El robo del bitcoin

Por Francisco Mtnez. Aguinaga - Domingo, 11 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

el dinero es un bien de cambio generalmente aceptado en el seno de una comunidad de pagos. Todo dinero es fiduciario en el sentido de que toda clase de bienes pueden convertirse en dinero porque así está aceptado socialmente. Además, es un instrumento para la medida del valor y un depósito de valor siendo un puente entre el presente y futuro que permite utilizar su poder de compra en forma óptima en el momento elegido.

El dinero lo emiten los bancos centrales representando a la sociedad, lo emiten en su nombre. Tiene como contrapartida (la otra cara de la moneda) la totalidad de los bienes y servicios. Hay que poner el acento en que es la sociedad globalmente la que lo emite, la que lo acepta como bien de cambio y la que determina su valor al relacionarlo con los bienes y servicios totales existentes.

El bitcoin tiene la función del dinero de ser medio de pago. También tiene un valor, determinado por el mercado, derivado del servicio que ofrece al ser opacas y secretas las operaciones que a través de sus procedimientos tecnológicos se realizan. En estos momentos, esas operaciones quedan fuera del conocimiento de Hacienda y de las autoridades legales. Esto ocurre, porque la comunidad de pagos en la que se acepta como bien de cambio es la “aldea global” (el mundo). Hoy en día, no hay instituciones que puedan regularlo a nivel mundial, regulación que en el futuro se hará parcialmente en cada país.

Se dice que la masa monetaria máxima de bitcoins será de 21 millones de unidades. Lógicamente, los particulares que las emiten podrán realizar compras con ellas. Es decir, unos particulares (no los bancos centrales en representación de la sociedad) crean dinero con el que realizan compras. He ahí el robo. Cuando la sociedad emite dinero no significa que aumente la riqueza real y la pérdida de valor de cada unidad monetaria afecta al conjunto. El Banco Central Europeo ya ha manifestado que no es una moneda sino un instrumento especulativo que supone una amenaza para la política monetaria.

Existe un mercado de criptomonedas: Bitcoin, Ethereum, Ripple, Cardano, Litecoin, Stellar... Todas ellas creadas por particulares que adquieren el derecho a comprar. Ese es el robo. Si se robara a un particular, este reaccionaría inmediatamente. No así cuando se roba a la sociedad en su conjunto y no hay un responsable individual que reaccione.

Cuando se explica la creación y el funcionamiento del bitcoin, se habla de la tecnología que encierra. Igualmente podría hablarse de la tecnología de las tarjetas de pago (crédito/débito). La diferencia estriba en la opacidad de las operaciones realizadas con bitcoin y la transparencia de las de las tarjetas de pago.

El bitcoin y las otras criptomonedas han producido el fenómeno social de la típica burbuja especulativa. El mercado demanda ansiosamente el producto cuyo precio sube en espiral. Esta terminará abruptamente cuando empiece la regulación ya anunciada y se le quite las características de opacidad y secretismo. En ese momento, el bitcoin perderá el valor debido a su opacidad y los poseedores perderán todo su patrimonio en él invertido. No habrá ningún responsable. Se dirá “ha sido el mercado”.

El bitcoin y las criptomonedas son globales. Su comunidad de pagos es “la aldea global”. Para resumir sencillamente la explicación imaginemos una criptomoneda en una ciudad de 10.000 habitantes de economía cerrada, es decir, que toda compra y venta se hace dentro de la ciudad por sus habitantes. Se crea secretamente una criptomoneda en un ordenador y las operaciones de compraventa se harán con los teléfonos móviles. Este sistema de pagos es aceptado por los 10.000 habitantes y tiene el aliciente de que Hacienda no se enterará de las operaciones realizadas. Se lanzan 1.000 unidades y los emisores (los que inician el procedimiento) las utilizan en compras (hemos dicho que el sistema es aceptado por todos), lo que significa que han obtenido ese beneficio. Posteriormente Hacienda regula la operativa exigiendo la información de los titulares de las operaciones de compraventa. La criptomoneda deja de tener interés especial, su valor se reduce al valor que pueda tener una tarjeta de pago y sus poseedores pierden el patrimonio que invirtieron comprando la criptomoneda. Nadie responderá. Ha sido el mercado.

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