A la contra

Opiniones

Por Jorge Nagore - Domingo, 4 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Ayer me desperté sin opiniones. Es una sensación muy buena. Te encuentras como más ligero, liviano, más que andar bailas por la casa. Las opiniones en sí mismas no son perjudiciales. Lo malo es tener que tenerlas, por obligación. A mí me suele pasar que los días que tengo que escribir columna -5 de cada 7- no tengo opinión de nada y los otros dos días en cambio, sí, y como no me gusta trabajar los días que no tengo que hacerlo un montón de días de trabajo me veo a las 7 de la tarde obligándome a tener una opinión precisa y trasladable sobre cualquiera de los 10 millones de temas que pueblan la actualidad, porque sin una opinión mínimamente decantada a ver a dónde voy en esta profesión, ni a la esquina. Claro, tengo opiniones precisas y antiguas acerca de 30 o 40 temas generales, pero no puedo andar explicando eso cada vez, tengo que bajar a lo concreto. Y muchas veces lo concreto apesta. O no tienes ninguna gana de tener una opinión indestructible acerca de un asunto equis. Hay personas, en cambio -las leo en las redes sociales- que tienen una opinión exacta, argumentada e indubitativa sobre todo lo existente, ya sea la política local, la general, la economía, Pablo Hasel, los transgénicos, el derecho a decir, el fichaje de Íñigo Martínez, la situación de la literatura infantil o el sol. Me los imagino en casa con cientos, miles, millones de folios con anotaciones y esquemas y flechas, donde apuntan, organizan y clasifican esas ideas que van archivando en carpetas Saro por grandes bloques de pensamiento o de realidad: Dios o no;Historia de Europa;Los abusos del capitalismo. Todo así. Yo eso en cambio no, voy teniendo la mayoría de las opiniones sobre la marcha, lo cual es más divertido pero al mismo tiempo da pie a que entres en muchas más contradicciones, puesto que no hilas como hila esta gente, que lo tiene todo interrelacionado. No sé cómo lo soportan.

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