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Música

¡Que viva Chuchín, cabrones!

Por Javier Escorzo - Lunes, 12 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

El Drogas, Bruce Springsteen y Chuchín Ibáñez. Ese sería un buen rankinde conciertos maratonianos. Si hablamos de número de invitados, la cosa quedaría entre El Drogas y Chuchín. Bromas aparte, la fiesta que organizó el mariachi de Miranda el otro día en Zentral no tiene muchos precedentes. Tres horas largas de música, muchos y muy ilustres invitados y alrededor de una treintena de canciones para celebrar los primeros dieciocho años de Chuchín en el mundo de la música. En ese tiempo se ha convertido en un referente de las rancheras, ese género que nació en México y que ha dado tantas horas de gloria a las sobremesas de nuestra tierra.

Abrió la actuación Lemon y Tal, el dúo surgido de las cenizas de En Clave. A Beatriz y Gorka no les hizo falta nada más que una guitarra acústica para empezar a animar la velada con su mezcla de estilos (desde el pop hasta el flamenco o la ranchera). El público recibió muy bien y bailó mejor canciones como Así son los hombres, El libro de la soledado un pasodoble que hablaba sobre la nostalgia que les produjo alejarse de Navarra. Pronto volveremos a oír hablar de este grupo, ya que acaba de conseguir financiación (por crowfunding) para la grabación de su primer disco. Por cierto, la célebre Amaia Romero colaboró con este combo antes de entrar en la academia de Operación Triunfo.

Sobre las diez de la noche salió al escenario Chuchín Ibáñez junto a su magnífica banda, Los Charros, para iniciar un espectáculo al que denominaron Ranche &Rock. Y, ciertamente, hubo rancheras y rock’n roll, pero también un sinfín de invitados, estilos y sorpresas. Comenzaron con un repertorio más tradicional (México, México o Ella, de José

Alfredo Jiménez). El abanico se abrió con una curiosa adaptación del Txoria txori, de Laboa, y con ese country rock que es El chófer de viaje por Navarra. La poesía también tuvo su espacio en la voz de Peio Etxarri, que introdujo La misma. Se había abierto la veda de los invitados, y los hubo para todos los gustos: Maialen Lecumberri bordó En mi viejo San Juan, y Ángel Ocray y Tania hicieron lo propio con Noches de bohemia. Kai Etxaniz nos dejó sin respiración en una arrebatada versión de La llorona, mientras que la viuda negra Christel cubrió con su manto siniestro Échame a mí la culpa. Chuchín nos llevó a Cuba de la mano de Jorge Sánchez en una bailona versión de Lágrimas negras, La Chula Potra contó un cuento con acento mexicano, Javier Erro demostró solvencia en No volveré y los chicos de Motxila 21 estuvieron representados en un par de canciones.

Pero no olvidemos que aquella fiesta se titulaba Ranche &Rock, y este último género estuvo muy presente con artistas como Gussy (Chuchín y él consiguieron fusionar a Johnny Cash con José Alfredo Jiménez en una misma canción), Jabi Izurieta, a quien le sentó como un guante el Quiero beber hasta perder el controlde Los Secretos, o el guitarrista Patxi Garro, con el que se marcaron un emocionante naparmex en homenaje al malogrado Huajolote Gavilán. Por último, el Escarabajo Alfredo Domeño y Kaste Cat se llevaron hacia el reggae el Rock’n’roll starde Loquillo. Y en un gesto que le honra, Chuchín Ibáñez quiso compartir su fiesta con otras dos figuras imprescindibles de nuestra música como son Aurora Beltrán y Alfredo Piedrafita, a quienes entregó sendas placas de homenaje. Por cierto, fue muy emocionante volver a ver a Aurora y a Puntxes, el batería de Tahures Zurdos, en un mismo escenario. Llevaban dos horas y media de concierto y celebración, pero allí no se movía nadie. La despedida llegó con todos los invitados sobre las tablas entonando el Volver, volver.

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