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Patxo Abarzuza librero

“Lo que más voy a echar de menos es la relación con algunos clientes”

Una entrevista de Ana Oliveira Lizarribar Fotografía Iban Aguinaga - Domingo, 11 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Patxo Abarzuza, posando ante el local de la calle Comedias, 14, donde ha trabajado los últimos 33 años.

Patxo Abarzuza, posando ante el local de la calle Comedias, 14, donde ha trabajado los últimos 33 años. (Iban Aguinaga)

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  • Patxo Abarzuza, posando ante el local de la calle Comedias, 14, donde ha trabajado los últimos 33 años.

las claves

pamplona- Dice que cuando se jubile, después de este año ya inmerso en el contrato de relevo, piensa dedicarse a leer solo lo que le gusta, que seguro que será mucho dada la voracidad lectora que confiesa este librero que empezó a trabajar en Elkar Comedias en 1984 cuando se abrió como Xalbador, nombre que cambió hace más o menos diez años. En aquel entonces ya llegaba con tablas, porque el veneno de los libros se lo inocularon en casa, desde El Bibliófilo que sus aitasgestionaron en la avenida Carlos III durante años y por la que pasaron todos los hermanos. Ocho, nada menos. Hoy, cuatro se siguen dedicando al sector, un gremio complicado en un Estado como este en el que se lee poco y en que le ha tocado hacer muchos trabajos, desde la gerencia de la tienda de la calle Comedias, que fue la segunda que Elkar abrió en Euskal Herria, hasta la coordinación de procesos de todas las librerías de la fundación desde la central de Donostia durante un par de años. Sin embargo, lo que más le sigue gustando es el contacto con el cliente y por eso será lo que más echará en falta cuando se retire. Mientras llega ese momento, comparte una conversación con este periódico en la que habla de las raíces de este proyecto que se implantó en el corazón de Pamplona y que ha intentado llegar a todos los públicos. Y de los cambios y crisis que ha vivido.

En 33 años, esta librería ha vivido de todo, desde el cambio de nombre, a la centralización de procesos, las distintas crisis económicas... ¿Cuáles son los elementos, las raíces que han permanecido?

-Los que montamos esta librería teníamos varios motivos y objetivos. En resumen, se trataba de tener una librería grande, de mucha potencia y con mucho fondo, con la mayor alternativa de compra de Pamplona, y que, además, la cultura vasca tuviera una representación importante. Queríamos que nuestra oferta en ese sentido fuera prácticamente del 100% de lo que estaba editado. Y quitando obras muy grandes que ocupan mucho, creo que lo hemos conseguido. Cuando empezamos, éramos cuatro personas, más adelante llegamos a trece y ahora somos nueve. Hay procesos centralizados y es más fácil trabajar que antes, los que nos da la oportunidad de tener la librería más cuidada y de atender mejor al público.

Ya lo ha comentado, la intención siempre ha sido ser una librería generalista que pueda llegar a cuanto más público mejor.

-Nacimos con la intención de tener la alternativa de compra más grande de Pamplona. Lo hemos sido y lo somos. Aquí se puede encontrar prácticamente de todo. Los consumidores de libros lo saben. Y si no tenemos un título, lo traemos al día siguiente o en el plazo más corto posible.

Ha habido intentos de librerías especializadas en Pamplona, pero ha sido difícil sacarlas adelante.

-Es que estamos en Pamplona. Fíjate, por ejemplo, las librerías míticas que se han cerrado en los últimos años por distintos motivos, como jubilaciones o porque no han podido aguantar cierta competencia o por otras causas. Da mucha pena. Eso ya demuestra que Pamplona tiene un mercado limitado, aunque la red de librerías es muy buena, como para presumir de ella. Durante años había una cantidad muy considerable y mucha calidad. Incluso teníamos fama fuera de aquí. Había gente que decía que era porque tenemos dos universidades, aunque yo personalmente no creo que eso influya demasiado. Quizá los bares cercanos a las librerías están llenos de universitarios, pero las librerías lo dudo (ríe).

En el caso de Elkar Comedias siempre han tenido claro que el cliente manda y no el librero y sus gustos.

-Todas las filosofías son respetables y cada cual sabe lo que hace con su librería. A nosotros no nos parece buena idea limitarnos a gustos o criterios personales. El que tiene que elegir es el cliente. Eso sí, podemos poner determinadas cosas en un sitio determinado o en otro o dar relevancia a un título porque nos ha gustado más sin ser un súperventas. Pero también tenemos los best-sellers porque tenemos la mala costumbre de comer todos los días y de cobrar todos los meses.

A lo largo de más de tres décadas habrá visto cambios en las legislaciones referidas al libro.

-Sí que hubo un cambio que fue un torpedo en la línea de flotación de las librerías, que fue la liberación del precio fijo del libro de texto. Eso fue el principio del fin de muchas y todavía lo estamos pagando. Hace solo 15 años había librerías de barrio que se sustentaban en gran medida por campaña escolar y gracias a ella podían tener una oferta digna de libros el resto del año. En el momento en que eso se te cae, tienes que poner en la estantería otra cosa que no son libros y que te deja más margen. Por otro lado, cambios de impuestos no hemos tenido. Seguimos con el 4% de IVA. Así como el cine, el teatro y la música se subió, el libro no. Siempre sobrevuela ese tema porque hay países en Europa que lo tienen mucho más alto, cercano al 20%, pero también hay otros que lo tienen a cero. Iba a decir que en eso aguantamos el tirón, pero en realidad creo que no les interesó subir los impuestos al libro porque la recaudación de cualquier otro producto es mucho más elevada.

¿Cuál le parece que es el tratamiento institucional que se da al libro en el Estado respecto, precisamente, a esos otros países de Europa?

-Pues han ido desapareciendo los pocos estamentos que existían en torno al libro. No sé dónde habrá metido el Ministerio de Cultura la institución que corresponde a esta materia, supongo que en algún sótano más pequeño que el sótano anterior. No hay política cultural con relación al libro ni en el Estado ni en Nafarroa. Yo tampoco soy partidario de las políticas proteccionistas, creo que hay que dejar al sector que se gestione, pero pienso que sí que hay que hacerle caso o por lo menos escucharle. En Francia, en Reino Unido, en Irlanda, en Holanda e incluso en Italia se lee mucho más que aquí y se compra más. Otra cosa es dónde se vendan esos libros, porque más del 60% están en manos de grandes superficies. En el Estado todavía hay importantes y emblemáticas librerías que aguantan, por ejemplo, en Madrid y en Barcelona, con gente muy preparada para realizar su labor de librero o de librera. Y, sin embargo, no hay ninguna política de fomento de la lectura.

Pues teniendo en cuenta que este no es un país lector, hace falta casi como el agua.

-No, no es un país lector. Hace tres años, en una reunión que hubo sobre hábitos de consumo la penúltima opción de la gente era la lectura, solo por encima de no hacer nada. ¿Por qué? Pues creo que por varios motivos, pero, para empezar, porque para leer hace falta cierto esfuerzo, tampoco mucho, para abstraerte y concentrarte. Pero es que eso es lo bueno de la lectura, que te traslada a otros mundos. Pero no hay manera. La gente se pasa la vida escribiendo mensajes en el móvil por la calle, hasta tal punto que se chocan contra ti o contra una farola, así que poder de concentración tiene, y tiempo también, porque, por ejemplo, las redes sociales comen horas y, sin embargo, hay quien está ahí, burubelarri metida. No sé, falla algo.

Quizá tampoco no se mete el venenode la lectura en la escuela.

-Si hago memoria, no recuerdo a ninguno de mis profesores con libros en la mano. Bueno, uno sí, el de Literatura, que al menos llevaba los clásicos, pero nadie más. En los últimos cursos del colegio yo llevaba libros para leer en ratos libres o para cambiarlos con mis compañeros, porque la biblioteca de los Jesuitas era lamentable. Mis padres tenían una librería pequeñita y era el doble de aquella. Daba pena. Había muchos libros iguales, estaban en mal estado y algunos eran ilegibles. Desde luego no era la mejor manera de fomentar la lectura.

Menos mal que el veneno ya le venía de familia.

-Sí, sí. Siempre he dicho que a mí este tema no me ha supuesto ningún esfuerzo. Pero en mi entorno ha habido personas que no han tenido facilidades y que, sin embargo, ahora son grandes lectores y lectoras. Lo que hay que hacer es probar, solo eso. Y para eso estamos los libreros y las libreras, para aconsejar. Una vez que entras en la rueda de la lectura, continuar es muy fácil, lo difícil es dejarlo, porque engancha.

Creo que se matriculó y empezó Periodismo, pero la librería la ha llevado siempre dentro.

-No tuve coraje para terminar la carrera. No me iba ser tan metódico con los estudios. Además, el ambiente tan tirante que había en esa universidad -Universidad de Navarra- no me gustaba. Aunque, por otra parte, estamos hablando de 1975 y era un momento de mucho movimiento. En Navarra hubo dos huelgas muy potentes, la de Potasas y la de Motor Ibérica, y nosotros también tuvimos muchas movidas en la universidad. Pero, bueno, por entonces yo ya trabajaba en la librería durante todo el tiempo que podía y decidí quedarme a trabajar y ya está. Sin olvidar que la matrícula valía una pasta, 20.000 pesetas.

El apellido Abarzuza en Navarra es sinónimo de librero.

-Así es. En los años 40, mi abuelo, mi padre, Manuel, y mi tío Víctor montaron una librería en una calle que ya no existe, Carnicerías, detrás del Ayuntamiento de Pamplona. En realidad era una biblioteca circulante. Si tú llevabas un libro, tenías derecho a llevarte otro por muy poco dinero. Casi todo eran novelitas del Oeste y folletines. Y funcionó. De esa librería surgió Abarzuza, que puso mi tío en San Francisco, y mi padre y mi madre montaron El Bibliófilo en Carlos III. Por ella pasamos todos los hermanos. Y hoy cuatro de los ocho seguimos trabajando en esto: Pablo, que está conmigo;y Kike y María, en el libro antiguo.

Parece un bonito legado familiar.

-Yo creo que sí. Es mejor eso que ser mafioso. Menos rentable, pero... (ríe)

Hay una labor que quizá está en la esencia de su profesión, que es la de prescriptor, consejero.

-Sí, y es muy gratificante. Valoro mucho cuando le recomiendas un libro a una persona y vuelve a por otro. Con que vuelva ya estoy agradecido, pero si vuelve y dice que le ha gustado, mucho mejor. Durante muchos años hemos ido haciendo clientes entrañables. Y hay de todo. Algunos son amigos y, aunque te conocen, te lo siguen cuestionando todo;otros, en cambio, vienen y te piden que les prepares tres libros que luego pasan a buscarlos. Hay tantos criterios como personas y eso es bueno. Esta es la parte más amable de nuestro oficio.

¿Cuál es la menos amable?

-Hay muchos ratos para la rutina, para el trabajo físico -hay que manipular cajas muy pesadas- y hay que mover bastante el stock, quitando cosas que se han quedado viejas y poniendo otras nuevas con bastante asiduidad. Y luego, como en la gestión de cualquier empresa hay momentos mejores y peores. A nosotros nos pasa lo que les pasa al resto, las crisis que tienen las demás y también una crisis endémica propia, y es que no se lee.

Se lee poco, ¿pero en lo poco que se lee ha habido cambios en los últimos años?

-Ahora mismo los cambios vienen un poco impuestos por las grandes multinacionales de la edición. Buscan espacio y volumen en las librerías;a mí no me gusta demasiado, pero reconozco que a veces viene bien. Primero, porque se vende y te financia para hacer otras cosas que quieres hacer. Segundo, porque estos productos se venden muy fácil;los pones en una pila y la gente los coge. Y tercero, todo el tiempo que te ahorras con esos libros, los dedicas a otros que quizá no han tenido esa promoción y a ti te han gustado y los aconsejas.

¿La última crisis económica que ha atravesado la sociedad ha sido también la peor para las librerías?

-Sin duda. Las anteriores crisis afectaban poco al libro, incluso a veces le favorecían. En campañas de Navidad, por ejemplo, el libro era el regalo más barato frente a juguetes caros, joyas y otras cosas. Y en los últimos años la gente no tenía dinero ni para regalar algo barato. Hubo mucha gente que se quedó sin trabajo, sin dinero y sin posibilidades, y otra gente que ganaba menos y empezó a ser más cauta con el gasto. El consumo entró en recesión en todos los sectores. En otros países, lo que se hizo fue incentivar el consumo, incluso subiendo los sueldos, fíjate, y aquí se ha hecho lo contrario.

¿Cómo les afectó en Elkar Comedias?

-Aguantamos sobre todo porque metimos otro producto cercano al libro, complementario, como fue el juego didáctico de calidad. También papelería, que deja bastante más margen que el libro. Nuestro objetivo era que nadie se tuviera que ir porque no pudiéramos mantener los puestos de trabajo. Y lo conseguimos.

¿Pero se volverá a cifras de años precedentes?

-No creo. Pero tampoco es que la venta de libros fuera una panacea, así que... Las personas que compran y leen habitualmente somos pocos, pero muy guapas y muy majas (ríe).

¿Qué piensa cuando escucha que el libro es caro?

-Todo es caro o barato según cada cual. Es cierto que el precio subió mucho con el cambio al euro. Entonces, lo que valía 1.200 pesetas se duplicó y en algunos casos se triplicó. Se redondeó y eso encareció mucho. Pero hace muchos años que los libros no suben y algunos incluso han bajado. El libro de bolsillo está en una media de 7 euros. La gente se toma un pincho y dos cervezas tranquilamente. Hay un problema con la cultura, y es que parece que tenga que ser gratis. Y eso no es bueno. No valoramos lo que nos dan gratis.

La piratería es terrible.

-La gente a la que le gusta leer de verdad ha accedido muy poco al libro electrónico y a la descarga ilegal. En general, la gente que se baja cientos de libros no los lee. Es verdad que hay gente lectora que dice que se ha pasado al libro electrónico por la comodidad o porque así no tiene que almacenarlos. Pero puede hacerlos circular, regalarlos... Me da mucha pena cuando un libro se lee una vez y se queda para siempre en una estantería. Hasta que te mueres, vienen tus descendientes y venden tu biblioteca entera... Yo disfruto con el papel, me gusta saber cuánto me queda, el olor... Hace poco leí en un artículo que el olor de la tinta y del propio libro cuando el papel envejece genera endorfinas.

¿Qué más va a echar de menos de la librería cuando llegue la jubilación?

-Es difícil saberlo. Seguramente será la relación con algunos clientes. En el poco tiempo que tienes hablas con unos y con otros y eso me gusta. Lo que menos, la rutina, el horario y la intransigencia del propio trabajo. Además, echaré en falta mi relación con mis compañeros de aquí, pero también del resto de librerías porque he aprendido mucho con ellos. A nivel profesional y a nivel humano.

Tendrá más tiempo para leer, aunque seguro que ya lee una buena cantidad de libros al año.

-Entre 90 y 100. Cuando más he leído son tres a la semana y a veces tenía un programa de radio y me forzaba mucho. Ahora, con esto que me pasó leo solamente lo que quiero y a mi ritmo. No tengo más obligación que el gusto por la lectura y un club de lectura que llevo una vez al mes y que me resulta cómodo. Eso sí, a medida que uno se hace mayor y se van perdiendo algunas capacidades, noto que ahora necesito silencio para poder concentrarme en la lectura. Antes podía leer con música tranquilamente, ahora no.

“Nacimos con la intención de tener la alternativa de compra más grande de Pamplona. Lo hemos sido y lo somos”

“Valoro mucho cuando le recomiendas a una persona un libro y vuelve a por otro;es muy gratificante”

“No existe ninguna política cultural con relación al libro ni en el Estado ni en Nafarroa”

“La red de librerías que tiene Pamplona ha sido y es muy buena;como para presumir de ella”

de un vistazo

Lugar y fecha de nacimiento. Pamplona, 2 de enero de 1957.

Familia. Padres, Narcisa y Manuel. Libreros. “Fuimos ocho hermanos, varios de ellos libreros”.

Estado civil. Casado sin hijos.

Estudios. “El Bachillerato de mi época. Me matricule en Periodismo en el 75. El final del franquismo... Trabajaba ya en la librería de mis padres, El Bibliofilo. Y no pude con ambas cosas ni con lo estirados que eran los profesores y el Opus”.

breve cuestionario

El libro de su vida. ‘El mundo según Garp’.

Un libro de siempre. ‘Cien años de soledad’.

Un libro reciente. ‘El ferrocarril subterráneo’.

Una librería. Elkar en la calle Comedias.

Un/a autor/a por su calidad humana. Almudena Grandes.

Un/a autor/a por su calidad literaria. Vázquez Montalbán en su último libro (’Milenio’) o García Márquez.

La novedad que mejor ha funcionado en Elkar Comedias. Muchas. Quizá ‘Un rey golpe a golpe’.

Una sorpresa, lo que nadie creía que iba a funcionar. La ‘Trilogía Millenium’.

Si no hubiese sido librero... Nada. Quizá escritor.

un tema importante

“Buen rollo” entre libreros y noticia en marzo. Durante la entrevista, Patxo Abarzuza quiso destacar la buena relación que existe entre los libreros de Navarra, reunidos en la Asociación de Libreros Diego de Haro. “Hemos aprendido mucho los unos de los otros y tenemos muy buen rollo. Los socios más jóvenes han aportado nuevas ideas y una actitud más activa”, comenta. Tanto es así, que en el mes de marzo este colectivo anunciará una importante “y muy buena” noticia para Pamplona que el librero prefiere no adelantar. “Siempre nos había parecido que nos quedábamos un poco cortos con la Feria del Libro y el Día del Libro”, agrega. Habrá que esperar unos días para saber más.

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