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Música

Encuentro de damas

Por Teobaldos - Miércoles, 7 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

ARIAS DE DÚOS DE ÓPERA Y ZARZUELA, AGAO

Intérpretes: Miren Urbieta-Vega, soprano;Ainhoa Zubillaga, mezzosoprano;Amaia Zipitria, piano. Programa: obras de Haendel, Mozart, Bizet, Puccini, Saint-Säens, Sorozábal, Chueca y Valverde, Chapí, Penella y Barbieri. Programación: Asociación Gayarre de Amigos de la Opera. Lugar: Auditorio Barañáin. Fecha: 2 de febrero de 2018. Público: media entrada (20, 18, 12 euros).

Se tardó un poco en calentar el ambiente en una noche desapacible, fuera, y algo fría, dentro, al principio del recital de las tres damas de la lírica: Miren Urbieta-Vega, espléndida soprano, con cuerpo en la voz, graves y agudos homogéneos y amplios;Ainhoa Zubillaga, de voz muy interesante por su oscuridad, pero que no tuvo su mejor tarde;y la pianista Amaia Zipitria, magnífica mozartiana, y completa acompañante en todos los estilos abordados. Dos partes muy diferentes: en la primera, Haendel y Mozart, para que la voz muestre sus cartas de versatilidad, de adaptación a la flexibilidad del barroco, o a la pureza mozartiana;en la segunda, el puro recital de arias de ópera y zarzuela, que suelen ser del agrado del público, y programadas para hacer afición.

Por las cualidades vocales de las cantantes -sobre todo, la mezzo- la primera parte se desarrolló, en general, con demasiada carga tanto vocal como de tempo y expresión, en una música que pide, aún en sus arias más tenidas, flexibilidad. Sobre todo en las intervenciones de la mezzo. En el dúo del Julio César, con ambas intérpretes presumiendo de graves -muy hermosos, pero no siempre matizados-, lo más bonito, sin duda, fue la cadencia, donde perfilaron unos matices en piano muy bellos. La versión de la soprano sola de la conocidísima aria Lascia… del Rinaldo, con un tempo más bien lento, estuvo a la altura de su dramatismo, y también de su claridad narrativa. En Mozart pasó lo mismo: falta de volatilidad en algunos tramos, algo que sí tuvo la pianista, con una digitalización suelta y chispeante. La soprano irrumpe con energía en Las Bodas, pero el dúo es un tanto pesadote. El Voi che sapete le resulta tirante a la mezzo, siempre algo opaca. Precioso el matiz piano agudo que la soprano hace en la tremenda aria Porgi amor.

En la segunda parte -mucho mejor recibida por el público- hubo de todo: la habanera de Carmen -en una voz francamente original y poderosa en origen- tuvo, sin embargo, a mi juicio, portamentos algo desfasados, cierto asomo de cansancio y falta de apoyo. La Mimíde Miren Urbieta fue magnífica;ojalá la podamos escuchar alguna vez con orquesta. Su voz es alada cuando retoma el vuelo desde el comienzo del regulador, siempre manteniendo el ímpetu vocal. Del dúo de las flores (Lakmé) me quedo con el pianísimo final, y la repetición del tema fuera de escena. La soprano vuelve a lucir sus dotes completísimas en los muy bien hechos ayes, (Chapì), con gracia y soltura. El dúo de Don Gil de Alcalá (todas las mañanitas), está tan logrado en su melosa melodía, que fluye solo. Y el que cerraba la velada (los Diamantes de la corona) desde luego demostró algo que sí que tiene este dúo de cantantes, el gran empaque y recio colorido del sonido;en mujeres, muy atractivo. De propina una muy culturalista versión de un tema de La Misión (Morricone). Un detalle: en realidad en el escenario estaban cuatro pues la soprano está embarazada. Con las bellísimas vibraciones de su madre, el bebé tiene la felicidad asegurada. En hora buena.

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