Ingvar Kamprad

Por María Villanueva Fernández - Jueves, 15 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:01h

el pasado 28 de enero fallecía Feodor Ingvar Kamprad, el fundador de Ikea, una de las empresas de muebles más conocidas a nivel mundial, cuya historia es casi tan longeva como la de su fundador. De él se puede destacar su innovación, curiosidad, su temprano espíritu comercial (con la edad de 5 años) y su avanzada y pionera incursión en el mundo empresarial (con solo 17 años), que dio lugar a la fundación en 1943 de Ikea.

Estos datos biográficos se mezclan con otros que aparecen de forma reiterada en los artículos que han visto la luz en estos últimos días. El dato más destacado, desde el campo del diseño, es su convencimiento y logro de su democratización: un diseño sencillo, basado en la tradición de las formas escandinavas modernas, y al alcance de casi todos. Esto fue posible gracias a su política de ahorro de costes, basada en el automontaje de muebles y el embalaje en paquetes planos, concepto clave del grupo.

No hay duda de su enorme y acertado espíritu emprendedor que ha hecho que hoy Ikea sea una gran realidad comercial en 40 países del mundo. Sin embargo, me gustaría destacar lo que ha sido y es cardinal en su historia: la apuesta por el diseño de un modo global. Para su fundador, el diseño no constituye únicamente un valor añadido del producto, sino también, y sobre todo, una estrategia para la mejora económica de la firma y que abarca el diseño del producto, del embalaje, de las instrucciones de uso, del catálogo, y hasta el sistema de exposición y comercialización.

Se constituye de esta manera como un ejemplo de cómo el diseño tiene un valor objetivo, tangible, que además de buscar la belleza (sin lugar a dudas importante) ofrece a la empresa otros valores que obtienen distintos niveles de beneficio. En este caso, Kamprad optó por el diseño global como táctica para hacer más atractivo su producto, pero también para abaratar los costes y optimizar la logística comercial, desde el diseño de producto hasta el diseño gráfico y de servicios.

Sus objetos, basados en las formas modernas y valores procedentes del diseño escandinavo de los años 50 tienen la funcionalidad, sencillez y sistemas modulares como premisas imprescindibles. Como resultado de este trabajo son sus conocidos modelos: la librería Billy (1978, con 40 años de vida, de la que se fabrican alrededor de 4,5 millones de unidades cada año), la silla Poem (1976, posteriormente denominada Poäng) o la mesa Lack (1980).

En el campo del diseño gráfico destaca la creación de un documento universal para las instrucciones del montaje que elimina barreras, y ha permitido llegar a más lugares por menos dinero. Se explica el proceso de construcción de sus productos a través del lenguaje gráfico, el idioma universal del creativo, es decir, el dibujo. Además, no hemos de olvidar el sofisticado modelo de diseño de servicios. La experiencia de consumo a todos los niveles, incluso gastronómica, iniciada ya en 1960 con la inauguración de su primer restaurante en la tienda de Älmhult, es planteada como una actividad completa, de la que forman parte todos los sentidos y que va más allá del mero consumo de objetos.

Por otro lado, Ingvar Kamprad logró la producción a gran escala internacional de muebles para montar en casa que posibilitaba al usuario el amueblamiento de casi la totalidad de piezas necesarias para habitar una vivienda a un precio asequible. Este hecho, más allá de serlo, se ha convertido en un incentivo y ha despertado el interés por el diseño en la sociedad. No solo es una gran empresa que produce muebles sino que es un vehículo por el cual el usuario se involucra de modo personal en la creación de su hogar. En muchas ocasiones, supone un juego para el usuario;describe un espíritu lúdico y proporciona la libertad en la ideación del amueblamiento, la experiencia de compra, montaje y colocación de muebles que no era posible tener previamente con otras formas de negocio del sector. Curiosamente su diseño, en principio de carácter impersonal por su producción a gran escala, permite no solo formar parte de todo este proceso al usuario, sino también dejar su sello disfrutar de la experiencia del equipamiento del hogar. Por todo ello, además de un gran empresario, un democratizador del diseño, un hito en la historia del diseño, Kamprad fue un visionario que supo entender el diseño a todos los niveles como herramienta para hacer crecer su negocio y llegar a todo el mundo. Y también pasará a la historia como el creador de un modelo empresarial que ha despertado el interés por el diseño y ha hecho que el usuario se convierta en el protagonista del amueblamiento de su propio hogar.

La autora es profesora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra