La aldea global

Motos y la tríada infernal

Por Txerra Díez Unzueta - Viernes, 2 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Galería Noticia

Hacer televisión en directo es fórmula necesaria para descubrir su potencial narrativo, nacido hace casi cien años y desarrollado tras la segunda guerra mundial de modo intensivo en formulaciones variadas y en programas audiovisuales múltiples que han exprimido el jugo a esta manera contemporánea de comunicar y entretener. Pablo Motos maneja de lunes a jueves, el tramo de prime time con audacia, valentía e imaginación en Atresmedia. Es producción en vivo y en directo que el pasado lunes, le pegó un susto a este maestro de entrevistas y animación televisiva. La fórmula es sencilla, asentada en el mercado, pero la citada noche, el programa se le fue de las manos y hasta las mascotas de peluche le advirtieron que la dinámica con los invitados podría llevarle al fondo del barranco mediático. Olvido Gara, Bibi Andersen y Mario Vaquerizo se hicieron dueños del plató y el tiempo, rompiendo las reglas del guion, saltándose la pauta de un programa que se desarrolla sujeto a rígida norma de continuidad del espacio en manos del presentador/conductor. La personalidad arrolladora de Bibi, la injerencia descarada y heterodoxa de Vaquerizo, y las mínimas intervenciones de Olvido, que fue la única que respetó el producto, convirtieron el programa en un desaguisado ególatra y ruidoso, lleno de injerencias, pisotones, y desacuerdos en las intervenciones de los protagonistas que anularon a Motos, que se supone habrá aprendido de esta dura experiencia, que remató de mala manera Marta Hazas y sobre todo El Monaguillo, tipo en busca de la renovación de su contrato con Pablo, y que resultó soso y anodino con un par de intervenciones que le habrán supuesto de momento no saborear el trance del paro, que todo se andará porque el programa necesita algo más que chapa y pintura para que vuelva a funcionar a toda máquina. El hormiguerose les escapó de las manos con la presencia de tres seres infernales que se lo pueden comer todo, incluido Pablo Motos.