Danza

El medio y el mensaje

Por Teobaldos - Sábado, 3 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

‘Crotch’

Intérpretes: Compañía Baal de danza (Julio, Catalina, Rebeca, Aina, Nora y Reynaldo). Programa: Croth.Programación: Ciclo de danza contemporánea DanZ del Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: Civivox Iturrama. Fecha: 31 de enero de 2018. Público: un centenar de personas (3 euros).

El trabajo presentado por la compañía Baal me recuerda, en su estructura -y salvando las distancias- a la famosa coreografía Minus 16 del israelí Ohad Naharin, donde se pasa de la más horrorosa tragedia (los campos de exterminio nazis) a la festiva alegría del baile con el público. En Crotch (Entrepierna) sucede algo parecido: el espectáculo incide en los males sufridos por motivos de diferencia de género;mujer, homosexual, lesbiana… para terminar, no obstante, y después de diversos relatos, más o menos angustiosos, con una llamada de optimismo y superación, entre abrazos y baile. Como espectáculo, en esta propuesta, a mi juicio, es mejor el mensaje que el medio, aunque este, se vuelve muy potente al final. Es un espectáculo fronterizo, que se encuadra en la danza teatro, en el que el texto hablado, que explica la narración, es casi más potente que la danza;el texto queda subrayado por una danza que abusa bastante del suelo, de la cámara lenta y de movimientos gráficos y explícitos de violencia. Todo, quizás, es demasiado explícito, sin apenas elaboración coreográfica. Hay detalles conseguidos;por ejemplo, el comienzo, donde, sobre el canto gregoriano del Kyrie la Misa de Angelis, se bendice el matrimonio de disimulo, al que muchos homosexuales se veían abocados para guardar las apariencias;o la sutil referencia al ligue en los servicios públicos;o la sencilla y rotunda narración de una mala experiencia adolescente. A partir de ahí se insiste en el machismo bruto, que, no por violento, es más dramático;en los padres crueles, madres más comprensivas, esporádicas relaciones lésbicas, emotividad masculina (los hombres también lloran), etcétera. Pero, se echa en falta que todo eso se plasme en una danza más arriesgada y emocionante.

Sin embargo, la cosa cambia al final, cuando la compañía quiere romper la cuarta pared e interpela al público para que haga las preguntas que quiera sobre lo visto. Ciertamente, con un público bastante recatado como el de nuestra ciudad, es difícil romper esa cuarta pared, o sea, el patio de butacas, y ha habido ciudades más abiertas, a decir de la directora, a la hora de preguntar. Aquí se preguntó por la superación de malas experiencias, y, ciertamente, la respuesta afirmativa y optimista de la protagonista, tiene el potente subrayado de toda la compañía que, con valentía y profesionalidad, consigue la ruptura de esa cuarta pared, no solo con la palabra, sino con desinhibidos desnudos, abrazos al público y un baile discotequero bien realizado al que se une el respetable en el escenario. Y es que la compañía se ha ganado su confianza. Y todos hemos comprendido que el éxito radica, precisamente, en sobreponerse, en superar el oscurantismo, el disimulo, el miedo;con coraje -tirarle el kalimotxo al que te toca el culo sin permiso-, y tomándose la vida, por lo menos, con la alegría a la que todo el mundo tiene derecho;sea del género que sea;con libertad y respeto.