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Txantxagain: el origen de una tradición para Noáin

El Valle de Elorz estrena el sábado carnavales propios con la implicación de buena parte del pueblo y un ladronzuelo amigo del morapio como personaje principal

Mikel Bernués | Unai Beroiz - Martes, 6 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Agachadas, de izquierda a derecha: Ainara Erro y Laura Zabalza (Noaingo Gau Eskola). De pie: Marisa Sorbet, jefa de estudios del colegio San Miguel;el músico Javier Irigoien, Txantxagain y su enorme cabezón, la técnica de Cultura Nieves Beloqui y Alberto

Agachadas, de izquierda a derecha: Ainara Erro y Laura Zabalza (Noaingo Gau Eskola). De pie: Marisa Sorbet, jefa de estudios del colegio San Miguel;el músico Javier Irigoien, Txantxagain y su enorme cabezón, la técnica de Cultura Nieves Beloqui y Alberto Domingo, del grupo de dantzas Ardantzeta. (UNAI BEROIZ)

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  • Agachadas, de izquierda a derecha: Ainara Erro y Laura Zabalza (Noaingo Gau Eskola). De pie: Marisa Sorbet, jefa de estudios del colegio San Miguel;el músico Javier Irigoien, Txantxagain y su enorme cabezón, la técnica de Cultura Nieves Beloqui y Alberto

“La gente se ha sentido motivada e implicada. Ha sido fácil porque había ganas”

noáin- En pleno siglo XIX el invierno no era amable con las gentes del Valle de Elorz, pero a cambio regalaba uno de los acontecimientos del año: la matanza del cuto. Los vecinos esperaban con ansia una cita que garantizaba meses de pitanza. Y lo celebraban con un banquete en la plaza. Hasta que ocurrió lo peor. Un año la comida no estaba. ¿Quién era el ladrón? El hurto provocó el desconsuelo general y las sospechas señalaron un nombre.

Tenía que ser el Txantxo de Andricain, más conocido como Txantxagain. De profesión merodeador, amigo del morapio y de lo que no era suyo, deambulaba por el valle con su bandurria y un hatillo para guardar lo afanado. El pueblo salió entonces a buscar el alimento perdido y pilló al infractor con la prueba del delito, pancetas y txistorras que asomaban de su saco de trapos.

Este es el punto de partida de los carnavales de Noáin, que se estrenan este sábado mirándose al ombligo. Txantxagain, recreado para la ocasión con más cara que espalda, es ficción. Pero las costumbres y antiguos oficios del valle están ahí. “Es una novedad pero busca volver a la raíz, a lo que ha sido siempre el carnaval. Disfrazarse y taparse con cuatro trapos para ahuyentar a los males, a las plagas...”, explica Zesar Armendariz, alma máter de un evento que nace con vocación de convertirse en tradición. “Es un gusto trabajar con todos los colectivos implicados y el apoyo y profesionalidad de las trabajadoras del Patronato de Cultura”, añade.

Los implicados son muchos: Ardantzeta Dantza Taldea, Noaingo Gau Eskola, Taller de Teatro de Torres de Elorz, Escuela de Música de Noáin, CC Bidea, Grupo Scout Lykos, el Club de Jubilados de Noáin, el Ayuntamiento a través del Patronato de Cultura y el colegio San Miguel. “¿Que cómo se ha conseguido engañar a tanta gente?”, se dispone a explicar Javier Irigoien, colaborador en los temas musicales y coautor de la historia. “Quienes se acercaban a celebrar el carnaval sentían y sentíamos que no era nuestro. Nos apetecía participar y darle nuestro sentido de carnaval, que no es vestirse de Spiderman. Nada más lejos. Y cuando ha salido esta idea y se han ido tocando puertas, la gente se ha sentido motivada e implicada. Ha sido fácil porque había ganas”, resume.

“Todo se ha desarrollado rápido porque aquí los colectivos son muy currelas. Es una gozada. Ha habido mucho voluntario que ha ofrecido sus recursos y su sabiduría, y gente profesional que ha colaborado, como Yanira Calvo con las ilustraciones. Además, hemos elaborado un vídeo que recrea la historia de Txantxagain con un final abierto, para comunicar ese imaginario que hemos inventado”, cuenta Nieves Beloqui, técnica de Cultura del Ayuntamiento.

patrimonio inmaterial“Empezamos a barajar darle un giro al carnaval, crear una historia, un contexto... y utilizamos las entrevistas del Patrimonio Inmaterial del valle y distintas bibliografías para saber qué se hacía aquí. No había muchas cosas en torno al carnaval, pero sí se celebraba el matatxerri. Los vecinos se tapaban las caras con trapos e iban por la calle con guitarras y bandurrias celebrando la matanza”, cuenta Alberto Domingo, también ideólogo de un proyecto que hace extensible a todos los pueblos del valle para que la historia crezca.

Además de Txantxagain, enorme cabeza llena de pájaros y mala idea, fruto de la investigación el carnaval propone sin distinción de género a mondongueras y mondongueros, herreros, bodegueras, trilladoras y pastores, oficios habituales de la época para disfrazar al pueblo con trapos viejos que puedan ser luego pasto del fuego.

garantes de la tradición“Entendíamos vital la implicación del colegio, que los críos hagan suyo el personaje. Se está trabajando y se han preparado unidades didácticas”, dice Nieves. “La tradición son las costumbres y hábitos que se heredan de generación en generación. Ellos serán los depositarios de Txantxagain, y la idea es que lo hereden sus hijos. Somos pioneros de algo que será tradición y fundamentado en el patrimonio inmaterial de nuestros pueblos”.

En el colegio aceptaron encantados la encomienda de garantizar ese relevo. “Es una idea maravillosa y así lo hemos visto. Va a ser una tradición que poco a poco se va a construir con esos niños y niñas. Una tradición bonita y buena que creará todavía más pueblo y más unión. Desde el colegio aprovechamos para agradecer a los colectivos el trabajo que han realizado, porque nos lo han dado todo mascado”, comenta Marisa Sorbet, jefa de estudios del centro público.

La futura tradición verá la luz el sábado por la mañana. Una kalejira recorrerá las calles con puska-biltzea (recogida de alimentos) para una comida autogestionada. Y a partir de las 18.30 horas comenzará la kalejira junto a la Escuela de Música para buscar a Txantxagain, amenizada con una representación teatral coordinada por Ditirambo y en la que participan unos 25 voluntarios. Después tocará la quema de trapos sucios en la plaza San Miguel (19.30 horas), donde se decidirá el destino de un Txantxagain que se librará del fuego. “Me gusta el toque final. En vez de simbolizar el mal en una sola persona, todos asumiremos nuestra responsabilidad”, finaliza Zesar. Porque en la cabeza de cada uno, aunque no sea tan grande como la de Txantxagain, también hay mala idea y trapos sucios que lavar. Y siempre es mejor bailar que arder en una hoguera.

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