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Ucrania: la guerra olvidada de Europa

Es una guerra sin batallas ni avances. Caliente y congelada a la vez. Unas 200.000 personas habitan en la línea que separa a los dos bandos con la extraña normalidad que supone vivir entre minas

Domingo, 4 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Dos ancianos caminan entre los escombros que ha dejado el conflicto en el este de Ucrania.

Dos ancianos caminan entre los escombros que ha dejado el conflicto en el este de Ucrania. (EFE)

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  • Dos ancianos caminan entre los escombros que ha dejado el conflicto en el este de Ucrania.

El este de Ucrania vive desde hace casi cuatro años un conflicto “con altibajos” del que se habla poco pero que afecta a 4,4 millones de personas, en especial a quienes viven en la línea de contacto entre las zonas bajo control del Gobierno ucraniano y los separatistas prorrusos de las regiones de Donetsk y Lugansk, que sufren los “enfrentamientos diarios”, subraya el representante del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) en el país, Pablo Mateu.

“El conflicto en el este de Ucrania no es un conflicto congelado sino más bien caliente y con altibajos”, sostiene Mateu en una entrevista concedida a Europa Press, reconociendo que no es un conflicto al uso puesto que “no hay batallas ni avances de uno u otro lado” sino que los enfrentamientos se concentran en torno a la línea de contacto, que lleva fija desde hace dos años.

Quienes viven en torno a esta línea de contacto, unas 200.000 personas entre quienes se encuentran a 5 kilómetros de la misma en territorio bajo control de Kiev o bajo control de los separatistas, son víctimas a diario de los enfrentamientos, pero también ven cómo sus casas son destruidas y los servicios de agua, electricidad o teléfono son suspendidos porque han sufrido daños en algún ataque.

En 2017, según los datos de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), se registraron 14.886 incidentes de seguridad en los que hubo 105 civiles muertos y otros 486 heridos. Además, se contabilizaron 158 víctimas por minas y explosivos.

Según explica Mateu, quienes siguen viviendo en esta zona pese a la peligrosidad de la misma no lo hacen porque estén recibiendo ayuda sino porque “no tienen los recursos” para poderse marchar a otro sitio y alquilar una casa en la que vivir, pero si los tuvieran “lo harían”.

Entre quienes siguen viviendo aquí y se encuentran en una situación más complicada figuran miles de ancianos que tienen problemas para poder cobrar sus pensiones. Aquellos que viven en las zonas bajo control separatista, explica el responsable de ACNUR, no siempre pueden cruzar hacia las zonas gubernamentales.

“Cada mes, más de un millón de personas cruzan la línea de contacto para ver a sus familiares, resolver documentos y cobrar las pensiones pero los ancianos lo tienen más difícil”, sobre todo quienes viven en Lugansk, ya que hay un único punto de paso en un puente destruido que hay que cruzar a pie y para muchos llegar hasta allí en taxi o autobús “equivale a la mitad de su pensión”. Por ello, indica, el Gobierno ucraniano está estudiando revisar las leyes para ver cómo resuelve el problema del pago de las pensiones.

Otro de los grandes problemas es la presencia de minas y otros artefactos explosivos en la zona. Recientemente, el Fondo de la ONU para la Infancia (UNICEF) advirtió de que unos 220.000 niños estaban en riesgo en el este del país por la presencia de este tipo de armamento. “Ucrania es uno de los países más contaminados del mundo”, resalta Mateu.

“Esto tiene implicaciones no solo para las vidas de las personas, sino también para la economía” ya que el hecho de que los terrenos estén minados impide que se puedan cultivar las tierras más allá de pequeños terrenos a “escala reducida”, lo que no ayuda a paliar la situación de inseguridad alimentaria en que la ONU estima que se encuentran unos 1,2 millones de personas, que “tienen que decidir entre comprar comida, pagar el gas o comprar carbón para calentarse” durante el frío invierno.

“El problema es que el conflicto se ha vuelto en la normalidad para las familias y se acostumbran a vivir con el conflicto y asumen más riesgos, caminando por zonas minadas”, advierte el responsable de ACNUR.

ucranianos en españa Ante este panorama, las autoridades ucranianas cifran en 1,8 millones los desplazados internos por el conflicto armado -aunque la cifra podría ser superior- mientras que otros 500.000 ucranianos han buscado refugio fuera del país, principalmente en Rusia. España es el tercer país de destino. De acuerdo con los datos de la agencia de la ONU, las solicitudes de asilo de ucranianos en España se han duplicado desde 2014, cuando hubo 946, frente a las 2.039 de 2017. No obstante, este último dato es inferior a las 2.746 solicitudes registradas en 2016 y a la cifra récord registrada en 2015, con 3.423 solicitudes, si bien entonces el conflicto estaba en su punto álgido.

Como en otros países, la falta de fondos es un obstáculo a la hora de ofrecer asistencia a quienes la necesitan. “Entiendo que se pueda decir que en comparación con otras crisis Ucrania no está tan mal”, admite Mateu, “pero para la pobre persona anciana que tiene que esconderse en el sótano de su casa es difícil de explicarles que los donantes tienen fondos limitados y tienen que escoger”.

Ante esta situación, señala, las organizaciones humanitarias como ACNUR tienen que “buscar fondos alternativos en las empresas privadas y en los ciudadanos”, como los españoles, que se han mostrado muy solidarios siempre con la agencia de la ONU. Además, dado el estancamiento de la situación hay que “buscar otras soluciones” a seguir distribuyendo carbón y otra ayuda cada invierno a los afectados por el conflicto y centrarse más en programas de desarrollo.

No obstante, incide Mateu, hay que tener en cuenta que las personas mayores no necesariamente se van a beneficiar de este tipo de programas de desarrollo, que suelen centrarse en la generación de empleo y de pequeños negocios, puesto que por su edad no van a volver a trabajar. “Ahí es donde las agencias humanitarias tienen que jugar un papel y no permitir que estas personas caigan por las grietas del sistema”.

Por último, el responsable de ACNUR reclama que no se deje en el olvido este conflicto que “ha desaparecido del radar” puesto que sigue estando ahí y sigue habiendo necesidades que atender y que cubrir.

Con ese panorama, la ONU ha solicitado 187 millones de dólares para 2018, una cifra inferior a la del año pasado, cuando se solicitaron 204 millones, de los que solamente se recibió un 35%. - Europa Press

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etiquetas: europa, guerra, ucrania