Ana Fernández actriz

“Este espectáculo habla de lo que somos y de lo que queremos ser”

La actriz se presentará mañana (19.00 horas) en el Gayarre al frente de ‘El lunar de Lady Chatterley’, una mujer que defiende su independencia en un contexto machista

Ana Oliveira Lizarribar Laura Ortega - Sábado, 3 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Ana Fernández, durante la representación de "El lunar de Lady Chatterley"

Ana Fernández, durante la representación de "El lunar de Lady Chatterley"(Laura Ortega)

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Ana Fernández, durante la representación de "El lunar de Lady Chatterley"

Pamplona- Creo que el espectáculo nació primero como una lectura dramatizada en Sevilla.

-En 2015 me llamaron para una lectura en la Universidad Menéndez Pelayo, en Santander, y me dejaron libertad para escoger. En ese momento recordé que me gustó mucho este texto de Roberto Santiago que vi dentro de un ciclo del Nuevo Teatro Fronterizo de Sanchís Sinisterra que se programó en la Casa Encendida de Madrid con la intención de llevar a escena a heroínas del siglo XX. Así que me puse en contacto con él para ver si me dejaba hacer la lectura en la universidad, y me dijo que sí.

Y de ahí surgió algo más grande.

-A partir del momento en que Roberto me prestó el texto, se lo pasé a varios amigos para que me dieran su opinión. Las lecturas me dan mucho respeto, y esta, además, era en un espacio al aire libre, y Antonio Gil, al que conozco desde hace mucho tiempo porque empezamos a estudiar juntos, no solo me respondió, sino que me dijo que le interesaba mucho y me ayudó a trabajarlo. Luego, se me ocurrió grabar la lectura para que pudieran verla Roberto y Sanchís Sinisterra y fue a partir de ese visionado cuando brotó la idea de que esto podía convertirse en un montaje. Y arriesgamos, porque yo me he metido a productora por primera vez. Antonio también se animó, lo armamos y aquí estamos.

¿Hasta qué punto la Constance que interpreta es la que creó D.H. Lawrence para El amante de Lady Chatterley y en quién o quiénes se ha inspirado para darle vida?

-Yo creo que es ella. La novela la leí en mi adolescencia. Durante mucho tiempo se vendió como novela erótica, pero no estuvo prohibida durante 30 años en Inglaterra por ese motivo, porque esa parte apenas ocupa veinte páginas y el libro tiene más de 200. Cuando decidí hacer la lectura, la volví a leer y me di cuenta de que lo maravilloso del texto de Roberto Santiago es que sabe reflejar a la Constance original un año y medio después de lo que ocurre en la historia de D.H. Lawrence. Y yo me inspiré en la novela, en lo que ese personaje contaba en ella;también me vi todas las películas que se han hecho, pero sobre todo me basé en lo que escribió Roberto, sacando información de él con la ayuda de Antonio Gil, que ha amado a esta mujer tanto como la amo yo. Todos los que estamos en este proyecto estamos enamorados de esta mujer que defiende su propia libertad, poder decidir sobre sí misma, sobre su individualidad, sobre su cuerpo;que es honesta, inteligente, que tiene sentido del humor y que debe defenderse en un contexto machista. Pero esta obra va más allá de todo eso, porque, ante todo, Constance es un ser humano. Dice lo que piensa, no es políticamente correcta, defiende su deseo... En esta sociedad estas personas no son cómodas.

Seguramente por eso es una obra tremendamente actual y oportuna.

-Estamos convencidos de que es así. Si hablamos de una mujer que se defiende en un tribunal y ante una estructura machista, eso no ha cambiado tanto. Es verdad que ella se defiende desde su época ante la ley, en la que lo humano se queda fuera. Cuando estaba preparando el papel me informé con abogadas y abogados porque me preocupaba usar bien los términos, y vi que a la ley lo humano, los sentimientos, no le importan. En el texto de Roberto, ella se defiende a través de los adjetivos frente a lo sustantivos, lo concreto, la prueba, el hecho, que es lo que le piden. Eso tampoco ha cambiado tanto.

Tampoco ha cambiado tanto en el sentido de que, al igual que Clifford, hay maridos que creen que las mujeres son de su propiedad.

-Así es. Clifford es un ser castrado, no tanto físicamente como mentalmente. Él considera que su mujer le pertenece y cuando ella alza la voz, va a machacarla directamente. Y la demanda para quitarle algo que en realidad pertenece a Constance. Es suyo. Su independencia económica. No quiere divorciarse de ella, porque entonces no podría pedirle ese dinero ni atacarla;es un juego maquiavélico el que establece él contra ella. Pero ella es valiente y se defiende. Claro está que pertenece a una determinada clase social y si no fuera una lady, no podría hacerlo. Seguramente, a una campesina no le dejarían ni plantearse litigar.

Aunque desde su privilegio de clase, se convierte en un ejemplo para el resto de mujeres;del mismo modo que estos días actrices, cantantes, artistas y personalidades relevantes están sacando a la luz situaciones de desigualdad, provocando una reacción general.

-Lo interesante de espectáculos de este tipo es que hombres y mujeres reflexionen sobre lo que han visto y puedan mirarse por dentro y abrirse al diálogo y a la discusión. Creo que esta propuesta invita a pensar sobre el sistema en el que vivimos todavía, sobre lo que somos y sobre lo que queremos ser. Es lo que me ha llegado del encuentro con el público. De pronto te encuentras con puntos de vista curiosos. La persona que está viviendo un conflicto personal se siente identificada íntimamente con la Lady;por otro lado, el espectador que está implicado en temas sociales ve la obra desde otro lugar. Eso es fantástico.

Además, ella no está en contra de los hombres.

-En absoluto. Hay algunos hombres fundamentales en la vida de Constance Chatterley. Ella misma destaca a su padre durante su defensa. Es un hombre caótico, se ha arruinado, pero ama de verdad, algo que ella considera importantísimo. Y luego está, por supuesto, el guardabosques, que para ellas es el hombre con mayúsculas.

¿Cómo lleva lo de estar sola en escena con toda la carga del espectáculo sobre sus espaldas?

-(Ríe) Fíjate que ahora mismo estoy también haciendo Tres hermanas, que es un montaje que ha dirigido Raúl Tejón y en el que estamos diez actores y noto todo eso que me dices todavía más. Hace poco estuve dos días con El lunaren el Festival de Málaga y luego volví con Tres hermanas, donde me sentía mucho más arropada, claro (ríe). Pero no me puedo quejar, yo elegí este reto y estoy muy ilusionada. Es verdad que la responsabilidad es grande y hay soledad, pero hasta cierto punto, porque ahí está el espectador. Este es un monólogo que rompe mucho la cuarta pared y hay un doble tribunal, el que juzga a Constance Chatterley y el que me juzga a mí también. Hay una conexión muy especial con el público y con todo lo que me rodea y que me ayuda mucho, como es la iluminación, el vestuario, la escenografía... Aunque fundamentalmente se trata del personaje y de los espectadores, a eso me agarro con todo el vértigo que he elegido libremente (ríe).

Y tanto que lo ha elegido, incluso se ha metido a productora y toma las riendas como la Lady.

-Así es, y lo hice en un momento de mi vida en el que necesitaba ilusión. Llevo muchos años trabajando como actriz y esto me ha ayudado a retomar el contacto con lo que me hizo ser actriz: la ilusión y estar convencida de lo que estoy contando. Me gusta que los espectáculos entretengan, que en este caso es así porque la hora y cuarto se pasa volando por lo que me han transmitido los espectadores, pero que a la vez interesen porque inviten a la reflexión. Creo que El lunarplantea dudas, más preguntas que respuestas. Es fantástico cuando salimos del teatro dialogando con los que han acudido con nosotros. Por eso soy actriz.

Y con un personaje femenino como este...

-Respirar un personaje así es maravilloso. Tampoco hay tantos, las actrices lo tenemos más difícil para encontrar personajes que sean tan potentes, y Constance Chatterley lo es.

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