Música

Un clave muy bien temperado

Por Teobaldos - Domingo, 11 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

concierto en civican

Intérprete: David Palanca Gómez, clave. Programa: obras de J.S. Bach, Antonio de Cabezón, Jean Henri D’Anglebert y Antoine Forqueray. Programación: Fundación Caja Navarra y Ayuntamiento de Pamplona. Lugar: Auditorio de Civican. Fecha: 9 de febrero de 2017. Público: un centenar (entrada libre).

Cambiamos el tintineo de la tarde lluviosa, por el del clavecín, muy bien temperado, por cierto, del recital servido por Civican. David Palanca Gómez (1992), el joven clavecinista leonés, se ha revelado como un gran intérprete de un instrumento tan comprometido en su técnica, y tan hostil, muchas veces, para convencer al público de que aguante un recital. En el programa, dos mundos totalmente distintos: el de Juan Sebastián Bach -fundamental- y el francés. Ciertamente el gran mérito de David -y el gran éxito del recital- ha estado en servir a los autores en su esencia y en su mundo. De todos es sabido que al clave es difícil arrancarle ese elemento expresivo que llegue al público. Sin embargo, el clavecinista logró que no todo sonara igual;al contrario, su impecable técnica, la elección de los tiempos, el juego con los dos teclados del instrumento y sus enganches, el punto de improvisación en el adorno -magnífico ese preludio de H. D’Anglebert-, el conocimiento profundo, en definitiva, del clave alemán de Bach, y del clave francés, nos depararon un gran concierto.

Para empezar y sentar cátedra, el músico de los músicos, J.S. Bach: un coral sosegado y solemne, y laSuite inglesa número 2;ésta arranca con un fulgurante preludio donde ya se pone de manifiesto el virtuosismo y dominio del intérprete;pero la velocidad no impide que se distingan bien las secciones;durante toda la velada, cuando parece que predomina la endiablada técnica y los dedos se desencadenan y suben y bajan de un teclado a otro -como en la Bourrée I y II-, es, sin embargo, la música la que prevalece;es una explosión de expresividad a través del virtuosismo, como en otros pasajes lo es a través de una aparente calma arpegiada. Otra virtud es el implacable mando de la mano izquierda (en la Allemande, por ejemplo), que marca inexorablemente, la matemática bachiana, que todo lo regula, sin de imposición, con sensación de libertad. La zarabanda cambia el humor del discurso, es inquietante, expectante;se logra otra forma de llegar al público y captar su atención. Y, al final, el asombroso virtuosismo de la giga. Ni una nota fuera de su sitio.

Después de un recuerdo al maestro Cabezón (Diferencias sobre el llanto del Caballero);David nos mete en el clavecín francés. Nada que ver, afortunadamente. La Suite número 1de Forqueray -el gran violagambista que compitió con Marin Marais- comienza con un sonido tormentoso en la parte grave del instrumento;la medida es más libre siempre, el intérprete acentúa las indicaciones, muy claras, de las diversas partes de la suite: noble y con sentimiento, galante pero sin lentitud, marcado y equilibrado. Esta es la palabra clave, equilibrio en la variedad de matices, en los ecos de los dos teclados, en la plenitud sonora de los pasajes más lentos, casi apelando a cierto romanticismo, en el final. De propina, el cantabile de la Sonata en sol mayorde D. Scarlatti. Estaría muy bien escucharlo de nuevo en la Semana estellesa.

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