El Guggenheim muestra ‘El otro lado’ de Michaux

La exposición se integra de 200 obras, algunas de las cuales el artista pintó bajo los efectos de alucinógenos

Viernes, 2 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Un hombre contemplar varios de los dibujos de Henri Michaux.

Un hombre contemplar varios de los dibujos de Henri Michaux. (EFE)

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Un hombre contemplar varios de los dibujos de Henri Michaux.

de un vistazo

La exposición. Henri Michaux. El otro lado. Museo Guggenheim Bilbao.

Fechas. Hasta el 13 de mayo.

Comisario. Manuel Cirauqui.

las salas

Sala 305, ‘Apariciones y fantasmismo’. Michaux renegaba de toda filiación o movimiento y confesaba que el único movimiento al que podría adscribirse

sería el fantasmismo: un arte de espectros y apariciones. Esta sala ofrece una amplia selección de obras en las que los personajes de Michaux acuden al encuentro con el artista y el espectador desde la profundidad infinita del papel.

Sala 306, ‘La vida de los signos’. Los experimentos caligráficos constituyen una vasta porción de su producción gráfica.

Sala 307, ‘Manipular la psique’. En 1955, participó en experimentos con mescalina, de la que surgieron conocidas obras literarias y un gran número de minuciosos dibujos siguiendo una matriz gráfica.

BILBAO- El Museo Guggenheim Bilbao abre hoy una exposición sobre el inclasificable poeta y pintor Henri Michaux integrada por más de 200 obras, incluidas las que el artista pintó bajo la influencia de drogas alucinógenas como la mescalina.

Henri Michaux (Nemur, Bélgica, 1899-París, 1984) experimentó en los años 50 con sustancias alucinógenas bajo la supervisión del neurólogo bilbaíno Julián de Ajuriaguerra, pero no de forma hedonista, sino con vocación exploratoria y científica, para “sorprenderse” de las representaciones que surgían de los estados de conciencia alterados. Los resultados de estos experimentos y obras de otras épocas, hasta abarcar 60 años de trabajo, se plasman en la exposición Henri Michaux. El otro lado, que el Guggenheim de Bilbao ha organizado en colaboración con los Archivos Michaux de París y que se mostrará hasta el próximo 13 de mayo. La retrospectiva fue presentada ayer por el director del Museo, Juan Ignacio Vidarte;el comisario de la muestra, Manuel Cirauqui, y el director de los Archivos Michaux, Franck Leibivici, que destacaron que Michaux está considerado una figura inclasificable de la literatura y las artes del siglo XX, descrito en ocasiones como “poeta de poetas” y “pintor de pintores”, y cuyo trabajo fue alabado por autores como el escritor francés André Gide y el pintor británico Francis Bacon.

Muy prolífico, Michaux realizó miles de obras pictóricas, muchas de ellas en papel y tinta, de las cuales el Guggenheim Bilbao expone más de 200 piezas, acompañadas de documentos y objetos que pertenecieron al artista, como estatuillas adquiridas en sus viajes por el mundo o instrumentos musicales. Con estos objetos se pretende subrayar el interés constante de Michaux por las ciencias, la musicología y la etnografía, y el reflejo de ello en su trabajo.


pintar para “sorprenderse”La exposición recorre desde sus primeras obras de fondos negros, realizadas en los 20 y 30, pasando por los frotagge -obras en las que pone objetos bajo el papel y frota hasta que aparecen formas- hasta llegar a los dibujos mescalínicos y la última etapa en la que Michaux trabaja sobre lienzo y hace obras en color. Interesado por la pintura gracias a Paul Klee y Max Ernst, Henri Michaux pintaba para “sorprenderse” a sí mismo, sin imágenes preconcebidas. Él mismo decía que la única corriente pictórica a la que se podía adscribir era el fantasmismo, un movimiento imaginado por el propio Michaux para describir su arte de seres y retratos indefinidos.

El director de los Archivos Michaux explicó cómo trabajaba el artista: echaba el pigmento sobre el papel y esperaba a que “apareciese” una forma, que después intentaba “fijar” con unos trazos. “No preparaba lo que iba a hacer, sino que se ponía en disposición de lo que iba a suceder sobre el papel”, indicó Manuel Cirauqui. Para transmitir la idea de cómo trabajaba el artista en su estudio, muchos de los dibujos expuestos se muestran sin enmarcar en vitrinas. La exposición contiene una amplia presencia de los experimentos caligráficos de Michaux, quien estuvo fascinado por las escrituras orientales y especialmente por los ideogramas chinos.

En 1955, a una edad ya madura, Michaux tomó parte por primera vez en un experimento con mescalina, para lo que contó con ayuda de médicos como el neurólogo bilbaíno Julián de Ajuriaguerra, quien escribió un libro sobre esta experiencia. También trabajó bajo los efectos de la psilocibina, el LSD y el hachís. - Efe

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