“Troyanas son las miles de mujeres que a lo largo de la historia han padecido a los vencedores”

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Sergio Parra - Jueves, 8 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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las claves

pamplona- Carme Portaceli dirige esta adaptación de Alberto Conejero en la que un grupo de actrices da vida a tantas mujeres que desde Troya hasta hoy han sido botín de guerra antes de ser silenciadas y olvidadas. Aitana Sánchez-Gijón es Hécuba.

De un personaje trágico a otro. Después de Medea, ahora es Hécuba. Imagino que, aunque diferentes, la energía y el dolor de estas dos mujeres se conectan y le habrán servido para dar vida a esta última.

-Sí, digamos que la fuente de dolor es la misma. Son dos mujeres que lo han perdido todo, están desgarradas y casi no tienen ni motivos para seguir viviendo. Lo que pasa es que eligen caminos totalmente divergentes y opuestos. Medea escoge el camino de la venganza y de la destrucción y Hécuba el de la resiliencia, el de la dignidad y el de la justicia a través de la reivindicación de la memoria y de la palabra. Una va hacia el lado oscuro y la otra hacia la luz.

¿En qué mujeres se inspiró para ponerse en la piel de estos personajes tan complicados y dolientes?

-No he tenido que esforzarme mucho ni me he fijado en ninguna persona concreta. Estamos rodeadas de personas resilientes y de mujeres anónimas. Es que es abrir el periódico y encontrarte cientos, miles de historias, como la de esta mujer mexicana que después de que mataran a su marido, alcalde, decidió presentarse ella como candidata sabiendo que corría peligro y resultando, en efecto, asesinada al poco tiempo. Mujeres cuya conciencia y sentido de la justicia les empuja a dar la cara y arriesgar su vida. O las niñas de Boko Haram, que primero fueron secuestradas y utilizadas como esclavas sexuales, luego algunas regresaron a casa, donde fueron repudiadas e incluso violadas por quienes más las tenían que proteger, por lo que varias decidieron volver con sus captores. Por ejemplo es lo que le pasa en Troyanas a Briseida, el personaje que interpreta Pepa López, que opta por regresar con Aquiles porque, dentro de lo malo, es mejor que Agamenón. Entre los dos violadores, elige al que la trataba un poco mejor.

Terrible.

-Sí, o lo que le pasa a Helena, a la que Hécuba increpa porque, como todos, la culpa de ser la desencadenante de esa guerra tan terrible. Y ella le pregunta si cree que su cuerpo ha sido verdaderamente el culpable o más bien el oro, la plata, la ambición... Sabe que en realidad ha sido la excusa, las armas de destrucción masiva, la coartada que algunos necesitaban para iniciar una guerra por petróleo, pongamos por caso. Cada una de estas mujeres tiene una historia que contar y una reivindicación que hacer, y aunque lo han perdido todo y podrían estar instaladas en el lamento y en el papel de víctimas, Hécuba, que es un poco la voz de todas, cae mil veces y mil veces se levanta y las empuja a no dejarse morir;a preservar la palabra y la memoria como única posibilidad de reconstrucción.

Qué poco sabemos de Hécuba en comparación con lo que sabemos de Agamenón, de Ulises, de Aquiles...

-Si sabemos algo de ella es gracias a Eurípides, que escribióTroyanas y Hécuba. Es admirable que un hombre se pusiera de lado de las vencidas y de los vencidos, de las olvidadas y de los olvidados. Porque si nos fijamos en La Ilíaday en toda la historia mítica que nos ha llegado, es siempre la versión de los hombres, de los vencedores, de los que desencadenan las guerras. Es lo que dice Hécuba al resto de mujeres: “Habla porque los invasores están regresando a sus casas y serán ellos los que cuenten tu historia”. Es decir, no permitas que sean ellos quienes den la versión de los hechos porque tú desaparecerás y ellos callarán la verdad. No dejemos que se queden con toda la luz de este mundo.

A lo largo de la historia, en efecto, siempre ha prevalecido la versión de los ganadores, es decir, la versión masculina.

-Exacto, y es hora de cambiar el relato.

La historia de estas mujeres ha intentado sepultarse, pero es imposible, porque, lamentablemente, lo que ellas vivieron se ha seguido viviendo y se vive todavía hoy.

-Por eso Carme Portaceli ha querido quitar el artículo de la obra. No es Las troyanas, esTroyanas. Y en mi caso, Alberto Conejero ha escrito unos textos bellísimos que, por supuesto, respetan a Eurípides, pero en los que, por ejemplo, Hécuba dice “aguantarás en pie, desdichada Hécuba, como todas las Hécubas del mundo”. Ella es ella y las miles de mujeres que a lo largo de la historia han padecido situaciones similares. Es una manera de hacer esta obra más universal. Seguimos contando la historia de las troyanas porque la vemos reflejada en cosas que suceden hoy en día.

El teatro, en ese sentido, es testigo y da testimonio.

-El teatro también tiene ese rol de sacudir la memoria colectiva, de utilizar la palabra como recordatorio que nos hace reflexionar, nos remueve las conciencias y nos refleja como sociedad y como cultura.

¿Cómo hace para lidiar con estos personajes tan heridos? ¿Qué dejan en Aitana Sánchez-Gijón papeles como los de Medea o Hécuba?

-A nivel consciente, yo salgo de la función y me voy a comer unos pinchos y unos vinos feliz de la vida para descomprimir, relajarme y pensar en otra cosa. Tampoco es que vaya al mercado creyendo que soy Hécuba o Medea, pero sí que hay algo que te impregna, que te atraviesa y que no puedes manejar conscientemente. También hay un desgaste emocional y físico y agotamiento porque cada día es una catarsis, cada día estás tocando dolores. Como dice Hécuba, ‘no hay dolor en el mundo que no me pertenezca’. Y esto hay que sentirlo y vivirlo sobre el escenario cada día, aunque sepamos que estamos jugando. Todo debe estar impregnado de verdad y eso inevitablemente produce una huella. No es ni mucho menos algo negativo, pero sí hay un cachito de ti que se queda ahí. Es inevitable.

A pesar de todos los años de carrera, ¿hay vértigo en los minutos antes de pisar las tablas?

-¡Uy, sí! Tendrías que vernos a todas las troyanas entre cajas esperando el momento de entrar mientras habla Taltibio. Ese silencio espeso, ese buscar la voz, ese miedo a toser, esos suspiros y esa soledad. Porque estamos las cinco juntas, pero cada una con su propia soledad y su propio vértigo. Eso es así cada día y también es la adrenalina que necesitas para funcionar. Yo he notado que cuando tengo esa adrenalina alta también tengo un nivel de concentración muy alto. Y el día que salgo con la guardia más baja, de pronto tengo un traspiés porque me siento cómoda y se me relaja la concentración.

Estas troyanas nos representan a todas, con sufrimientos más grandes o más pequeños, discriminaciones múltiples, maltratos, acosos, abusos...

-Así es. Todo estas son las consecuencias del rol que históricamente hemos asumido las mujeres. Afortunadamente, estamos viviendo un momento interesante. Vamos a ver a qué llega. Creo que desde el Mayo del 68 no había un movimiento global que anunciara que podemos subir otro escalón por lo menos.

En gran medida, este movimiento viene de la mano de colegas suyas de profesión que han denunciado conductas deplorables, ¿usted también las ha sufrido?

-¿Tú conoces a alguna mujer que no haya sufrido a lo largo de su vida algún tipo de agresión o de molestia?

No.

-Pues ahí está mi respuesta.

Vamos a necesitar la ayuda de los hombres que quieran sumarse a este movimiento.

-Por supuesto. Es que esta tiene que ser una batalla global y creo que muchos de ellos se sentirían aliviados. Hay hombres que también lo están pasando muy mal con todo lo que está saliendo, porque les coloca automáticamente como seres sospechosos.

Creo que sería una liberación para todos vivir en igualdad.