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Y el monte se les vino encima

El alud más grave tuvo lugar en Larrabetzu, donde tres jóvenes salieron ilesos cuando la tierra engulló su coche -Otros cinco viales se vieron afectados por los movimientos de tierras en Bizkaia

C. Zárate/P. Arostegi - Miércoles, 14 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 10:18h

Un desprendimiento de lodo y barro procedente de la ladera del monte cubrió toda la carretera. Larrabetzu

Un desprendimiento de lodo y barro procedente de la ladera del monte cubrió toda la carretera. (Foto: Juan Lazkano)

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  • Un desprendimiento de lodo y barro procedente de la ladera del monte cubrió toda la carretera. Larrabetzu
  • Espectacular desprendimiento en la carretera que une Larrabetzu y Morga
  • Desprendimiento en la BI-3102 a la altura de Larrabetzu estuvo a punto de engullir a los ocupantes de este vehículo.
  • Desprendimiento en la BI-3102 a la altura de Larrabetzu estuvo a punto de engullir a los ocupantes de este vehículo.
  • Desprendimiento en la BI-3102 a la altura de Larrabetzu
  • Desprendimiento en la BI-3102 a la altura de Larrabetzu
  • La carretera se encuentra cortada por el desprendimiento en la BI-3102 a la altura de Larrabetzu.
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LARRABETZU- La tierra se vino abajo ayer en Larrabetzu al desprenderse una ladera sobre la carretera BI-3102 que engulló de madrugada un vehículo con tres ocupantes que regresaban a casa a esas horas. Afortunadamente, resultaron ilesos.

Debido a la magnitud del corrimiento de tierras, que abarca una superficie cercana a los 25.000 metros cuadrados, según informaron los técnicos de la Diputación Foral de Bizkaia, la normalidad en la zona tardará tiempo en recuperarse. De momento, el ente foral avanzó ayer que la carretera permanecerá cortada “durante tres o cuatro meses” debido a que la ladera afectada continúa presentando una “gran inestabilidad, por lo que se desaconseja acercarse a la zona ante el riesgo que entraña”.

En este sentido, ayer a primera hora de la mañana, la tierra todavía temblaba y el crujido de los árboles al desprenderse lentamente era más que evidente, según relataron diversos testigos.

En concreto, el suceso tuvo lugar en el punto kilométrico 26 de la citada carretera, Mungia-Astoreka, en las cercanías del alto de Astoreka que une el término municipal de Larrabetzu con el de Gamiz-Fika, a cien metros de un vertedero. El desprendimiento se produjo sobre las 2.35 horas de ayer cuando los tres jóvenes, U. M. D., U. L. C. y L. L. H., de entre 19 y 21 años, dos de ellos de Gamiz-Fika y el otro de Mungia, se vieron atrapados por la caída de un fuerte alud de tierra, lodo y árboles que se desplomó sobre ellos y desplazó el turismo de su trayectoria.

Por fortuna y debido a su rápida reacción, los jóvenes pudieron abandonar a tiempo el vehículo y salir a pie del mismo, sin resultar herido ninguno de ellos. En cambio, su turismo, un Volkswagen Passat, no corrió tanta suerte, ya que quedó atrapado entre la tierra y con graves daños materiales. No obstante, por la mañana, la intervención de los bomberos permitió rescatar las pertenencias de los jóvenes del coche.

La carretera, por su parte, quedó completamente destrozada y fuertemente agrietada en una superficie estimada de unos 300 metros de longitud de vía y 100 metros de ancho. Por precaución ante el posible riesgo de que se desprendiera más ladera, las autoridades optaron por impedir el tránsito de vehículos por este punto kilométrico. Pasadas varias horas, la tierra continuaba en movimiento y los arboles seguían cayendo al asfalto, según relataron fuentes del Ayuntamiento de Larrabetzu. “Los daños son cuantiosos y hay toneladas de tierra acumuladas tras el desprendimiento”, explicó a este diario el alcalde de Larrabetzu, Iñigo Gaztelu.

Los operarios y técnicos de la Diputación de Bizkaia trabajaron durante toda la jornada para estudiar la manera de contener la tierra para poder realizar los trabajos de limpieza y reparación del tramo afectado. Asimismo, sus primeras actuaciones se centraron en asegurar la zona y la calzada, que no tiene mucho tránsito al tratarse de una carreta secundaria, explicaron las mismas fuentes. Tras evaluar la situación, los técnicos forales explicaron que la ladera pertenece “a un terreno de titularidad privada” y que todavía “continúa presentando una gran inestabilidad y movimientos, por lo que se desaconseja acercarse a la zona ante el riesgo que entraña”. De este modo, la carretera quedó cerrada al uso público y se canalizaron las rutas alternativas a través del alto de Gerekiz. Aunque los técnicos aseguraron que se debe proceder a “realizar una evaluación completa de los daños y estudiar las alternativas para restituir la carretera por el lugar afectado”, el vial permanecerá cerrado los próximo cuatro meses.

OTROS DESPRENDIMIENTOS Sobre esta línea, el desprendimiento de esta ladera en Larrabetzu no fue el único que se registró ayer en Bizkaia, donde la tierra se agrietó en diversos puntos. Así, otro desplome, con afección “muy grave”, ocurrió en la carretera BI-3152, entre las localidades de Armintza y Bakio, donde uno de los carriles tuvo que ser cortado. Precisamente, este mismo vial también sufrió un percance el pasado 12 de enero a consecuencia de las fuertes lluvias que arrecieron el territorio vizcaino. Entonces se tuvo que cerrar también la carretera en el kilómetro 41-42, debido a un gran desprendimiento, y su apertura estaba prevista en un principio para “finales de febrero”. Asimismo, también se derrumbó la tierra en la BI-3438, entre Lekeitio y Ondarroa, y en la BI-3950, en Etxebarria en dirección a Donostia, con un carril interrumpido en cada vía. Además, se produjeron otros desprendimientos de menor consideración, con un carril cortado en cada caso, en la carretera BI-3438, en Ondarroa, y en la BI-2101, entre Meñaka y Bakio.

Y EL MONTE SE LES VINO ENCIMA Lo que parecía un viaje tranquilo de regreso a casa en coche de madrugada se tornó de pronto en pesadilla para tres jóvenes, dos de ellos de Gamiz-Fika y un tercero de Mungia, que estuvieron a punto de perder la vida debido a un corrimiento de tierras de la ladera del monte anexo a la carretera por la que transitaban y que engulló su vehículo . 24 horas después del siniestro apenas pueden sacudirse el susto del cuerpo. “Estoy que ni me lo creo. Nos hemos librado de una... Hemos tenido mucha suerte”, acertaba a decir ayer aún conmocionado L. L. H, de 21 años, que viajaba en la parte trasera del coche.

Sobre las 2.35 de la madrugada viajaba recostado en los asientos traseros del vehículo cuando le sorprendieron los gritos del conductor. “¡Cúbrete, cúbrete! ¡Cuidado con el árbol!”, le espetó al copiloto al tiempo que trató de frenar el vehículo. “Justo vimos una especie de pino que se acercaba al coche y gracias al frenazo que pegó el conductor pasó justo al lado sin golpearnos. De lo contrario hubiera atravesado la ventanilla y...”, rememora angustiado pensando en lo que podía haber sido. “Vimos árboles cayendo y mucho barro. Nos arrastró una riada de barro que cubrió toda la luna del coche”, prosigue. Entonces se dieron cuenta del peligro que corrían si permanecían en el vehículo y trataron de escapar a la carrera. “La puerta del conductor estaba colgando, otra no se abría. Finalmente, pudimos salir por una de ellas. El barro nos cubría hasta la cintura y para escapar de allí tuvimos que subir por encima del techo del coche y yo pasé descalzo a través de un tronco de un árbol hasta que nos pudimos poner a salvo”, relata.

Además de la riada de barro que envolvió la carretera y el coche, la oscuridad de la noche les dificultó enormemente poder ponerse a salvo. “No se veía nada. Nos envolvió como una especie de río lleno de barro. Por suerte pude utilizar la linterna del móvil para abrirme paso”, señala L. L. H. Desde el primer momento los tres jóvenes tuvieron claro que su vida corría peligro y tenían que abandonar el vehículo a su suerte. “Dijimos: El coche ahí se queda”, apunta. De este modo abandonaron sus enseres personales y avisaron a sus familias y a los servicios de emergencia.

Después, a primera hora de la mañana L. L. H. regresó al lugar del suceso a ver si podía recuperar parte de la documentación que habían dejado en el vehículo. El panorama era dantesco. “Ver cómo ha quedado todo ha sido muy duro. No quiero ni recordarlo”, añadió L. L. H., que al ser vecino de Gamiz-Fika conoce a la perfección esa carretera. “Paso siempre por allí para ir a Gernika y siempre voy muy suave porque sé el riesgo que tiene”, detalla.

En esta línea, otros testigos que acudieron al lugar del suceso por la mañana y presenciaron la escena se mostraron sorprendidos por la inestabilidad de la zona. “El monte sigue crujiendo y los árboles siguen cayendo”. En total, el deslizamiento de la ladera abarcó una superficie cercana a los 25.000 metros cuadrados, estando la carretera BI-3102 dentro de esa superficie deslizada, según explicaron los servicios técnicos de la Diputación Foral de Bizkaia. - Carlos ZárateLo que parecía un viaje tranquilo de regreso a casa en coche de madrugada se tornó de pronto en pesadilla para tres jóvenes, dos de ellos de Gamiz-Fika y un tercero de Mungia, que estuvieron a punto de perder la vida debido a un corrimiento de tierras de la ladera del monte anexo a la carretera por la que transitaban y que engulló su vehículo . 24 horas después del siniestro apenas pueden sacudirse el susto del cuerpo. “Estoy que ni me lo creo. Nos hemos librado de una... Hemos tenido mucha suerte”, acertaba a decir ayer aún conmocionado L. L. H, de 21 años, que viajaba en la parte trasera del coche.

Sobre las 2.35 de la madrugada viajaba recostado en los asientos traseros del vehículo cuando le sorprendieron los gritos del conductor. “¡Cúbrete, cúbrete! ¡Cuidado con el árbol!”, le espetó al copiloto al tiempo que trató de frenar el vehículo. “Justo vimos una especie de pino que se acercaba al coche y gracias al frenazo que pegó el conductor pasó justo al lado sin golpearnos. De lo contrario hubiera atravesado la ventanilla y...”, rememora angustiado pensando en lo que podía haber sido. “Vimos árboles cayendo y mucho barro. Nos arrastró una riada de barro que cubrió toda la luna del coche”, prosigue. Entonces se dieron cuenta del peligro que corrían si permanecían en el vehículo y trataron de escapar a la carrera. “La puerta del conductor estaba colgando, otra no se abría. Finalmente, pudimos salir por una de ellas. El barro nos cubría hasta la cintura y para escapar de allí tuvimos que subir por encima del techo del coche y yo pasé descalzo a través de un tronco de un árbol hasta que nos pudimos poner a salvo”, relata.

Además de la riada de barro que envolvió la carretera y el coche, la oscuridad de la noche les dificultó enormemente poder ponerse a salvo. “No se veía nada. Nos envolvió como una especie de río lleno de barro. Por suerte pude utilizar la linterna del móvil para abrirme paso”, señala L. L. H. Desde el primer momento los tres jóvenes tuvieron claro que su vida corría peligro y tenían que abandonar el vehículo a su suerte. “Dijimos: El coche ahí se queda”, apunta. De este modo abandonaron sus enseres personales y avisaron a sus familias y a los servicios de emergencia.

Después, a primera hora de la mañana L. L. H. regresó al lugar del suceso a ver si podía recuperar parte de la documentación que habían dejado en el vehículo. El panorama era dantesco. “Ver cómo ha quedado todo ha sido muy duro. No quiero ni recordarlo”, añadió L. L. H., que al ser vecino de Gamiz-Fika conoce a la perfección esa carretera. “Paso siempre por allí para ir a Gernika y siempre voy muy suave porque sé el riesgo que tiene”, detalla.

En esta línea, otros testigos que acudieron al lugar del suceso por la mañana y presenciaron la escena se mostraron sorprendidos por la inestabilidad de la zona. “El monte sigue crujiendo y los árboles siguen cayendo”. En total, el deslizamiento de la ladera abarcó una superficie cercana a los 25.000 metros cuadrados, estando la carretera BI-3102 dentro de esa superficie deslizada, según explicaron los servicios técnicos de la Diputación Foral de Bizkaia. - Carlos Zárate

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