López, una institución en las tradiciones de Altsasu

Luis Mari López de Goikoetxea celebrará mañana, día de Santa Águeda, medio siglo de su quinta y también de hacerse cargo de los ensayos

del zortziko

Nerea Mazkiaran - Domingo, 4 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Luis Mari López de Goikoetxea Sueskun en la plaza de Los Fueros de Altsasu, epicentro de la vida social y cultural de la villa.

Luis Mari López de Goikoetxea Sueskun en la plaza de Los Fueros de Altsasu, epicentro de la vida social y cultural de la villa. (NEREA MAZKIARAN)

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Luis Mari López de Goikoetxea Sueskun en la plaza de Los Fueros de Altsasu, epicentro de la vida social y cultural de la villa.

“Ahora falta la mejor academia, la plaza. Para bailar hay que poner genio”

altsasu- En la cuenta atrás de la festividad de Santa Águeda, los 79 jóvenes de Altsasu que celebran este año esta fiesta cuentan las horas que les quedan para arrancar mañana cinco días de festejos. Y es que Santa Águeda son palabras mayores en la villa, una fiesta que ha sabido adaptarse a los tiempos y continúa muy viva. Y es así porque hay personas que trabajan de manera desinteresada para que no se pierdan las costumbres que les transmitieron sus mayores;personas como Luis Mari López de Goikoetxea Sueskun, alguien clave en la transmisión del folklore de Altsasu. Lo cierto es que durante cuatro décadas se encargó de enseñar a bailar elzortziko a generaciones de altsasuarras. Se trata de la prueba de fuego que hay que pasar en Santa Águeda cuando uno a uno lo bailen los quintos en la plaza. Así, cientos de jóvenes han sido discípulos de Luis Mari con mayor o menor fortuna.

Nacido en 1947, comenzó a enseñar el zortziko al año siguiente de celebrar su Santa Águeda, en sustitución de Demetrio Urizar. Así, este año será especial, cuando se cumple medio siglo desde que asumió la responsabilidad de enseñar esta danza imprescindible en las fiestas señaladas de Altsasu y el de las bodas de oro de su quinta. “Mis quintos ya me han dicho que este año tengo que comer con ellos”, apunta Luis Mari, a quien siempre le invitan el 5 de febrero otras quintas a las que enseñó a bailar.

Apasionado de las danzas y las tradiciones, aprendió a bailar el zortziko de niño viendo los ensayos. “Antes no había el frontón cubierto y solían ensayar en los pasillos de las escuelas Domingo Lumbier”, recuerda. Entonces no había grupo de dantzaris, desaparecido unos años antes. Se recuperó en la década de los 60 en torno al Gure Etxea, formalmente un grupo de montaña pero sobre todo un grupo de jóvenes con inquietudes que trabajó en la recuperación de la cultura vasca en pleno franquismo, con la incomprensión de muchos y la oposición de las fuerzas vivas.

Entre estos jóvenes estaba Luis Mari. “Nos asesoró José Mª Satrustegi”, destaca. “Como profesor teníamos a Tomás Iraola, de Alegría de Oria. Era muy bueno. Venía todos los sábados y nos enseñaba diferentes danzas, sobre todo de Gipuzkoa. También aprendimos alguna vizcaína, como la Kaxarranka de Lekeitio” recuerda. Con un cuerpo que le acompañaba y pasión, pronto destacó. Y es que levantaba la pierna como nadie. “Me llamaban para al aire”, observa. También era conocido como López, Perejil, porque estaba en todas las salsas o el hijo pequeño de la Juliana, diferentes maneras de llamar a Luis Mari, toda una institución en Altsasu.

Luis Mari L. goikoetxea Exdantzari y mucho más

Es una persona ligada a la plaza, a días de zortzikos y a una época de jotas y porrusaldas los domingos con la banda, los Gau txori o una gramola cuando no había más. También se encargaba de poner orden, vigilando muy de cerca de los txikis, mostrándoles su genio. “En una kalejira una vez uno salió disparado al nogal. No les podía ni ver, solo les dejaba bailar el último día de Santa Águeda”, recuerda.

Las salas de fiestas y discotecas vaciaron la plaza, aunque la jota y la porrusalda pervivieron en el Nuevo Paraíso para avisar que había llegado la hora del cierre. “Ahora falta la mejor academia, la plaza”, lamenta. “Algunos quintos cogen enseguida pero otros son muy torcidos. Las chicas bailan mejor, le dan otro aire. Hay que ponerle genio”, apunta este veterano dantzari.

HOMENAJESLuis Mari es profeta en su tierra y a lo largo de su vida, sobre todo estos últimos años, ha sido reconocido tanto por parte de colectivos como desde el Ayuntamiento. Y es que también ha sido uno de los artífices de la recuperación de otras celebraciones como la del rey de los cencerreros, la feria de la Cruz de mayo o el carnaval rural entre otras. “Es una persona muy voluntariosa. Ha estado en todas”, apunta Enrike Zelaia, otra institución en Altsasu. “No decía no a nada. Era mi lugarteniente”, bromea el akordeoilari, persona con una vitalidad increíble a la que cuesta seguirle. Además, Luis Mari formó parte durante cerca de una década de las dos parejas de dantzaris que acompañaron a Enrike Zelaia en sus actuaciones por toda Euskal Herria. “Solía hacer en torno a cien al año. Después comencé a darle más importancia a la música y actuaba solo pero Luis Mari me solía acompañar”, recuerda.

El último homenaje que recibió fue en 2012, el día grande de las fiestas de Altsasu, de la mano del Ayuntamiento en reconocimiento a su gran labor en la recuperación y mantenimiento de las tradiciones de la villa. Unos meses antes le homenajeó Trasteando Taldea en un centro Iortia a rebosar. En 2008 recibió otro, en esta ocasión en las fiestas del casco viejo. “También me homenajearon en Bakaiku porque les ayude a recuperar su zortziko”, recuerda.

Aunque agradece de corazón estos reconocimientos, Luis Mari se queda sobre todo con las muestras de cariño que recibe cada día de vecinos de todas las edades, muchos discípulos suyos en aquellos ensayos del zortzikoque se sucedieron durante cuatro décadas, hasta que lo dejo hace diez años.