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Juez de línea

La posverdad

Por Félix Monreal - Sábado, 10 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

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¿Cuándo cambió en Osasuna el discurso construido en torno al ascenso? ¿En que momento se decidió despojar al equipo del hábito de favorito? ¿Cuál es el instante en el que un proyecto ambicioso cambia a la versión “estamos asentando un proyecto”, según lo expuesto por Braulio Vázquez? ¿Por qué en el club de las urgencias de pronto el mantra es que “todo necesita un tiempo”? La posverdad también acampa en Osasuna, empeñados ahora sus dirigentes y altos cargos en borrar el rastro de sus planes originales, eludir la responsabilidad sacándose de la manga que “falta paciencia” y tratando de lanzar mensajes reiterados al osasunismo de que si el equipo no asciende, no pasa nada. Pues claro que pasa.

“Somos el rival a batir”, dijo Luis Sabalza en agosto. No era una frase hecha;Osasuna tiene el tercer tope salarial de la categoría y eso le concede una posición de privilegio para reforzar su plantilla: once jugadores llegan en verano y dos más en invierno. Paga 1,5 millones por Aridane y la misma cantidad por Quique, que firma un contrato por cinco años. Por tres años pone su rúbrica David Rodríguez y por cuatro el central canario. Manu Herrera, veterano guardameta recién llegado a Pamplona, declara: “Mi percepción es que se está haciendo un equipo competitivo y que la idea es estar arriba lo antes posible”. Nadie lo duda.

Antes de tirar la casa por la ventana y de sacar a los chicos de la cantera por la puerta de atrás, el presidente del club, con motivo de la presentación de Braulio Vázquez en el mes de mayo, habla de “volver a primera cuanto antes”. El premio extra rondará los 55 millones de euros. El botín permitiría renovar el estadio, negociar con el Gobierno de Navarra la recompra del patrimonio y seguir fichando porque el centenario (2020) hay que celebrarlo en Primera, proclaman.

El entrenador, más cauto, también ha sido víctima de esa presión generada desde dentro. Así, en julio revela “ese sueño que compartimos muchos, como es el ascenso”, y en vísperas de arrancar la Liga confiesa que “quiero sitios como Osasuna, que podamos pensar en el mayor objetivo de todos, que es ascender”. El plan, trasladado al terreno de juego, consiste en un equipo en el que solo caben los fichados y los cedidos. No hay minutos para los de casa: ni para los veteranos ni para los noveles. Los hechos son más elocuentes que las declaraciones.

Pasó menos tiempo entre aquel “lo importante es que Osasuna suba a Primera” pronunciado por Sabalza cuando ya sabía que repetiría mandato y ese repentino “no sufrir” con el que pocas semanas después sorprendió a los aficionados hablando del futuro del equipo. El martes, Braulio daba otro paso atrás: “Aunque no se ascienda...”. Eso es como vacunarse de la gripe en verano.

Ahora las claves, según Braulio, son tres: proyecto, paciencia y tiempo, términos antagónicos en este Osasuna. ¿Por qué?, porque fue la directiva quien hizo del cortoplacismo su horizonte inmediato, porque busca el resultado rápido y porque en la misma temporada es capaz de abrazar dos o tres proyectos diferentes tanto en la plantilla profesional como en la Escuela de Tajonar. No es hablar por hablar;con tiempo, podía haberse trazado un plan que no ignorara a la gente de la cantera, que fuera armando un equipo de futuro (Aridane tiene 28 años, Xisco y David Rodríguez 31, Manu Herrera, 36), una inversión a largo plazo;con paciencia, los minutos que consumen los cedidos podían haberse invertido en la formación de los chicos de la casa, en volver a recuperar esa esencia que la afición ahora echa en falta en el equipo;con un proyecto de verdad no estaríamos asistiendo boquiabiertos ahora a este cambio de discurso que, en el colmo de la desfachatez, nos quiere vender también que la llegada de Kike Barja al primer equipo es un éxito de la metodología del entrenador. No cuela.

Comienzo a sospechar que los dirigentes y sus ejecutivos (porque ejecutan...) han perdido la confianza, incluso en el equipo, y hay miedo, ya en febrero, a las consecuencias de un posible fracaso. El equipo tiene mucha competición por delante y rebajar las pretensiones no busca -no nos engañemos- quitarles presión a los jugadores y al entrenador sino sacudírsela de encima quienes han urdido este plan en los despachos. Sin proyecto, sin paciencia y con el tiempo pisándoles los talones. Y con la posverdad como arma de distracción masiva.

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