Símbolo de cristiandad, del sol y de la luz

La figura del gallo da a la fiesta un sentido que se pierde en la noche de los tiempos

Viernes, 9 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

elizondo- Hace sesenta años sólo se corrían dos gallos, todos para los chicos (muttiko koskorrak) ya que la separación era radical desde el parvulario y las niñas se debían conformar con una chocolatada y, quizás (mucho quizás) con participar en la sokadantza que se bailaba por el pueblo. Nunca se nos aleccionó sobre lo que representaba el gallo, eje de la fiesta hasta que conocimos su simbología solar, de la luz, talismán de buenas cosechas, icono de la Pasión de Cristo y algunas otras historias.

El progreso ese que nos cuentan ha despachado a la chavalería lejos del tráfico de las calles, y ahora en los frontones ya no se puede levantar la losa que existía de forma expresa y abrir el hueco en el que se enterraba cuidadosamente al gallo hasta el cuello. Era mucho más complicado cazarlo, aunque el instinto a ciegas por completo de Pedro Miguel Amiano le servía para ganarlo el que más. Luego proyectaban una película y para nuestra felicidad echaban (pagando entrada) una de Charlot, de Harold Lloyd, de El Gordo y el Flaco o de Cantinflas, y frente al cine se ponían alcalde y maestros para pagar la entrada a quien no tenía y abrirle la puerta del cielo. - L.M.S.