Carlos Bassas del Rey escritor

“La ley no imparte justicia, solo aplica normas surgidas de un poder político”

Una entrevista de Fernando F. Garayoa Fotografía Oskar Montero - Jueves, 15 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Carlos Bassas, semigenuflexo sobre su última creación literaria, ‘Justo’.

Carlos Bassas, semigenuflexo sobre su última creación literaria, ‘Justo’.

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Carlos Bassas, semigenuflexo sobre su última creación literaria, ‘Justo’.

las claves

pamplona- Tiene tan interiorizado y meditado el discurso de su novela que casi asusta con la contundente lógica de sus reflexiones. El buenode Carlos Bassas vuelve a matar, solo que de manera más justa.

En Justonos encontramos con dos importantes diferencias formales con respecto a las tres novelas negras anteriores de Carlos Bassas. Al margen de que no sigue la saga de Herodoto Corominas, su ritmo es muy rápido, provocando una lectura veloz;y, además, el autor se recrea en la belleza de la escritura, con pasajes en los que recuerda una Barcelona que ya no existe. A modo de silogismo, ¿podemos intuir que para este escritor, la justicia, al margen de fría y calculadora, también debe ser rápida y bella, como su libro?

-Lo primero, yo me tomé esta novela como un reto personal. Hasta ahora había cultivado un género, el policial, que te da unas estructuras y un argumento por el que es bastante fácil transitar. Quería salirme de eso y demostrarme a mí mismo hasta dónde podía llegar como escritor. Esta decisión fue fruto de una conversación con otro autor, el cual me dijo: “No empezarás a saber la medida de tu literatura hasta que no abandones a tu personaje de saga y escribas algo radicalmente distinto, que no hayas hecho nunca”. De esa conversación nace Justo,cuyo lenguaje es muy distinto, también el estilo e incluso el contenido. Esta novela no es policial, está centrada en un personaje que deambula por las calles de un mundo que se desmorona, un personaje que se dedica a impartir justicia de un modo frío, seco y desapasionado. Pero el mayor reto ha sido que el lector no sepa en ningún momento qué es real y qué no lo es. Es decir, está escrita en primera persona desde la mente del protagonista, con lo cual, tú no puedes afirmar que todo lo que te dice el personaje exista en realidad y no sea producto de su mente. Ese era el reto, encontrar la voz de un personaje y construir toda la novela tratando de mantener esa voz y su forma de ver el mundo. Para ello, aunque yo tengo 43, traté de meterme en la piel de una persona de 75, de un barrio determinado de Barcelona, con un particular bagaje vital y con características como que habla con su madre muerta o que cree que está en una misión de Dios.

Bien, pero no dejemos de lado esos adjetivos para la justicia...

-En Occidente tenemos un concepto equivocado de justicia. Es decir, igualamos justicia a código penal, y creemos que la ley debe impartir justicia. Pero, en muchos casos, la ley no imparte justicia, solo aplica una serie de normas surgidas de un poder político. Cuando esas normas no son justas se produce una ruptura moral, sentimental y ética. Justo es ese hombre que dice: “Este tipo se ha ido de rositas, hasta ahora;yo soy el que va a aplicar esa justicia que el sistema no ha aplicado ni aplicará”.

¿Se puede ser justo sin ser bueno?

-Yo creo que sí. El Dios del Antiguo Testamento, por ejemplo, de bueno tiene poco, pero de justo, mucho. El personaje de Justo, influido por lo que le dice su madre, en el sentido de que el justo no tiene por qué ser bueno y debe ser frío e implacable;deduce que si quieres aplicar justicia debes ser capaz de no pensar en las consecuencias que se van a derivar de tus actos, que muchas veces son inesperados y no puedes prever.

Los malos,esos que define como “auténticos cabrones”, ¿son para Carlos Bassas menos peligrosos que aquellos que callan ante sus actos?

-Para mí, sí. Evidentemente una persona que asesina o viola entra dentro del concepto que tenemos de maldad, pero, para mí, la maldad más oscura y cruel es todo ese entorno que calla y mira hacia otro lado como si ese acto de injusticia no fuera con él.

Miguel Sánchez-Ostiz, tras leer su novela, digamos que ha vaticinado que este Justo ficticio pasará a ser realidad en cuanto crezca un poco más la “insatisfacción de los perjudicados”. ¿Cree que será así?

-Si algo he aprendido en estos 43 años de bagaje, es que el ser humano es inconformista de palabra pero no de acto, y es capaz de soportar cosas absolutamente insoportables. Lo raro es que en este país, con todo lo que ha pasado, la gente no se haya alzado en armas ya. Desde que somos pequeños la sociedad protege el orden educándonos para vivir según unas normas, que son las que convienen al sistema, y quien domina el sistema impone esas normas. Nosotros, entramos a formar parte de esa rueda y, muchas veces, no ponemos en duda esas normas;eso hace que, a veces, nos enfrentemos a un nivel de injusticia insoportable, en el que la propia sociedad no contesta. Y en España eso es norma, no olvidemos que el dictador murió en la cama. Por otra parte, lo único que hace que el ser humano no se aniquile en cuestión de horas es ese maravilloso contrato social llamado mentira e hipocresía. Y no me refiero a una mentira sistemática sino a esas pequeñas mentiras que son el cemento que mantiene las relaciones humanas pegadas.

Utilizando una de las frases del libro: “Cuando nos enamoramos, el cerebro se va freír espárragos”. ¿El amor no tiene cabida para este Justo?

-Con esa frase, el personaje no quiere decir necesariamente que el amor sea algo malo, sino que depende más de la parte sentimental que la racional. Quizá lo difícil no sea enamorarse sino mantener el amor en el tiempo, eso sí es un reto. El personaje de Justo encuentra el amor romántico y pasional en su juventud, se casa, hay algo que sucede y no lo vuelve a encontrar hasta la madurez. Pero es otro tipo de amor, es más un alivio de soledades.

¿Qué le sucede a la justicia cuando entra en juego la venganza?

-Entonces ya no es un justicia fría y racional, es sentimental. Justo tiene esa contradicción a lo largo del libro, por un lado lleva toda la vida siendo un ejecutor de gente a la que no conoce pero que ha cometido actos atroces, hasta que se cruza una venganza personal, y ahí es donde la cosa empieza a desmoronarse para él, porque las pasiones comienzan a formar parte de su misión divina, pasando de matar de forma callada y quirúrgica a hacerlo de forma ostensible e incluso pública. Eso indica que cuando los sentimientos se implican a la hora de impartir justicia, no solo tienes que cavar una o dos tumbas, sino muchas.

Ni Carlos es Justo, ni Justo es Carlos, pero, ¿a los dos, persona y personaje, os duele Barcelona?

-Sí. Mucho. Lo que he tratado de reflejar en este libro es la Barcelona que viví de pequeño, porque yo la dejé en el año 92. En mi infancia viví la ciudad de los 80, que no tenía nada que ver con al actual, ni físicamente, porque las obras de los Juegos Olímpicos la maquillaron completamente y la convirtieron en una ciudad pija, ni tampoco en lo emocional, sentimental o en la forma de ser de ese barcelonés que se mantenía en determinados barrios. Nos hemos convertido en una ciudad más internacional, más cosmopolita, pero hemos perdido buena parte de la esencia que nos definía. Es una pena. Y Justo, por un lado, es novela negra, pero por otro es un canto nostálgico a esa Barcelona decadente pero preciosa. Como llevo mucho tiempo fuera y he ido volviendo puntualmente, no he vivido su transformación en primera persona pero sí la sufro ahora. La Barcelona que llevo en el corazón y la cabeza, ahora es otra cosa.

Si uno pregunta en el entorno del Carlos Bassas, la primera apreciación que surge es que se trata de una “buena persona”... pero da miedo pensar que esa buena persona se recrea imaginando y escribiendo asesinatos, incluso dominando puntillosamente todos los aspectos que conciernen a ese mundo...

-Me considero buena persona porque tengo quizá más rasgos de buena que de mala, pero todos tenemos una parte oscura que, en mi caso, ejerzo en la literatura. Es una forma de canalizar determinados sentimientos y, como se ve en este libro, la rabia;llevarlos al papel evita que lo saque en el día a día. No estoy diciendo que la literatura sea una terapia pero sí ayuda, porque creo que los escritores escribimos desde nuestras heridas.

“El ser humano es inconformista de palabra pero no de acto, y capaz de soportar cosas insoportables”

“El reto personal de esta novela era demostrarme a mí mismo hasta dónde podía llegar como escritor”