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La semilla de una nueva vida

Carmelo Villafranca, Koldo Telletxea y Rosa Castro se dedican a la jardinería municipal, labor que les hace dar lo mejor de sí y crecer como personas

Laura Garde | Unai Beroiz - Lunes, 5 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Rosa Castro, Carmelo Villafranca y Koldo Telletxea, junto a uno de los estanques del Parque Uranga (Burlada).

Rosa Castro, Carmelo Villafranca y Koldo Telletxea, junto a uno de los estanques del Parque Uranga (Burlada). (UNAI BEROIZ)

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  • Rosa Castro, Carmelo Villafranca y Koldo Telletxea, junto a uno de los estanques del Parque Uranga (Burlada).

burlada- “Trabajar a bajo cero en invierno o a más de 30 grados en verano es duro, pero merece la pena si se trata de vocación”. Así lo aseguran Carmelo Villafranca, Koldo Telletxea y Rosa Castro, que estudiaron en la Escuela Agraria y desde hace veinte, cuatro y medio y trece años, respectivamente, se dedican a la jardinería municipal en Burlada. Su objetivo: que todos los vecinos y vecinas de la localidad y todo aquel que pase por ella, disfruten del resultado de su labor.

Divididos en tres equipos, dos de calle (como ellos los llaman) y uno exclusivo para el parque Uranga, su trabajo varía según la época del año: “El trabajo no falla en ninguna estación, pero en la que más hay es en primavera, entre marzo y junio”, explica Villafranca, oficial de jardineros. Ahora, en invierno, la mayor parte de su tiempo lo dedican a los árboles: “Con las lluvias, el césped todavía no se puede tocar, tiene mucha agua”, añade. Por ello, el foco lo ponen en la tala o plantación de árboles, la poda de plataneros (especie que se encuentra alineando las calles) y la revisión de nidos de procesionaria y avispa asiática (estos, en colaboración con el Gobierno de Navarra).

Hace tiempo que no abonan el césped, así que puede ser que esta primavera lo hagan: “Este año no estaría de más. Una técnica que utilizan en otros sitios es cortarla de manera muy fina, con unas máquinas especiales para ello, y dejar los restos ahí para que hagan la función de abono. Es una manera de ahorrar”, esclarece el responsable. Con la mejora del tiempo, la hierba empieza a “tirar” y los sistemas de riego deben estar a punto. Los jardineros son los encargados de controlar si funcionan, cambiar los estropeados, regularlos... ahora, esta tarea es mucho más sencilla que hace unos años porque están informatizados.

“En marzo funcionan al 50%;en abril, al 70%, en mayo, al 80%;y durante junio, julio y agosto, al 100%”, cuenta Telletxea. “También hay maceteros y setos que hay que mojar a mano”, agrega. El mantenimiento de los árboles de reciente plantación, el recorte de los setos y el cambio de las flores de invierno por las de verano y otoño, son otras de las tareas de la próxima estación.

Durante el verano, estos profesionales ponen el foco en la conservación del trabajo anterior: vigilar el césped, el riego y escardar las flores.

“Por último, en otoño, de nuevo se ponen las flores de primavera, se recoge la hoja y se va disminuyendo la cantidad de riego hasta hacerla desaparecer”, describen Carmelo y Koldo.

Para los jardineros de Burlada, los quehaceres van en aumento. “Más o menos, el arbolado, el riego y la limpieza de dos terceras parte de Erripagaña corresponde a Burlada. Lo demás lo realiza una empresa externa”, revelaron. Así, tienen a su cargo 2.500 árboles en Burlada y 3.000 en Erripagaña.

Por su parte, Rosa es una de los tres encargados del Parque Uranga: “Yo estoy por las mañanas y por las tardes vienen otras dos personas. Su trabajo es de vigilancia, últimamente el parque ha sufrido vandalismo”, afirma mientras asiente que todavía necesita más seguridad. Ella, entre otras cosas, cuida de la fauna de este espacio: limpia las jaulas y los estanques, los prepara para la primavera, llama al veterinario en caso de necesidad...

Son los tres equipos de jardineros los que proponen los proyectos al Ayuntamiento. Están satisfechos con el giro que han dado en los últimos años hacia la jardinería sostenible. En algunas zonas de Burlada, han sustituido las flores de temporada por plantas vivaces. Estas completan su ciclo sin morir: “Cambiamos alguna que se estropea, pero pueden vivir años”, señalan. De la misma manera, agradecen la renovación de maquinaria y la sustitución por sistemas de batería, que no emiten ruido ni humo.

vocaciónPara Carmelo, dejar la empresa en la que trabajaba por la jardinería municipal fue su “gran acierto”: “He ganado sobre todo en salud”. Para él, la jardinería son “muchas cosas”, con lo que están de acuerdo Koldo y Rosa: “Lo primero es conocerla. Cada especie es muy distinta y tiene cuidados diferentes. Esto es mucho más que plantar flores o regar un césped”. A Koldo le ha dado la oportunidad de desarrollarse como persona, y Rosa, que en su trabajo da “lo mejor de sí”, disfruta de cada detalle y está “encantada” por haber cumplido su sueño.

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