Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Un tiempo no basta ante el Rayo

Empate | En el Sadar Osasuna se monta una reacción de furia tras el descanso, pero el gol de Oier sólo le alcanza para lograr un punto, ralentizar su escalada

Javier Saldise | Javier Bergasa/Mikel Saiz - Sábado, 3 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

El tiro de Barja, el mejor de Osasuna, provocará un barullo que no acabó en gol.

El tiro de Barja, el mejor de Osasuna, provocará un barullo que no acabó en gol. (JAVIER BERGASA/MIKEL SAIZ)

Galería Noticia

  • El tiro de Barja, el mejor de Osasuna, provocará un barullo que no acabó en gol.

PAMPLONA- Osasuna dejó todo el trabajo para el segundo tiempo y la excelente reacción a base de furia, que le llevó a palpar la remontada, no le bastó. El equipo de Diego Martínez no acaba de apartarse de ese perfil de grupo peculiar, capaz de ofrecer caras distintas en el mismo partido. Y así, ayer, en un encuentro eléctrico en la segunda parte, con ocasiones en las dos porterías, consintió con antelación muchos minutos de dominio y control de su rival para después ser capaz de crear juego y ocasiones para voltear el marcador. Poca fiabilidad resulta de un equipo con varias caras.

Osasuna, que se dejó dos puntos y sigue sin encontrar la clave de El Sadar, continúa sembrando algunas dudas en cuanto a sus posibilidades de pelear hasta el final por el ascenso y frente al Rayo perdió una gran oportunidad para asaltar los puestos de cabeza, mejorar en la clasificación, creerse más que de verdad se puede.

Esta segunda prueba consecutiva con otro equipo de la zona noble le daba al partido un carácter de reválida frente a otros de los buenos, la de medida más concreta sobre las opciones de Osasuna para estar con los mejores. El Rayo, uno de los mejores equipos ha pasado por El Sadar esta temporada, fue superior cuando afrontó el partido con desinhibición y valentía y, por contra, sufrió de verdad cuando los rojillos espolearon la contienda, metieron ritmo y pasaron de actores secundarios a protagonistas.

En otro partido de sensaciones encontradas, Kike Barja fue el hombre más activo para mantener en pie a los suyos cuando peor pintaba la contienda y Oier, otro de la casa que defiende el honor de portar el brazalete, le dio el premio a los suyos en un segundo tiempo en general excelente. Al espíritu y la pelea, al encuentro de recursos, se deberá agarrar el equipo de Diego Martínez como conclusión de otro partido con fiasco en El Sadar. En este juego de puntos, como recordó el técnico para descafeinar el poderío innegable de las plantillas de talonario, las cuentas no salen de uno en unio.

Osasuna jugó con el corazón y por el costado de Barja en el primer tiempo y esto no fue suficiente ante un Rayo mucho mejor con el balón. El equipo madrileño tuvo las ideas más claras, se plantaba en dos pases en las cercanías del área e imponía una impronta al choque que creaba un incomodidad patente a los rojillos. La velocidad del Rayo se mostró en los primeros treinta segundos, cuando Raúl de Tomás estuvo a punto de marcar en una acción de centro desde la banda y remate.

Los problemas con el delantero no acabarían ahí y, peor aún, se incrementaría por otros, especialmente Embarba que, con el paso de los minutos, decidió ganar posiciones y jugar descaradamente arriba. Osasuna sacó el pundonor en un puñado de minutos mediado el primer tiempo, cuando acertó a incorporarse al ataque. En ese lapsus, Kike Barja, ya el mejor de los suyos, acertó a soltar un zapatazo que obligó a la primera intervención del meta rival. Corría el minuto 33 del partido y la aparición esperanzada del canterano no animó a sus compañeros. El Rayo dejó lo mejor para el final y primero fue de nuevo Raúl de Tomás quien casi marca si no llega a mediar el cuerpo de Sergio Herrera. A dos minutos del descanso, fue Embarba quien no perdonó. El atacante se aprovechó de un pase al hueco que resolvió en el borde del área con control orientado y zurdazo imparable. El aparente equilibrio se desniveló hacia el que fue el mejor con la pelota. Que no siempre sucede, pero sí ayuda.

A la tempestad del Rayo le siguió el torbellino de Osasuna. La puesta en acción de los rojillos en el segundo tiempo pone en duda este tono conservador que destilan las actuaciones del equipo en el inicio. Con sordina en el juego en los primeros cuarenta y cinco minutos, Osasuna salió desatado en la reanudación y puso al Rayo contra las cuerdas. La salida en tromba, con centros y centros sobre el área y ocasiones consecutivas -alguna carambola increíble como la protagonizada al alimón por Barja y Quique, con balón al poste incluido- dio a continuación sus frutos en una acción con ciencia y coraje a partes iguales. El insolente Barja volvió a templar desde la banda un centro perfecto y Oier, que acudía al área porque hasta allí le llevó el corazón, remató de cabeza como un 9 clásico, llevándose todo por delante.

Osasuna tuvo tiempo por delante y oportunidades suficientes como para haberse llevado al bolsillo algún gol más. Quique, que ofreció una lección de poderío físico e implicación hasta el último aliento, dispuso de ocasiones para él -un mano a mano con el portero- y para los demás -una carrera de extremo con centro al que no llegó David Rodríguez-, pero no hubo premio para Osasuna y todo concluyó en un final loco. Con el Rayo, ambicioso y valiente también, con un par de oportunidades que aún pudieron firmar un final peor.

Herramientas de Contenido