La batalla diaria de Asier

LIGA EBA | El jugador del Ordizia afronta su dura enfermedad, esclerosis múltiple, con una energía desbordante y una actitud ejemplar: “Gastamos demasiado tiempo en quejarnos”

Néstor Rodríguez Gorka Estrada - Viernes, 16 de Febrero de 2018 - Actualizado a las 06:02h

Asier de la Iglesia, como siempre sonriente, posa para este periódico.

Asier de la Iglesia, como siempre sonriente, posa para este periódico.

Galería Noticia

Asier de la Iglesia, como siempre sonriente, posa para este periódico.

“Dicen que transmito energía positiva;a los que tienen esclerosis les dan mi teléfono” “La falta de sensibilidad en pies y manos es constante;los noto entumecidos” “No me veo como un ejemplo, pero es verdad que llevo la enfermedad distinto a los demás” “Salgo del trabajo y no me puedo ni mover, pero voy a entrenar y me siento más fresco”

San Sebastián- Asier de la Iglesia (Zumarraga, 35 años) es, en las filas del Ordizia, uno de los mejores jugadores de la Liga EBA, categoría inmediatamente inferior a la LEB Plata. Ha conseguido dos MVP de la jornada y promedia 18,2 puntos y 13,5 rebotes por partido. Cifras espectaculares. Pero su historia está muy por encima de los números, por muy buenos que estos sean. Su historia habla de transmitir energía positiva, de tener una buena actitud ante los problemas. Habla de superar las dificultades del día a día. De sonreír y de no quejarse. De ayudar a los que, como él, tienen esclerosis múltiple, una enfermedad degenerativa que afecta al sistema nervioso central y que puede provocar fatiga, dolor, alteraciones visuales, falta de equilibrio, dificultades para hablar y que puede provocar una movilidad reducida, hasta la silla de ruedas en algunos casos.

Asier tiene siempre una sonrisa en la cara. Para jugar a baloncesto, para trabajar, para dar charlas y entrevistas. Para ayudar a los demás. Su actitud ante la adversidad resulta ejemplar, por más que él se empeñe en negarlo: “No soy un ejemplo”. Pero en realidad lo es desde el momento en que afrontó con una enorme entereza su diagnóstico. “Estaba en casa viendo la tele y se me durmieron dos dedos de una mano, luego la palma y todo el brazo. Luego el otro brazo. Se te puede dormir un brazo, pero los dos... Fui al médico y lo vio claro. Me mandó a neurología y a hacer una resonancia. Me dijeron que tenía esclerosis múltiple”, cuenta.

Salió de la consulta sonriendo y no ha parado de hacerlo, afrontando con una vitalidad contagiosa el día a día. Y eso pese a las dificultades e incomodidades que tiene que superar. Lo cuenta él mismo: “La falta de sensibilidad en los pies es constante. Los noto entumecidos, ni frío ni calor. Si cierro los ojos no sé si llevo calcetines o no. Lo peor es esa sensación constante, es como cuando te despiertas y tienes el brazo dormido. Hay gente que no conduce por miedo o gente que le cuesta correr. En las manos igual. En el trabajo me han quitado las tijeras y el cúter porque me corto sin querer, y en casa tengo que tener cuidado en la cocina porque me puedo quemar”. No solo eso. “Tengo todo el rato ganas de mear. Hay muchos que tienen depresión porque se mean encima. Yo no tengo problema, es que no es culpa mía. No duermo una hora seguida porque tengo ganas de mear. Me levanto y solo meo tres gotas”, añade.

“bailar bajo la lluvia”Asier de la Iglesia lo cuenta con naturalidad. “La gente que tiene esclerosis múltiple lo cuenta no queriendo dar pena, pero como si fuera algo muy malo. Yo no sé contarlo así”. Su frase de cabecera es: “No esperes que pase la tormenta, aprende a bailar bajo la lluvia”. Pero no se queda en la teoría. La aplica. Y esa actitud hace que muchos enfermos de esclerosis múltiple lo tomen inevitablemente como ejemplo: “Me dicen que transmito energía positiva. Normalmente, una persona a la que le detectan la enfermedad está triste, depresiva. A la gente con esclerosis múltiple le dan mi teléfono. En otoño he ido siete veces a Madrid a dar charlas a empresas, hospitales...”.

Su caso ayuda a otros afectados: “Una chica que quiso suicidarse dos veces habló conmigo y ahora ha vuelto a trabajar y está más feliz. Una vez fui a Valencia a llevar ropa deportiva a un chaval de trece años que vivía en una familia con pocos recursos. Me había conocido por una entrevista en la radio y quería verme. La cara con la que me miraba me dejó marcado”. Su teléfono está constantemente sonando. “Es todo gente con la enfermedad que quiere hablar conmigo. Todo el día estoy con el WhatsApp. Algunos no filtran, se piensan que estoy solo para ellos y te llaman para contarte casi siempre cosas malas, y no es fácil, pero esa sensación de ayudar a alguien no se paga con dinero. Que alguien venga y me diga que es un orgullo conocerme, impacta. Me han dado premios de superación y no siento que sea así, pero sí es verdad que llevo la enfermedad de forma diferente a casi todos los afectados. Te da un poco de responsabilidad que te vean así porque puedes tener un día malo, aunque aún no lo he tenido”.

Su trabajo también está enfocado en ayudar a los demás: “Trabajo de ocho de la mañana a cinco de la tarde. Llevo unas líneas de montaje de coches y ayudo a los chicos con discapacidad a trabajar. Soy su profesor, su hermano. Me quieren mucho, he encontrado un sitio donde soy muy feliz. No soy feliz por tener que estar tantas horas ahí, pero sí por ayudar. Estoy encantado”. Además, organiza temas solidarios para colaborar con la investigación: “Cada año, a la mejor investigación sobre esclerosis múltiple se le da dinero a los investigadores, y yo colaboro ahí. Si tuviera más tiempo haría muchas cosas, pero no me da el día, y eso que soy muy activo”.

el baloncesto en su vidaPorque dentro de su día a día otro aspecto “fundamental” es el baloncesto. Lejos de dejarlo a un lado por la “fatiga” que siente, uno de los síntomas de la esclerosis múltiple, el basket es uno de los motores de su vida. “Me sirve para desconectar. Salgo del trabajo y no me puedo ni mover de cansancio, pero voy a entrenar y salgo mejor, más descansado y fresco. Muchas veces la fatiga es de cabeza. Hay gente que siente ese cansancio y se queda en la cama, pero esa no es la solución. Creo que el deporte me ha entrenado en cierta manera para la enfermedad. Yo me he roto el peroné, el fémur, alguna costilla, el pómulo, he tenido esguinces... sé lo que es jugar con dolor o cansado”.

Su nivel sobre la cancha es altísimo, siendo el líder del Ordizia, y eso pese a las limitaciones con las que tiene que jugar. “El tema de la falta de sensibilidad en las manos es complicado. Cuando me detectaron la esclerosis, recuerdo que jugábamos una semifinal de la Euskal Kopa e hice un 4/18 en tiros. El tema es que no sentía ese último toque a la hora de tirar. Esa temporada promedié diez puntos por partido y mis porcentajes bajaron. Me tuve que acostumbrar. Estos últimos años me he limitado en la cancha. Por ejemplo, no tiro en movimiento ni tras reverso, no hago ganchos... No sé cómo tengo los pies colocados, así que me pongo de cara y hago mi tirito de frente. Una vez estuve cuatro partidos viendo doble. Yo giraba la cabeza y un ojo iba bien, pero el otro tardaba en colocarse. Esos partidos me limité mucho, aunque en uno hice 27 puntos”, cuenta. “La verdad es que no sé cómo lo hago”, reconoce riéndose.

De la Iglesia, que ha jugado durante muchos años en la Liga EBA -en equipos como Iraurgi, Castellón, Estela o Cartagena- cuando era la tercera categoría estatal porque no había LEB Plata, cree que podría incluso aspirar a jugar en una categoría superior, pero no quiere centrarse exclusivamente en la cancha: “Los últimos años he dedicado mucho tiempo a ayudar a la gente. A algunos les cuesta mucho encontrar algo en sus vidas que les llene y yo tengo dos cosas: el baloncesto y ayudar a los demás. Echaba de menos en algún momento jugar a basket a mayor nivel, pero lo otro también me llenaba mucho”.

Eso sí, ni se le pasa por la cabeza colgar las botas: “Jugando me siento bien y además joven, porque mis compañeros de equipo tienen veintipico años. Los médicos me dicen que tengo que empezar a hacer bici estática y cosas así, pero como me quites la motivación de ganar o perder me quitas todo. Me han ofrecido jugar en basket de silla de ruedas, he probado y me lo paso muy bien, pero por ahora voy a seguir. Me tienen que retirar, ver que soy peor que los demás”.

superar las crisisEn una enfermedad como la esclerosis múltiple, las crisis pueden llegar en cualquier momento. “Un día estaba en un entrenamiento y me caí, no me aguantaba la pierna”, cuenta. En esos casos, hay que actuar con rapidez: “Cuando notas algo raro tienes que ir al hospital a que te pinchen cortisona para desinflamar el nervio. Cuanto antes te pinches, menos secuelas te deja. Tiene que ser durante las primeras 24 horas, el problema es que hay cosas que no sabes si son brotes o no, y te pueden dejar secuelas. Con lo de la pierna, me di cuenta rápido y he perdido poca fuerza, no cojeo. Se me cansa y me duele, pero si en ese momento no voy al hospital, igual me hubiera quedado cojo”.

En otra ocasión le dio “un fallo hepático” y perdió hasta quince kilos de peso: “La medicación es muy fuerte y tuve que dejarla y comer de forma muy limpia”. Las crisis pueden llegar en cualquier momento, o no llegar: “Se llama la enfermedad de las mil caras. Hay dos fases: la primaria progresiva, que te da un brote;y la progresiva, que no tiene medicamento, te vas estropeando poco a poco y vas perdiendo movilidad. Con la medicación puedes tardar 20 años en pasar a la segunda fase, o incluso no pasar. Lo que pierdes de movilidad o fuerza no se puede regenerar ya, pero con la medicación hace que no vaya tan rápido. Hay gente que le da un brote y no vuelve a tener, y otra tiene un brote y se queda en silla de ruedas”.

¿el futuro?Con todo esto, parece inevitable que Asier piense constantemente en su futuro, en cómo estará en unos meses, o unos años. Pero él no lo hace. “El otro día en una charla me preguntaban: ¿Cómo te ves dentro de cinco años? Y yo respondí: ¿Y tú? ¿Y vosotros? Es que nadie lo sabe, ni siquiera alguien que está sano. Pensar en lo que me puede pasar dentro de cinco años no me sirve de nada. ¿Que tenemos más porcentaje de que nos pueden pasar cosas? Sí. ¿Que vale de algo pensarlo todo el rato? No. Aunque es verdad que es difícil. Igual dentro de unos meses te digo que lo llevo mal, pero por ahora lo llevo bien, la personalidad y la forma de ver la vida no me han cambiado”.

“Nos levantamos cada mañana y pensamos que algunas cosas son normales, como sentir la mano, y que la vamos a sentir siempre, pero igual no es así. Cuando lo pierdes, valoras otras cosas”, añade. Una mentalidad fuerte, poco habitual entre los afectados por esclerosis múltiple. “El 90% de los que le diagnostican la enfermedad están depresivos y de baja. Piensan: Qué hago con mi vida. Y no tiene que ser así. Parece que todos los que tienen esclerosis múltiple están muy mal, por eso echo la bronca a la gente que está bien con la enfermedad y no lo cuenta. Hay 47.000 afectados en España, hay gente que la tiene desde hace 20 años y está bien”.

Asier resume su actitud ante la enfermedad y la vida en general: “Energía, optimismo y vitalidad. A mis amigos les digo que si hoy van a casa y no se quejan de nada, algo habré conseguido cambiarles. Gastamos mucho tiempo en quejarnos de bobadas. Si ese tiempo lo dedicáramos a tratar de arreglarlos, solucionaríamos muchos problemas. Quejarse no sirve de nada”.

la competición

esta jornada, ante el valle de egües

Duelo clave. El Ordizia de Asier de la Iglesia recibe mañana a las (17.30 horas) al Valle de Egües. El partido se antoja fundamental para los dos equipos, que luchan por salir de la parte baja de la clasificación. El Ordizia presenta un balance de 6 victorias por 14 derrotas, mientras que los navarros han ganado 5 partidos y han caído en 15. En el partido de la primera vuelta, disputado en el polideportivo de Maristas, venció el equipo guipuzcoano por 81-88, en un encuentro que necesitó de prórroga para decantarse. Asier fue uno de los mejores jugadores del choque, firmando 16 puntos y atrapando 14 rebotes en 35 minutos de juego.

Últimas Noticias Multimedia