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El farolito

Carnaval

Por F.L. Chivite - Miércoles, 7 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Aprovechando los 50 años de Felipe de Borbón, la casa real ha hecho público un spot publicitario con objeto de transmitir una imagen naif de la monarquía. Se ve a la familia sentada a la mesa comiendo verdura y hablar con sencillez en el coche cuando los padres llevan a las niñas al cole. El anuncio está bien hecho: pensado y cuidado al milímetro. Es ficción, por supuesto. Pero es eficaz: logra lo que pretende. Con la abdicación exprés de Juan Carlos y el seísmo mediático del caso Urdangarin, la monarquía llegó a estar literalmente por los suelos. ¿Ya no lo está? Por desgracia, este es otro de esos grandes temas que han quedado relegados tras la irrupción de los nacionalismos. Uno no puede evitar tener constantemente la sensación de que nos están escamoteando algo. Nos plantan unos asuntos delante de los ojos y nos ocultan otros. Y funciona, eso es lo triste. Respecto a un posible referéndum sobre este tema, muchos monárquicos (e incluso algunos republicanos), están convencidos de que Felipe ganaría el plebiscito con holgura. A mi me gustaría ver esa holgura. Porque, en el fondo, de lo que se trata es de una cosa elemental: si el único soberano es el pueblo, el monarca no puede ser más que una especie de funcionario con contrato de interinidad. Sería impensable que el cargo de ministro, o el de embajador, o el de juez tuvieran carácter vitalicio y hereditario. ¿Alguien se lo imagina? Creo que es precisamente eso lo que resulta imposible de digerir para la mentalidad contemporánea. La transmisión hereditaria del poder es algo injustificable desde un punto de vista democrático. Y sin embargo nos la tragamos. De hecho, aún hay alrededor de un 7% de gente que sigue creyendo en el origen divino de la monarquía. Y de que los reyes lo son “por la gracia de Dios”. La vida es un carnaval, no me digas que no.

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