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Y tiro porque me toca

Cacería y picota

Por Miguel Sánchez-Ostiz - Domingo, 11 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Lo que está sucediendo con Anna Gabriel me confirma que este es el país de la crueldad y la mala leche. Lo vio Cervantes con sus gañanes apaleadores, lo han visto quienes lo han pintado y descrito desde el dolor y la ira durante siglos. Hay gana de muta, esa cacería grupal que hace ochenta años encendía la ideología: “Hemos salido al monte a cazar traidores”, decía con entusiasmo un corresponsal de pueblo en el periódico de la capital de la provincia, un entusiasta patriota, uno de esos que ahora trata el Gobierno de formar en el adoctrinamiento escolar ideológico. Una vez más, lo que vale para mí, es motivo de persecución en tu caso, aunque solo sea imaginación mía.

Anna Gabriel ha cometido el pecado de caer mal a los tendidos de esta corrida de descabellos por ser mujer y por ir vestida como le da la gana, casi más que por ser independentista y radical en lo político y social. No va “arreglada” y eso en este país se paga, y caro. No hay burla que se hayan ahorrado, todas zafias. Los ingresos desmesurados de otros diputados son legítimos, los de Anna Gabriel eran un “sueldazo”, dicho con la retranca de quien piensa que no se lo merecía y disfruta al ver que, dejando su escaño, se queda sin él. Picota, pellas, burlas… basura. Ese sí que es un drama nacional que pervive en el tiempo, una furia que tiene como norte el que sus adversarios, los que forman en sus filas, vayan a morir al palo, la expresión más repugnante que conozco, con mucho, de chulapo que busca doblegar, humillar, no convencer ni mucho menos seducir, eso para qué.

Ahora quieren ver a Gabriel en la cárcel, pero antes humillada, burlada, expuesta al público (antes populacho), al vocerío, como lo fueron de manera impune los políticos que por el hecho de serlo siguen en prisión sin juicio y llevan más tiempo encerrados del que estuvieron los responsables de los crímenes del GAL, finalmente indultados y socialmente exonerados por aclamación sectaria y cuidadoso silencio mediático.

Importa poco que juristas de prestigio, como la penalista Tomás y Valiente hace nada y otros a los que no se tiene en cuenta, digan que resulta más que dudosa la comisión de los delitos de los que se les acusa a los políticos catalanes, lo que coloca a la administración de justicia en una posición de castigo político, algo que se comenta solo.

Tampoco resulta del agrado del público de este colosal reñidero la nueva posible candidata a la presidencia de Cataluña. Es independentista, es mujer, y su candidatura está colocada en el punto de mira de la amenaza de una aplicación del 155 con repetidora de postas. Tiro al mono non stop. Se ve que quieren forzar las cosas hasta que la situación política dé un vuelco que les resulte favorable. Hay alguien que quiere ganar por caminos tortuosos las elecciones que en las urnas pierde por sistema, antes, ahora y mañana. Eso no se puede consentir. Resultado: el imparable deterioro y descrédito de las instituciones que deberían sostener un sistema político.

Nada provoca ya sonrojo ni inquietud. Todo es según convenga a quien tiene la fuerza de mano. Así, a nadie le inquieta que un Instituto Cervantes, el de Orán (cargo público y político), esté dirigido por la esposa de un político de la derecha condenado por corrupción, en favor de un jeque árabe, a 18 meses de cárcel por hechos cometidos constante matrimonio. Que la política sirve para hacer dinero no se trata aquí porque está ya muy visto. De lo que se trata es de que antes solo eras corrupto si te condenaban, mientras que ahora, aunque te condenen, si el partido y la peña de incondicionales te apoya y la prensa afín calla, no lo eres. Ahora no pasa nada, cada vez menos, barra libre, todo es válido, todo se puede hacer mientras tengas en tu mano todos los recursos del poder.

¿Hago yo lo mismo que denuncio? Probablemente. Nadie se salva de esta pelea, nadie la ha empezado, nadie la azuza a diario, nadie aplaude ni abuchea ni participa. Pero, ¿cómo callar ante lo que ves, que es cuando menos poco decoroso?

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