Lantxurda

Déjalo, Mariano

Por Rafa Martín - Martes, 13 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

el argumentario del PP se encargaba ayer de recalcar que la reunión de ayer de sus principales líderes territoriales fue de “intenso trabajo”, en la que se reflejó “la unidad del PP en torno al liderazgo de Mariano Rajoy” y en la que no se dedicó “ni un minuto” a la estrategia futura del partido. Ya sabemos que los dirigentes cuentan a la opinión pública aquello que quieren oír sus líderes, pero las últimas encuestas sobre intención de voto y sobre la figura del presidente del Gobierno son contundentes sobre el futuro político de Rajoy. La fractura de la derecha es un hecho y por primera vez desde la Transición un partido tan advenedizo como pujante -Ciudadanos- tiene posibilidades reales de condicionar la legislatura y de asaltar grandes cotas de poder territorial en las autonómicas y locales de 2019. En Génova, sede nacional de los populares, pocos se atreven a reconocer públicamente que tienen un problema con el masivo trasvase de votos a la formación naranja. Y menos que su líder debería de dar un paso a un lado para intentar rearmar el partido. Un Rajoy quemado políticamente y sólo preocupado por la economía, a la que fía el difícil resurgir del PP. Porque su figura está tan erosionada que, pese a que La Moncloa desprecian los datos demoscópicos, los sondeos lo ponen por los suelos: el último barómetro del CIS recogía una valoración del 2,8, sólo ligeramente por encima de Pablo Iglesias, ocho de cada diez ciudadanos tienen escasa o nula confianza en él e incluso dos de cada tres de sus votantes quieren que lo deje. Él se limita a deslizar que intentará repetir, por lo que pone a su partido en un brete, ya que un PP diferente, con nuevo timonel, sólo podrá renacer desde la oposición. Son muchos ya quienes quieren y menos los que le imploran que lo deje, pero él se resiste porque está enfermo de poder. Padece el síndrome de hybris, un término griego no clínico recogido por el politólogo inglés David Owen para referirse a una persona poderosa con exceso de orgullo, con mínima receptividad a la crítica y que toma decisiones rayando la insensatez.

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