Noticias de NavarraDiario de Noticias de Navarra. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Navarra
El rincón del paseante

De mansiones, lazaretos y otras zarandajas

Por Patricio Martínez de Udobro - Domingo, 4 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Galería Noticia

Hola personas, una semana más con vosotros para contaros mis cosas. Esta semana he dado un paseo que, sin lugar a dudas, es uno de mis favoritos.

He salido por Gorriti a los chalets de Argaray y de ahí a la Avda de Baja Navarra tomando dirección Burlada. He cruzado la avenida a la acera de los impares, la que comprende del nº 39 al nº47, cinco casas que son cinco mansiones, es como salir de Pamplona y entrar en un barrio alto de Paris, el primero el de Brun, sobrio y elegante, y el último el de Izu con todo el oropel y el lujo que acompañaba a los indianos cuando volvían forrados de hacer las Américas. Su gran reja de forja se corona con un anagrama que no todo el mundo descifra: I-U, entrelazadas, ¿quiere esto decir que don Ambrosio era seguidor de Anguita?, noooo, quiere decir Izu-Urmeneta, que tales eran los apellidos del matrimonio propietario del palacete que hoy ocupan un montón de colegios profesionales y un restaurante de buen tamaño, calculad el calibre de la choza.

He seguido mi camino y unos metros más adelante he llegado a mi objetivo: un pequeño camino que serpenteante baja hasta el río. El camino siempre es el mismo pero siempre es diferente, denso y fresco en verano, caduco y tostado en otoño, desnudo y lastimero ahora en invierno, prometedor y reventón en primavera. Os aconsejo pasearlo de noche. Su vegetación en verano es inclasificable por su frondosidad, una misma planta parece tener hojas lanceoladas, aserradas, palmeadas u oblongas en un tótum revolútun que dificulta saber quién es el tronco padre de cada una. Como la vida misma.

Cruzo el cauce del Arga por un puente peatonal sencillo pero fuerte hecho de estructura metálica y madera. Me asomo y veo a nuestro río crecido, oscuro, potente y callado.

Una vez al otro lado, tomo el camino que nace al frente y que me lleva, a la derecha, al criadero de caballos de Goñi, destino estrella de excursión dominguera en la infancia y, a la izquierda, a las huertas de Zabalza, auténtico filón de oro verde en forma de lechugas, acelgas, borrajas y demás joyas que sus tierras, bien trabajadas, les proporcionan. Un poco más adelante llego al frontón de los Ayestarán, extraño caso de edificio que por fuera asemeja una casa perfectamente equipada con sus ventanas, puertas y demás componentes y por dentro está vacía: es un enorme frontón de pelota. Un lugar de los de dar envidia.

Las pasarelas están cerradas al paso de personas humanas porque las crecidas de estos días han almacenado sobre ellas kilos de leña y maleza. He seguido hasta el puente románico de la Magdalena, el segundo en antigüedad de los que atraviesan el Runa romano en la vieja Iruña y entrada secular del Camino de Santiago. Frente a él se encuentra actualmente el convento de las Josefinas, un sobrio edificio del XIX con una ecléctica capilla obra de Serapio Esparza que sustituyó a la original construida en madera por imperativo del ministerio de defensa.

Donde hoy habitan las religiosas hubo durante siglos una leprosería que, como tantas otras, estaba ubicada al pie del Camino ya que éste tenía fama de traer enfermedades de Centroeuropa, en el lazareto se atendía a los enfermos y el río era la frontera natural con la ciudad. La orden de San Lázaro, encargada de tal menester, levantó un gran número de hospitales a lo largo de la ruta Jacobea y éstos se llamaban casas de San Lázaro o casas de la Magdalena, de ahí le viene el nombre al barrio. La Santa tenía fama de sanadora por haber embalsamado el cuerpo de Cristo

Existe un caso análogo en Betanzos, así que desde aquí propongo una hermanación con Betanzos por tal coincidencia. Con menos motivo se han dado.

Cruzo el puente y camino por la otra orilla, esta era mi favorita en las tardes estivales de pesca. Los primeros aparejos que tuve fueron un palo, donde enrollaba la pita, un corcho flotante, tres plomos y un anzuelo, escarbando en la tierra con las uñas sacaba lombrices que asesinaba ensartándolas en el anzuelo y que lanzaba al agua en espera de la incauta chipa, horas y horas para sacar cinco desgraciadas que no servían para nada, así qué… ideamos cosas, la primera fueron unos sacos de frutas de rejilla que atábamos con cuerdas y llenábamos de piedras y de panes, los dejábamos a modo de retel y al rato tirábamos de las cuerdas para arriba con bastante éxito, ya no eran cinco, ya eran algunas más, pero… tampoco servían para nada, otro invento fue una botella de champán a la que rompíamos el culo en su parte más estrecha y la llenábamos de migas de pan, los peces entraban pero no podían salir, también era método exitoso, pero como tampoco servían para nada al final de la tarde las volvíamos al río para seguir jugando con ellas otro día, casi eran amigas, sabían que estábamos de broma. Solo nos llevábamos a casa un asqueroso olor a fango y los pulmones llenos de aire.

He ido a tomar el ascensor de la muralla pero en ese momento subía así que he seguido por la cuestarriba donde se encuentra Villa Regalada y por las maravillosas escaleras que llevan al Baluarte de San Bartolomé he salido al paseo de la Ranura de Cervera y de ahí por la Medialuna he vuelto a casa.

Eran las 0.55 y el mercurio marcaba 3 º C.

Hasta el próximo domingo.

Besos pa tos.

Herramientas de Contenido