Música

Música de sonar

Por Teobaldos - Lunes, 5 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

‘CICLO BEETHOVEN ACTUAL’

Piano: Eduardo Fernández. Programa: Beethoven: sonatas números 10, 11, y 18. Legeti;estudios números 4 y 18. Ramón Paus (1959): Estudio para Udacilo, un príncipe genómico (¿?) (2016). Programación: Ciclo Beethoven Actual del Baluarte y el Inaem. Lugar: sala de cámara del Baluarte. Fecha: 30 enero de 2018. Público: menos de media entrada.

La impresión de Belleza, tan arduamente buscada, tan vanamente definida, se mueve entre lo demasiado sensitivo y lo demasiado intelectual, y esta frontera común es el punto de equilibrio. Son palabras de Paul Valery que nos sirven para Beethoven: equilibrio entre clasicismo y romanticismo. La historia de la música europea posterior a Beethoven se hace, precisamente, desde las dos variaciones: la intelectual y la sensitiva. Pero, en Beethoven, estos límites fronterizos son muy fluidos, de tal manera que, aun en las primeras sonatas que llamamos más clásicas, ya está el Beethoven innovador;el que introduce el sentido de lied-sonata en el segundo tiempo, el que suprime el minué a favor del scherzo, el que fusiona el antiguo rondó con la forma sonata, el que, en definitiva, da una mayor entrada al elemento expresivo, y supera aquella antigua definición de sonata como “música de sonar”. Por todo esto, se me está haciendo un poco difícil entender, en muchos casos, el Beethoven que esta nueva generación de pianistas -sin duda muy bien preparados técnicamente- nos está ofreciendo en el ciclo, por otra parte encomiable, de la integral de las sonatas del maestro de Bonn. Unas veces los tempos me parecen precipitados;otras se solucionan haciéndolas muy clasicistas;con excepciones, claro, de verdadera profundidad. En el concierto que nos ocupa, es verdad que Eduardo Fernández presentó sonatas de atmósfera más clásica, pero son de Beethoven, y deben sobresalir en ellas, dentro de ese entramado de claridad meridiana en pulsación y sonido, el acento peculiar, el contraste efectivo, la nueva expresividad;todo a través del intérprete, que, a mi juicio, debe arriesgarse más, e introducir confesiones personales, emociones propias, aunque se equivoque;a mi me sonó todo casi igual. Por ejemplo la sonata opus 31, que fue equilibrada en el segundo movimiento, sin embargo se acentuó precipitadamente en el último.

Sin embargo, sí que hay que recalcar la excelente interpretación que Eduardo Fernández hizo de las obras de Ligeti. Sonaron francamente bien, y, puestas, en toda esta serie de conciertos, como cortinillas de contraste para las sonatas de Beethoven, en esta ocasión, se quedaban cortas. En los “estudios números 18 y 4” propuestos, su pulsación es rotunda, pero, a la vez controlada y con contrastes de delicadeza, que, por supuesto la tienen. Lo mismo ocurrió con Ramòn Paus (1959): la versión engrandeció la partitura que, desde luego, se escucha bien, pero sin dejar esa especial sensación de haber escuchado un estreno (salvo por el título). El público asistente sigue agradeciendo con sus aplausos ese enorme esfuerzo de divulgación de las sonatas, y aplaudió al intérprete, quien, de propina, dio un arreglo para piano de la famosa melodía de la muerte de Orfeo del Orfeo y Eurídice de Gluck. Melodía eterna que, dada con mayor o menor melancolía, siempre rebosa de hermosura.