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Derecho a la vivienda: una conquista infinita

Aramita San Martín y carmen morocho, dos mujeres acosadas por hipotecas abusivas, se enfrentan al drama de tener que elegir “entre comer o pagar la deuda”. Estas son sus historias

Un reportaje de Unai Yoldi Hualde
Fotografía Javier Bergasa

Viernes, 9 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Carmen Morocho (con el micrófono) y Aramita San Martín (atrás, a la izquierda del cartel), ayer junto a sus compañeros en la protesta de la PAH.

Carmen Morocho (con el micrófono) y Aramita San Martín (atrás, a la izquierda del cartel), ayer junto a sus compañeros en la protesta de la PAH.

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Carmen Morocho (con el micrófono) y Aramita San Martín (atrás, a la izquierda del cartel), ayer junto a sus compañeros en la protesta de la PAH.

No pagar la deuda o dejar de comer. Ese es el dilema al que se enfrentan desde hace ya varios años Aramita San Martín y Carmen Morocho, dos mujeres ecuatorianas que llevan en Navarra 16 y 17 años, respectivamente, y que a la difícil situación económica por la que pasan, se suman sendas deudas con entidades bancarias que se antojan inasumibles para una familia trabajadora.

En el caso de Aramita, ella y su marido llegaron a Navarra en el año 2002 desde Ecuador, con la esperanza de encontrar “nuevas oportunidades” y, en efecto, pronto se hicieron con un puesto de trabajo. “En 2006 nos metimos en un piso en Noáin y pedimos un préstamo a la antigua CAN para pagar la hipoteca”, recuerda. Sin embargo, Aramita y su marido no pudieron pasar inadvertidos de la crisis económica y perdieron sus trabajos. “En 2015 no teníamos ningún ingreso en casa, tan solo la ayuda del Gobierno de Navarra, que no nos llega para nada. Tenemos un hijo de 16 años, por lo que tuvimos que elegir entre seguir pagando la hipoteca o seguir comiendo”, comenta, y señala que tras no pagar las mensualidades, la entidad bancaria, ahora CaixaBank, les demandó.

Lo que le reclaman a esta familia es una deuda que asciende a los 55.000 euros y, además, ya no son propietarios de la casa en la que llevan viviendo más de diez años. “El banco nos engañó. En su día nos dijeron que, llegado el caso de no poder pagar el préstamo, se quedarían con el piso pero nos condonarían la deuda y podríamos permanecer en el domicilio con un alquiler social”, apunta Aramita, que denuncia que “nada de eso es lo que ha ocurrido”.

“Nos quedamos sin trabajo y tuvimos que elegir entre pagar la deuda o comer”

aramita san martín

Vecina de 46 años de Noáin

“En la PAH nos sentimos muy arropadas, nos da apoyo y nos anima a seguir peleando”

Carmen M

La historia de su compatriota Carmen no es muy diferente. Llegó a Pamplona hace 17 años y en 2009 compró un piso cerca de la rotonda de Cuatro Vientos. En aquel entonces el precio de la vivienda estaba por las nubes y adquirió junto a su antigua pareja un domicilio que costaba 205.000 euros. “Al cabo de unos años decidimos cambiarnos a otro piso, por lo que entregamos el nuestro al banco. Sin embargo, nos dijeron que ya no valía tanto dinero y nos lo tasaron en 150.000 euros”, relata Carmen.

De esta manera, dejaron su antiguo piso, el cual estuvieron pagando mientras vivieron en él, y se trasladaron al nuevo ubicado en el barrio de la Rotxapea. “Aun habiéndoles entregado el mismo piso que habíamos comprado unos años antes nos reclaman ahora 62.300 euros de deuda. Yo me separé de mi exmarido y ahora vivo con mi pareja y dos hijos de 15 y 1 año, él no tiene empleo y yo trabajo a media jornada en una gasolinera, no somos capaces de asumir esa cantidad de dinero”.

El apoyo de la PAHEl pasado martes 7 de febrero era la fecha en la que a Aramita y a su familia les iban a desahuciar, por no poder hacer frente al pago del piso. “Ni alquiler social ni nada, ahora nos lo quieren quitar”, denuncia. Sin embargo, Aramita consiguió frenar el desahucio gracias a la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), organización en la que entró a formar parte hace dos años. Ahora se ha pospuesto la ejecución treinta días en los que no sabe qué es lo que va a pasar. “Mi marido no encuentra trabajo y yo estoy esperando una operación en el pié, hasta que me intervengan no puedo empezar a trabajar. La situación es muy mala porque tenemos una gran deuda y en un mes puede que nos quedemos en la calle”.

Sin embargo, ni ella ni Carmen tiran la toalla y seguirán luchando contra lo que consideran “una gran injusticia”. “La PAH nos da mucho apoyo y nos anima a seguir peleando. Te das cuenta de que hay más personas a las que les ha ocurrido lo mismo que a ti y te sientes muy arropada”, señala Carmen, que ha interpuesto varios recursos para que se le condone la deuda pero todos han sido archivados. “Tenemos mucha presión encima y en la plataforma siempre hay gente dispuesta a ayudar”, declara Aramita.