La rendija

Mucho más que piedras

Por Ana Ibarra Lazkoz - Lunes, 12 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

Érase una vez un rey Luis el Hutín (Luis I de Navarra y X de Francia, de apodo el Testarudo), hijo primogénito de Felipe el Hermoso y de Juana de Navarra. Nació en París en 1289 y fue coronado rey de Navarra en Pamplona en el año 1307. Murió envenenado en el bosque de Vicennes la noche del 4 al 5 de 1316. Por aquel entonces la ciudad de Iruña estaba dividida en tres burgos o pequeñas ciudades, independientes y enfrentadas, y la de Navarrería fue arrasada en 1276 -tras la guerra de los Burgos- por tropas francesas. El Hutín mandó edificar en 1308 un castillo que protegiera a la vieja ciudad entre las ruinas de Navarrería y San Nicolás, dando nombre a la actual plaza del Castillo. Llegaría la conquista de Pamplona por el duque de Alba en 1512 y Fernando el Católico mandaría levantar un nuevo castillo.

¡No me digan que no es apasionante nuestra historia! Todo el relato de nuestros orígenes se encuentra oculto bajo nuestros pies, como las raíces de los árboles, también el subsuelo pamplonés es un tesoro escondido. Como dice el historiador Iñaki Sagredo, la historia de Pamplona es la gran olvidada de siempre. Fuimos capital de un reino y prácticamente no tenemos restos medievales;están “todos eliminados”. Nos quedan del Medievo una colección de iglesias, conventos... pero ¿qué fue de aquellos años de gobierno en la capital del reino? En Navarra quedan en pie castillos enteros o piezas de valor (Amaiur es del siglo XII, Tiebas del XII, están Marcilla, Olite...). En Pamplona acaba de aparecer, en el subsuelo del antiguo hotel Quintana, uno de los torreones del viejo castillo del s XIV del que ni siquiera se conocía bien su ubicación. Hay trozos de la antigua muralla medieval de la ciudad en el parking plaza del Castillo, piedras del castillo de Santiago del s XVI en el parking de Carlos III, del baluarte de San Antón -siglo XVI- en Condestable, la torre de Galea -s. XI- en el hotel Pompaelo...

Y seguramente nos falta un trabajo de investigación minucioso y también un relato histórico unitario que tenga cabida en un espacio museístico donde poner en valor y contextualizar todo este patrimonio. Mucho más que piedras. Y en el corazón del Reino.

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