A pie de obra

Josefina

Por Paco Roda - Lunes, 12 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Pudo ocurrir en Auschwitz, pero sucedió en Larraga. Pudiera haberse llamado Amira, Batia o Janina, pero se llamaba Maravillas. Y pudieron secuestrarla y violarla las Waffen-SS pero lo hicieron una cuadrilla de fascistas analfabetos cargados de vino peleón. Como si hubieran aprendido a matar en la Escuadra Negra falangista de Tudela. Su asesinato bastardo congeló la sangre de los diablos y hasta la tristeza de las hienas. Aquel martirio pudo ser redimido con la venganza del ojo por ojo o con un juicio como el de Núremberg. Pero ni una cosa ni otra. Porque aquí, aquel matadero que se levantó en 1936 con los cuerpos de 300.000 asesinados solo ha sido juzgado por los profetas del silencio y los discípulos del olvido.

Ha habido que esperar años para curar la anemia del tiempo. Y aún así, hablar de esto, nombrar lo innombrable y hacerle un agujero a la historia para que escupa la memoria, no sienta bien. Algunos se han atrevido: Fernando Mikelarena (Sin piedad. Limpieza política en Navarra, 1936. Responsables, colaboradores y ejecutores), pero la realidad clama como una cruz inclinada. Mas de cien mil almas en pena aguardan desde hace años en las cunetas de media España. Muchas en Navarra. Solo esperan un epitafio que restaure su inocencia. Que les redima de esa memoria holocáustica.

El sábado pasado en Lezkairu, ese barrio del sur reconstruido a golpe de escuadra y cartabón, Josefina Lamberto, hermana de Maravillas lloró. Una vez más. Desde el sábado una plaza recordará a su hermana. Josefina dijo que nunca perdonará, que nunca olvidará. Yo entiendo que no pueda recobrar la calma. Pero no creo que sienta rencor por aquel tiempo que se precipitó como un vampiro sobre su vida. Pero sí nos advierte: nunca jamás debemos recusar la conciencia de nosotros mismos. Sobre todo si el pasado está por redimir.