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Una fractura profunda e irreversible

La asamblea de los críticos de Podemos revela que las diferencias son superiores a la voluntad de entendimiento

Un análisis de Ibai Fernandez. | Fotografía Patxi Cascante - Domingo, 11 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Más de medio centenar de personas participó ayer en la asamblea.

Más de medio centenar de personas participó ayer en la asamblea. (PATXI CASCANTE)

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Más de medio centenar de personas participó ayer en la asamblea.

No hay voluntad de ruptura en Podemos. Lo dicen unos y otros, que asumen que de alguna forma están condenados a entenderse. Las disputas internas entretienen el debate político, eclipsando los aciertos y magnificando los errores. Sobre todo en un partido llamado a cambiar la política y que parece haber recogido los peores vicios de aquellas organizaciones burocratizadas a las que aspiraba a suceder. Y los electores no entenderían que la primera alternativa al bipartidismo en 40 años en Navarra se viera en riesgo por un conflicto orgánico difícil de entender. “Se nos caería la cara de vergüenza si pasamos a la historia como quienes frustramos el cambio”, resumió ayer Laura Pérez.

El problema es que las diferencias son profundas, y la desconfianza mutua hace tiempo que llegó a un punto de no retorno entre una dirección que tramita la expulsión de quien logró casi la mitad de los votos en las últimas primarias, y una mayoría del grupo parlamentario que ha decidido actuar al margen del partido y con duras acusaciones públicas al líder de la organización.

No se le puede negar transparencia a Podemos en una crisis interna que no es tan extraña en otros partidos que han ofrecido espectáculos similares no hace tanto tiempo. La asamblea abierta de ayer fue un nuevo ejemplo, con cuatro parlamentarios respondiendo directamente a las inquietudes de unos simpatizantes que tampoco ocultaron su malestar con la gestión que está realizando el equipo de Eduardo Santos.

Dos en unoLa asamblea de ayer, que solo congregó a los simpatizantes del grupo que encabeza Laura Pérez, sirvió también para evidencia que hoy por hoy hay dos Podemos en Navarra. Difíciles de cuantificar en cuanto a militancia en un partido que se rige por las adhesiones en internet y que llegó movilizar a casi 1.500 personas en su última disputa interna. Pero suficientemente divididos como para augurar una disputa larga y dura sin un ganador claro. De hecho, uno de los presentes en la asamblea de ayer planteó la posibilidad de celebrar encuentros similares de una periodicidad mensual, lo que podría derivar en una asamblea ciudadana paralela a los órganos oficiales.

De momento, el grupo parlamentario se reunirá el próximo lunes para decidir cómo se reparte el trabajo semanal y cómo quedan las portavocías. La voluntad de los críticos, avanzada por Couso, es repartir tareas y buscar una portavocía “coral”. Rubén Velasco abogó además por que el grupo de coordinación entre el Parlamento y la dirección quede integrado por dos miembros de cada corriente para que las decisiones que se tomen allí no sean una mera “imposición”.

Pero no está claro que los otros tres parlamentarios, incluida la presidenta del Parlamento, Ainhoa Aznárez, ni el secretario general, Eduardo Santos, vayan a aceptar un reparto de funciones que supondría hacer la vista gorda a la insubordinación y dar legitimidad a las voces díscolas. Máxime cuando el expediente abierto a Laura Pérez está a punto de ser resuelto por el comité de garantías, y la dirección ya ha anunciado que pedirá su acta de parlamentaria si resulta expulsada de la formación.

El embrollo es de tal calibre que el propio Couso asumía ayer que a estas alturas cualquier salida es mala, y que el objetivo debe ser minimizar los daños. Pérez, incluso, deslizó la posibilidad de buscar una “mediación” en caso de que la disputa, como parece, se acabe enquistando entre dos facciones que buscan también una diferenciación.

Porque aunque Couso garantizó ayer que los cuatro volverán a la vida profesional cuando acabe la legislatura, no parece casual que insistiera en que fue Pérez quien frenó las presiones de Madrid para evitar el cambio, ni que la ex secretaria general relatara en tono mitinero las tensiones vividas con la dirección en temas de claro sesgo ideológico como la reforma fiscal, la educación concertada, la defensa del euskera o el pago de la deuda “ilegítima”. Tensiones internas que Pérez animó a asumir con normalidad “democrática”, y que ya se han dejado sentir en dos votaciones parlamentarias de importancia secundaria.