Mar de fondo

Bailar pegando

Por Xabi Larrañaga - Sábado, 3 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Hace tiempo leí que cuando, con veinticuatro años, Juan Manuel de Prada escribió Coños sabía mucho más de letras que de chichis, palabra horrorosa, sí, pero mejor que chumino, panocha y potorro. Por la zona champions se maquilla pero no se cura, pues en la pluma de Williams Shakespeare, en Rey Lear, “debajo es todo de los demonios, allí está el infierno, allí están las tinieblas…”, y aquí paro para que no retiren su obra de la biblioteca, que en esas estamos. Ramón Gómez de la Serna pergeñó Senos “en plena videncia juvenil”, así lo confesó, pero a diferencia de su imitador conocía de cerca el paño.

Lou Reed se inventó Heroin recién pasados los veinte y, dicen, también antes de probar el caballo. Quizás por eso no auguró que, en vez de alegato contra la droga, se elevaría a himno que embelleció el infierno, el de verdad. En ella se inspiró Mick Jagger para componer Stray cat blues, acerca de un hombre que se acuesta con una adolescente -“I can see that you’re fifteen years old...”-. Tampoco seguiré con esto, no creamos que el reguetón tiene nobles antecedentes. ¿Le quitarán su título de Caballero del Imperio Británico?

Tales dudas y mareos me vienen a la cabeza, y voy al grano, tras oír el Cara al sol en su versión pachanga ya en varias ocasiones, a gritos en una noche beoda madrileña, matando el silencio del bus en Lerma, en mensajes de guasap que no son chistes. Ahí truena, pues, popularísima en Spotify y en algunas discotecas españolas. Así que me pregunto si saben qué bailan y, en particular, sobre la tumba de quién. Y me temo que sí, que lo saben. Ni siquiera su autor, el paisano, imaginaría que llegaría tan lejos. Ni tan bajo.