa época, ya que transcurre poco antes de la muerte de Franco, así que las dos tienen conductos subterráneos que las unen.

Estos dos personajes tienen una relación conflictiva, y, sin embargo, Ángel hijo intentará el reencuentro.

-Es que existe la llamada de la sangre, esa fuerza atávica que nos une, para bien y para mal, a los nuestros. Por mucho que la familia como modelo de convivencia evolucione, cambie y se transforme, siempre hay algo que nos une de una forma especial a nuestros padres, hermanos e nuestros hijos y que saca de nosotros lo más elemental del ser humano, que seguramente se retrotrae a decenas de miles de años.

Nos presenta a Ángel padre en un contexto muy particular, con relaciones con gente conocida como Paco Rabal o Emma Cohen.

-También aparece, por ejemplo, Peces Barba. Para que las novelas tengan ese aroma de realidad me gusta que salgan personajes reales, como los cameos en las películas. Es una forma de hacer parecer que la novela no procede tanto de mi inventiva, sino que estoy contando algo que ocurrió de verdad. Pero es porque mi idea de la novela es como suplantación de la realidad;una estilización de la realidad que podría llegar a suplantarla y ponerse en su lugar. Me gusta reflexionar sobre el tiempo en que vivimos a partir de historias que no lo cuentan exactamente tal cual, sino que lo deforman o lo transforman en algo que, en definitiva, es arte.

El título de la novela se refiere también a la profesión que elige Ángel hijo, que se convierte en abogado quizá para hacer rendir cuentas.

-Y delimitar responsabilidades, aprender a juzgar y buscar una brújula para orientarse en el mundo y saber algo más de ética y de justicia. Un chaval que crece en una familia en la que el padre y la madre no son muy conscientes de qué está bien o mal, necesita otra herramienta para conducirse, para elegir la rectitud y también para juzgar a los que se han equivocado;en este caso a sus padres.

La madre también resulta interesante, ya que es un momento de cambios para las mujeres.

-En ese momento el mayor cambio que se produjo en España fue la llegada de la democracia, pero, a la vez, la transformación del papel de la mujer, Los poquísimos pasos que había dado en los últimos siglos se convirtieron en muchos pasos en poco tiempo. Ese cambio tan rápido generó perplejidades en las mujeres que habían sido educadas para un papel social que de pronto cambiaba. La madre de Ángel había sido criada para estar subordinada a un hombre y de pronto debe coger las riendas de su vida.

Ahora parece que las mujeres vivimos una nueva revolución. ¿Es así o es que nos habíamos dormido y habíamos olvidado el feminismo?

-Los derechos teóricos se conquistaron hace tiempo, pero la realidad no siempre avanza a la misma velocidad que la legislación. Efectivamente, hay cosas como la equiparación salarial, sobre la que el otro día Rajoy no sabía muy bien qué contestar, que en Europa ya se está empezando a regular.

Como residente en Cataluña, ha comentado en alguna ocasión el hartazgo que le produce ya el procés y todo lo generado en torno a él.

-El hartazgo no es nuevo. Estoy harto desde el primer momento. Los políticos que pusieron en marcha el procés se olvidaron de que su primera preocupación siempre tiene que ser la convivencia, pero se despreocuparon y se ha ido deteriorando. Todo esto tardará en arreglarse y nunca olvidaremos que los culpables son los señores Mas, Puigdemont y otros tipos que han roto la sociedad por un camino que no lleva a ningún sitio.

Madrid tampoco se ha lucido.

-El Gobierno del PP lo ha hecho muy mal, lo hemos visto especialmente en los últimos meses, pero a mí no se me olvida que los principales responsables son los líderes nacionalistas y la gente que ha estado a su alrededor jaleando a la población para que fuera por ese camino del flautista de Hamelin.

Los políticos parecen haberse entrometido en el terreno de los escritores de ficción porque permanecen instalados en el relato.

-La palabra relato se utiliza tanto que está empezando a quemarse y ya se habla de marco mental... Son construcciones lingüísticas que solo sirven para el debate de poca altura. En política hay que hablar de las cosas de siempre, de democracia, de extensión y conquista de derechos, y no empezar a agitar señuelos absurdos que no conducen a nada.

Quién sabe, todo lo sucedido podría formar parte de una novela suya, aunque creo que prefiere dejar pasar el tiempo para escribir con más perspectiva.

-Nunca escribo sobre lo reciente, tiendo a escribir sobre épocas que he conocido, pero que hace tiempo que pasaron, como el final del franquismo, la Transición o los años 80.

Y las familias siempre tan presentes. Como decía Tolstoi, todas se parecen cuado son felices, pero cada una es infeliz a su manera.

-Me gustan las novelas en las que uno puede reconocerse a sí mismo y algunas vivencias. Y como todos tenemos una familia de una manera u otro, hay conflictos de los personajes que reconocemos como propios. Esas novelas hablan directamente al corazón y a la memoria del lector.

¿Y cómo hace para que el realismo de sus novelas nos cuente, aun desde la ficción, más cosas de este país que los medios de comunicación?

-Ese era el objetivo de la novela decimonónica: fijar el recuerdo de una época a través de la literatura. Hoy, muchas de las cosas que pensamos sobre el siglo XIX lo hacemos porque lo hemos leído en las grandes novelas de aquel siglo. Y yo creo que algo de ese viejo objetivo se mantiene entre quienes queremos transmitir el espíritu de nuestro momento o de momentos recientes a quienes vienen por detrás y no los han vivido.

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