Música

Gran Lutoslawski

Por Teobaldos - Jueves, 8 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

CONCIERTO DE LA ORQUESTA SINFÓNICA DE NAVARRA

Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Euskadi. Solista y director: Häkan Hardenberger (trompeta). Programa: Haydn, Preludio de la Creación, Concierto para trompeta y orquesta Hob. VII E 1ySinfonía número 22, el Filósofo;Töru Takemitsu, Paths, en memoria de Lutoslawky;Lutoslawski,Concierto para Orquesta. Programación: Ciclo de la orquesta. Lugar: sala principal de Baluarte. Fecha: 6 de febrero de 2018. Público: lleno.

Dos siglos de distancia entre la música de la primera parte y la segunda en el concierto de abono de la Orquesta de Euskadi que hoy nos ocupa. Y yo diría, exagerando un poco, que la distancia interpretativa entre ambas partes también fue extensa. Trompetista aparte, para mí, un Haydn pesadote dio paso a una espléndida versión de Lutoslawki. Häkan Hardenberger se adentra en el mundo de Haydn como trompeta solista y director. El sonido de su trompeta es francamente hermoso: redondo, cálido, nunca chillón ni metálico, pulido, con volumen muy controlado, con homogeneidad entre los agudos y los graves: aquellos sin estridencias en sus vértices, éstos en su mismo plano sonoro;así los saltos de octava son naturales y fluidos;y las agilidades -sin exagerar el adorno- aún siendo muy sonoras, quedan limpias. Austero en la coda, su estilo nos recuerda a Maurice André y aquellas sonoridades del vinilo. Como director, sin embargo, planteó a la orquesta -o dejó hacer a la orquesta- un Haydn excesivamente romántico, lo cual ya se intuyó desde la versión del Preludiode la Creación, que hizo a modo de introducción al concierto de trompeta. No es que la opción sea menos hermosa -si se quiere así- es que el diálogo entre solista y orquesta quedaba un tanto demorado por parte de ésta. Yo creo que siempre es mejor que haya un director con el solista. En la sinfonía 22 -cambiada la trompeta por la batuta- ocurrió lo mismo: sonido un poco pesadote, algo dispersa la entrada en el comienzo, (también muy bello matiz en pianísimo). Los cinco instrumentos de viento redondearon su sonoridad en el minueto, y el presto algo turbio al comienzo.

De nuevo el trompetista dio una lección de fraseo y línea de canto en la obra de Töru Takemitsu, para trompeta sola, que abría la segunda parte. Un precioso diálogo -en eco- del trompetista consigo mismo, valiéndose del instrumento con o sin sordina. Un viento más terrenal o más celestial, según la sordina, pero siempre un sonido sereno, elegíaco, emotivo, subrayando el recuerdo al amigo, Lutoslawski, del que se programó, con buen criterio, su concierto para orquesta.

La versión fue extraordinaria. De una precisión por parte de todos los instrumentistas, admirable. Porque se les pide, a cada instante, mostrar ese timbre distinto y puntiagudo -en muchos casos- que el compositor va buscando. Como director, Hardenberger no tiene un técnica gestual muy depurada -parece que blande un mástil de bandera-, pero, es lo mismo;fue muy eficaz e hizo confluir en él, el enorme y bien aprovechado esfuerzo de la orquesta. La interpretación guardó la tensión de la obra en todo momento, no hubo altibajos;pero los detalles de la cuerda minuciosa y en pianísimo, la incursión de las láminas, el contraste de contrabajos y corno inglés, desmenuzan la partitura sin restarle plenitud y sorpresa. Ciertamente es un verdadero gozo escuchar estas obras, tan complicadas en directo;y de las que, en una grabación, no pescas ni la mitad.